México 68 y el año más revolucionario

Todo comenzó el 18 de octubre de 1963. Ese día, Ciudad de México fue elegida como sede de los Juegos Olímpicos de 1968. Por primera vez en la historia, un país hispanoamericano era el que se imponía en la votación del COI. Sus rivales fueron: Detroit, Lyon y Buenos Aires. En 1968 el mundo cambió para siempre, inmerso en multitud de revoluciones sociales y culturales. Los Juegos Olímpicos se celebraron del 12 al 27 de octubre, pero diez días antes de la inauguración se produjo una auténtica tragedia.

El 2 de octubre de aquel año revolucionario, los estudiantes de Ciudad de México se echaron a la calle para protestar contra la dictadura en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. El ejército mejicano disparó a diestro y siniestro y el resultado fue trágico. La estimación de víctimas mortales se quedó en trescientas, pero se cree que fueron muchas más. A pesar de todo, los Juegos de México 1968 comenzaron el 12 de octubre, Día de la Hispanidad.

Hablar de México 68 es hacerlo de una gimnasta checa que fue la gran dominadora de aquellos Juegos con seis medallas. De un saltador que voló en salto de longitud, de un estadounidense que revolucionó el salto de altura, de los puños en alto en el podio de dos atletas negros. Y además, de dos nadadores españoles que fueron capaces de ganar un diploma olímpico.

La checa Caslavska fue la gran triunfadora de México 1968

La gimnasta checa que ganó seis medallas fue Vera Caslavska. Subió al podio en las seis pruebas de gimnasia artística. Triunfó en cuatro de ellas y fue subcampeona en las otras dos. Caslavska cerró su periplo olímpico con once medallas, siete de oro y cuatro de plata.

La novia de México

Caslavska conquistó al público mexicano. En algunos de sus ejercicios sonaron “Allá en el Rancho Grande” y “La Cucaracha”. Para rizar el rizo, la gimnasta checa se casó en la catedral de Ciudad de México un día antes de la clausura de los Juegos. Por eso la llamaron “la novia de México”. Contrajo matrimonio con el también checo Josef Odlozil, subcampeón olímpico de 1.500 metros en 1964. Ellos querían haberse casado en la Villa Olímpica, pero el presidente del comité organizador los llevó al Zócalo. Más de cien mil personas acudieron al enlace. Irrepetible. Una boda olímpica en todos los sentidos.

El «Black Power»

Tommie Smith fue campeón olímpico y el también estadounidense John Carlos, acabó colgándose la medalla de bronce en los 200 metros lisos. Pero la noticia no fueron las medallas. En la ceremonia de entrega, ambos iban descalzos y con un guante negro en una de sus manos. Levantaron uno de sus brazos y bajaron sus cabezas para protestar contra el racismo. Una imagen icónica de aquellos Juegos Olímpicos, el “Black Power”, que les costó mucho sufrimiento al volver a su país. Era 16 de octubre.

Un salto extraterrestre

El saltador de longitud americano Bob Beamon, pasó a la mejora por los pelos en el tercer intento, tras dos saltos nulos. Nada hacía presagiar que esa tarde del 18 de octubre se iba a batir un récord mundial. Pero el deporte está lleno de sucesos inesperados. Beamon saltó más que nadie en la historia hasta ese momento. Nada más y nada menos que ocho metros y noventa centímetros. Una marca extraterrestre que superaba en cincuenta y cinco centímetros el récord anterior. Sigue siendo récord olímpico, Mike Powell lo batió por cinco centímetros en los Mundiales de Tokio celebrados en 1991.

La revolución del salto de altura

A las revoluciones de 1968 se unió la de un saltador de altura americano. Se puede decir sin pasarse, que revolucionó su disciplina con un nuevo estilo. Hasta aquel 20 de octubre, todos los atletas de la altura saltaban elevando las rodillas y saltando hacia delante, la técnica se llama “rodillo ventral”. Dick Fosbury ganó la medalla de oro saltando hacia atrás, con la técnica que se puso de moda y que dura hasta nuestros días, “Fosbury Flop”. El atleta estadounidense ganó en México con un salto de dos metros y veinticuatro centímetros.

España sumó dos diplomas como mejor resultado

España participó en México 1968 con un total de 120 deportistas, solo dos mujeres. Una de ellas, la nadadora Mari Paz Corominas (16 años) cosechó el mejor resultado hasta el momento para el deporte femenino de nuestro país. Acabó séptima en los 200 metros espalda. No valió diploma, porque hasta 1984 no se concedieron a los séptimos y octavos clasificados. Los que sí consiguieron diploma olímpico fueron el también nadador Santiago Esteva, quinto en 200 metros espalda. Esteva también formó parte del cuarteto español que quedó octavo en 4x100m estilos.

El equipo masculino de hockey hierba fue sexto y firmó el segundo diploma de España. El equipo masculino de baloncesto acabó en séptimo lugar. Allí estaban Nino Buscató, Clifford Luyk y Emiliano entre otros. Estos fueron los mejores resultados del equipo olímpico español. La gran anécdota se produjo en atletismo. Ignacio Sola, el saltador con pértiga, saltó cinco metros y veinte centímetros y fue recordman olímpico durante media hora. Con esa marca quedó en noveno lugar. En los Juegos de Tokio 1964 hubiera sido campeón porque se ganó con 5m10cm.

Medallas para España en deportes de exhibición

Fue una pena que el tenis y la pelota se considerasen deportes de exhibición. Los Manolos, Santana y Orantes, jugaron la final individual con victoria para el primero tras cinco sets. Santana también fue plata en dobles junto a Gisbert tras perder en la final con la pareja mejicana. En pelota, los españoles ganaron en cesta punta y mano por parejas, segundos en paleta con pelota de cuero y terceros en frontenis. De no haber sido deportes de exhibición, España habría vuelto de México con tres oros, dos platas y un bronce.

Estados Unidos y la URSS dominaron el medallero

Estados Unidos acabó en el primer puesto del medallero en aquellos Juegos del 68. 107 medallas repartidas en 45 oros, 28 platas y 34 bronces. La URSS fue segunda con 91 medallas y Hungría acabó en tercer lugar con 32. El país anfitrión sumó más medallas que nunca, tres de cada color, para sumar un total de nueve. La checa Caslavska fue la gran triunfadora, pero el soviético Mikhail Voronin subió al podio en siete ocasiones tras ganar dos oros , cuatro platas y tres bronces.

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