Barcelona 92: el ejemplo de Derek Redmond

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3 de agosto de 1992, Barcelona. Pasan unos minutos de las siete y media de la tarde. El Estadio Olímpico de Montjuic, es el escenario de la semifinal de los 400 metros lisos masculinos. Entre los semifinalistas, en la calle 5, aparece un británico llamado Derek Anthony Redmond con el dorsal 749 a la espalda. Cuatro años antes, en Seúl, se vio obligado a abandonar por una lesión. En Barcelona era favorito para llegar a la final y conseguir algo grande. En el Mundial de Tokio de 1991, fue oro en 4×400. Todo apuntaba a la medalla, tras haber pasado trece veces por el quirófano para arreglar su tendón de Aquiles.

 

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Trascurridos los primeros metros de la prueba se confirma su favoritismo. Redmond arranca bien, parece que su clasificación llegará fácilmente. Pero unos segundos más tarde todo cambia por completo. El atleta inglés siente un fuerte dolor en la parte trasera de su pierna derecha. Lo primero que pensó es que había recibido un tiro, no que se había lesionado de nuevo. En realidad se había desgarrado el músculo isquiotibial. Todo ocurrió en el peor momento, en la primera recta que tienen que encarar los cuatrocentistas, donde cogen más velocidad.

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En la grada está su padre, Jim. Sin pensárselo dos veces, baja corriendo hacia el tartán para acompañar a su hijo. Derek mira hacia la meta y ve que sus compañeros de semifinal ya han acabado. Se da cuenta de que es una semifinal olímpica y no quiere acabarla así. Se levanta y ayudado de su pierna izquierda comienza a avanzar cojeando. Su objetivo, a pesar de estar lesionado, es terminar la carrera. El público puesto en pie comienza a aplaudir. Mientras tanto, Jim ya ha burlado las medidas de seguridad y se acerca a su hijo. Al verlo, Derek se abraza a su padre y comienza a llorar desconsoladamente. De repente se para, pero pronto ambos se dirigen a la meta para acabar la prueba. Acabó siendo descalificado por recibir la ayuda de su padre, pero eso ya daba lo mismo.

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Podría haber sido el peor día en la carrera deportiva de Derek Redmond, pero se convirtió en un modelo a seguir. Ganó en la derrota. Es una de las imágenes más recordadas de Barcelona 92. Una fotografía histórica del mundo del atletismo y del deporte en general. Un ejemplo de esfuerzo, sacrificio, motivación y coraje. Redmond nos enseñó aquella tarde de verano, que no hay que rendirse nunca, que no hay que darse por vencido, ni en la vida ni en el deporte.

 

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