Barcelona 92: la medalla que abrió el camino

José Manuel Moreno Periñán era consciente de que era su oportunidad, de que era el rival a batir, de que hay trenes que solo pasan una vez en la vida. El 27 de julio de 1992, poco después de las diez de la noche, llegaba su momento de gloria. El velódromo de Horta se llena para presenciar la final del kilómetro contrarreloj de ciclismo en pista. Es el gran favorito. Español nacido en Ámsterdam veintitrés años antes. Hijo de padres andaluces, a los nueve años empieza a crecer y a estudiar en la gaditana Chiclana de la Frontera.

A los doce le pidió a sus padres una moto, pero su padre le dijo que si aprobaba el curso le regalarían una bicicleta y así fue. La elección de su padre, determinó su carrera deportiva. A los catorce años comienza un camino que le encumbrará a lo más alto casi una década después. Para Moreno, todo empezó sin ninguna meta marcada a largo plazo.

A los diecinueve años participa por primera vez en unos Juegos Olímpicos, en los de Seúl 88. Acaba noveno en la clasificación de velocidad, cuarto en la repesca y no alcanza la final. Se podría decir que en ese momento empezó a forjarse lo que llegaría cuatro años más tarde. En el siguiente ciclo olímpico varias federaciones españolas decidieron fichar a entrenadores y seleccionadores extranjeros para luchar por conseguir un gran resultado en los Juegos de Barcelona 92, dinero a cambio de resultados.

La federación de ciclismo decidió contratar a un soviético, a Alexander Nietzigorostev. Cuenta Moreno que siempre le decía que había un día al año para descansar, que eligiera cuál. Que jugaba con él, le cambiaba los entrenamientos, no le perdonaba ni uno y le decía que el día que tú no entrenas, tu rival se entrena el doble.

A partir de ahí, comenzaron a llegar los resultados. Un año antes de la gran cita de Barcelona, José Manuel Moreno gana en los Juegos del Mediterráneo, gana pruebas de la Copa de Europa y en el Grand Prix de París. También en 1991, se convierte en campeón del mundo en Stuttgart (Alemania) derrotando a los grandes favoritos al título, al ucraniano Alexander Kirichenko y al alemán, Jens Glücklich.  Meses antes de Barcelona 92, Moreno declaró que desde hacía cuatro años, la cita olímpica era su sueño, que sentía que estaba cada vez más cerca, que todo lo logrado desde 1988 había sido simplemente un paso más hacia su meta.

La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, tuvo lugar el 25 de agosto, dos días antes del gran día de Moreno Periñán. El ciclista español no pudo asistir porque en ese momento estaba entrenando en el velódromo. Cuenta Moreno que eso no estaba permitido, pero que cualquiera le decía algo a su estricto entrenador.

Y por fin llegó el gran día. Hasta unos minutos antes de la prueba estuvo entrenando y pedaleando sin parar. El objetivo era ser campeón olímpico y no se podía perder ni un segundo. Su superstición le hizo llevar su estampita del nazareno, su número trece, la herradura, la virgen de la Merced…Llegaba al velódromo de Horta en unas condiciones físicas y psicológicas excepcionales. Solo la mala suerte de una caída podía echar atrás el sueño de cuatro años llenos de esfuerzo y perseverancia.

 

La marca que el español debía batir para ser oro olímpico en el kilómetro contrarreloj, era la del australiano Shane Kelly, 1 minuto 4 segundos y 288 milésimas. Los primeros 250 metros los corrió en 19 segundos y 7 milésimas. En ese instante era sexto. Nadie dijo que era fácil llegar a lo más alto cuando compiten los mejores. En la mitad de la prueba ya era primero con un tiempo de 32 segundos y 954 milésimas. Los 750 metros los corrió en 47 segundos y 656 milésimas. Y el kilómetro en 1 minuto, tres segundos y 342 milésimas. Un minuto de oro. Una marca que significaba un nuevo récord olímpico imbatido desde los Juegos de México 1968 y la gloria para el pistard español a una media de 56,384 km por hora.

El público que llena el velódromo se pone en pie para aplaudir al campeón. «Esta medalla es el resultado de muchos años de trabajo. Ahora comprendo que tanto sufrimiento tenía sentido, porque la compensación ha sido tremenda». «El público con sus voces de ánimo, fue mi mejor referencia». «Por suerte pude imponer mi experiencia y mi serenidad. Salir el último tiene sus ventajas por la referencia de lo que han hecho otros competidores, pero, por contra, te obliga a un enorme esfuerzo y los nervios te pueden traicionar». «Salí lento porque estaba programado así. Lo hice de ese modo, para llegar entero a los últimos doscientos metros, donde todos se venían abajo. Llegué más entero que los demás y gané el oro».

 

La medalla de oro de José Manuel Moreno abrió el camino de lo que llegaría días después. «Mi medalla fue un acicate para el resto de los españoles; se convencieron de que también podían ser campeones». Era una opción clara, de las que se pronostican en las quinielas antes de unos Juegos Olímpicos, venía de ser campeón mundial el año anterior, pero las medallas olímpicas hay que ganarlas el día de la final y no valen de nada los pronósticos. El oro de Moreno ha quedado en la retina de todos los amantes del deporte olímpico español. Siempre tiene que haber alguien que inicie una historia y la de Barcelona 92 la comenzó un chiclanero, que cuatro años más tarde participó en los Juegos de Atlanta, que dejó la competición en el año 2000 y que ahora se dedica a ayudar a otros deportistas.

 

 

FINALISTAS 1 KM CONTRARRELOJ BARCELONA 92
CICLISTA
PAÍS
TIEMPO
1
JOSÉ MANUEL MORENO
ESPAÑA
1´03”342
2
SHANE KELLY
AUSTRALIA
1´04”288
3
ERIN HARTWELL
ESTADOS UNIDOS
1´04”753
4
JENS GLÜCKLICH
ALEMANIA
1´04”798
5
ADLER CAPELLI
ITALIA
1´05”065
6
FREDERIC LANCIEN
FRANCIA
1´05”157
7
JON ANDREWS
NUEVA ZELANDA
1´05”240
8
GENE SAMUEL
TRINIDAD Y TOBAGO
1´05”485

 

 

 

 

 

 

 

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