El sueño de una noche de verano

LEE JIN-MAN- AP

La noche del 10 de agosto de 2016 estaba marcada en los calendarios de todos los que admiramos a Mireia Belmonte desde hace años. Estoy en la playa, con mi chica y unos amigos. Todos se van a dormir un poco más tarde de la una de la madrugada, cansados después de un día de sol y de excursión. Me quedo viendo la televisión, nervioso, con esa tensión que indica que algo grande va a pasar. Pero en el deporte, puede ocurrir cualquier cosa. La hora H son las 03:54, cinco menos en Río de Janeiro, donde se están celebrando los Juegos Olímpicos desde hace unos días. Mireia Belmonte llega a la que es su prueba fetiche, los 200 mariposa, tras haber logrado la medalla de bronce, días atrás en los 400 estilos.

El sueño empieza a vencerme, pero no lo termina de hacer. Lucho por mantenerme despierto, porque quiero ver ganar a Mireia no una medalla más, la de oro. Llega el momento. Faltan seis minutos para las cuatro de la madrugada y los nervios cada vez son mayores. La televisión sin volumen, para no molestar. Oscuridad que espera ser iluminada con un oro de la mejor nadadora española de todos los tiempos.

Comienza la final de los 200 mariposa. El momento soñado. La cruz en el calendario. La suerte está echada. Mireia reacciona la tercera de las ocho finalistas. En los primeros 50 metros, toca pared en segundo lugar a un segundo de la australiana Groves. Llega a los 100 metros también en segunda posición, pero a muy poca distancia de la australiana, solo seis centésimas le separan de la medalla de oro. Queda mucho, la mitad de la carrera de su vida. Los nervios y la tensión aumentan y no puedo gritar. En el siguiente paso, el de los 150 metros, ya es primera. Está todo muy igualado, tres nadadoras en menos de ochenta centésimas. Ya solo queda un último empujón y será campeona olímpica.

CLIVE ROSE- GETTY IMAGES

Faltan veinticinco metros y Groves se pone muy cerca de Mireia. Por momentos pienso que se le va a escapar, pero acto seguido la veo ganadora. Llega el momento clave, la última brazada. Mireia Belmonte toca en primera posición, con solo tres centésimas de ventaja, pero eso da igual, es campeona olímpica de 200 metros mariposa. Mira al marcador y desborda de alegría. Da un golpe en el agua con las dos manos y no puede dejar de sonreír. Yo no puedo dejar de llorar como un niño. Al amanecer escucho la memorable narración en TVE de Julia Luna y Javier Soriano.

MORRY GASH- AP

Mireia Belmonte García ya es leyenda del deporte, eterna con 25 años. El sueño que había tenido desde que era una niña, se ha hecho realidad, en una noche de verano, en Río de Janeiro. Tiene la medalla de oro en sus manos y ya no se la quita nadie. El trabajo, la perseverancia, el sacrificio de tantos y tantos años, ha merecido la pena.

 

LEONARDO MUÑOZ- EFE

En la grada está su fisio, Mónica Solana también llora, como yo. Ella y su entrenador Fred Vergnoux, saben por lo que ha tenido que pasar Mireia hasta alcanzar el oro olímpico. El cielo deportivo al que solo llegan los que ganan. No hay más.

 

DOMINIC EBENBICHLER- REUTERS

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