El día que Regino nos enseñó a volar

Regino Hernández ha entrado en la historia olímpica española por la puerta grande. Su bronce en snowboard cross en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang, lo recordaremos toda la vida como uno de los momentos memorables del deporte de nuestro país. Ha llegado antes del amanecer, cuando España despertaba en un jueves que se presumía rutinario.  El 15 de febrero de 2018 queda ya guardado en nuestros corazones como el día que Regino nos enseñó a volar. Porque eso es lo que hacen los riders, volar sobre la nieve a velocidades de vértigo, arriesgando el tipo en cada bajada, con un punto de locura solo apto para los que se dedican a ello. Un día sin duda inolvidable, histórico. Un bronce que sabe a oro por todo lo que significa.

Los hermanos Fernández Ochoa ya tienen compañía en el podio histórico de los Juegos Olímpicos de Invierno. Casi veintiséis años después del bronce de Blanca Fernández Ochoa, un ceutí de 26 años ha roto el maleficio. Aquel chaval que con cinco años se puso por primera vez una tabla de snow y que con seis ya era capaz de dar saltos de hasta quince metros. «Siempre quise dejar huella en mi deporte como hizo Paquito Fernández Ochoa, saber que voy a ser parte de la historia es el mejor premio» «Puedo decir que soy medallista olímpico y eso queda para siempre» ha declarado Regino Hernández tras colgarse la medalla de bronce.

Regino Hernández ya fue campeón mundial junior en 2011 y en 2017 compartió plata por equipos con el abanderado Lucas Eguibar. El rider donostiarra partía como uno de los favoritos junto al ceutí, pero se ha caído en octavos de final. Llegarán más oportunidades para ambos. Hernández intentará mejorar el tercer puesto en el podio olímpico y Eguibar ocupar una de las tres plazas. Una pena que no haya podido superar el séptimo puesto (diploma) conseguido en Sochi 2014.

Para la historia queda también la magnífica narración de José Manuel Tallada para Eurosport. A la altura de una medalla olímpica, de un bronce que despierta a España en el medallero dos décadas y media después. Con sentimiento, con emoción, como debe narrarse el deporte de alto nivel. Algo a lo que están muy bien acostumbrados en la que ya es la casa de los Juegos Olímpicos.

Dentro de unos años, cuando me pregunten ¿dónde estabas tú cuando Regino Hernández ganó la medalla de bronce en Pyeongchang?, recordaré que cogí el autobús para ir a trabajar sobre las siete de la mañana. Que me puse los auriculares en los oídos y conecté la aplicación de Eurosport Player. Dispuesto a vibrar con un español en una final olímpica. Daba igual el resultado, iba a ser muy bueno, ya tenía el diploma asegurado. Desde el primer momento he pensado que podía conseguir algo grande. Ha competido genial y ha ganado un bronce histórico que he tenido que celebrar de manera contenida, en soledad. Memorable, brutal, emocionante, vibrante, gigante, una final para ver una y otra vez. Porque la espera se hacía eterna y ya se ha roto en pedazos. El sueño de Regino se ha hecho realidad.


Fotos: AFP y AP

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