Mis fotos deportivas preferidas: Jordan contra Utah Jazz y el sexto anillo de los Bulls

FERNANDO MEDINA/GETTY IMAGES

14 de junio de 1998. Delta Center de Salt Lake City. Cancha de los Utah Jazz. Michael Jeffrey Jordan (Nueva York, 17 de febrero de 1963) se dispone a anotar una de las canastas más importantes de su excelsa carrera deportiva. Se disputa el sexto partido de la final de la NBA entre los Chicago Bulls y los Utah Jazz. Faltan unos segundos para que suene la bocina. Si gana el equipo local habrá séptimo y último encuentro. Si gana el equipo de Jordan celebrarán su sexto título. Antes de llegar a la preciosa imagen de Fernando Medina se producen varias jugadas que hay que destacar. 

A falta de cuarenta y un segundos y nueve décimas, Utah Jazz gana de tres, 86 a 83. Jordan anota y coloca a uno a los Bulls a falta de treinta y siete segundos. El resultado es 86 a 85. La posesión es para los de Utah. A veinte segundos, Jordan le roba el balón a Karl Malone y coloca a los de Chicago en una situación inmejorable. Si anotan en la siguiente posesión habrán ganado el partido y el anillo. Jordan controla el balón hasta que decide lanzar a canasta. Si encesta, los Bulls son campeones. 

El cronómetro marca 06.6

En ese instante en el que Michael Jordan se eleva faltan 6 segundos y 6 décimas. Lo podemos ver en la foto. El balón está en el aire. Y se aproxima a la canasta. Por la trayectoria parece que va a entrar. Aunque puede ocurrir lo contrario. Que dé en el aro o el tablero o que ni siquiera llegue a su destino. Tratándose del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, la última opción es la más difícil. 

En la imagen aparecen los cinco jugadores de los Jazz y tres compañeros de Jordan, Steve Kerr, Dennis Rodman y Toni Kukoc. Karl Malone mira el balón. John Stockton que aparece de lado, vigila a Kerr ante un posible rechace. 

Una imagen histórica

Es una foto histórica. De las mejores que hemos visto en el deporte. Además de los jugadores podemos ver a un montón de espectadores que asisten expectantes al tiro de Michael Jordan. Muchos están de pie. Otros sentados. Algunos aparecen con la boca abierta. Otros asustados. Alguno se echa las manos a la cabeza. Otros a la boca. Pocos lo celebran antes del desenlace. La mayoría son aficionados de los Jazz. Cientos. Miles de personas en el Delta Center y en todo el mundo esperan que el balón dejé de volar, que baje y sepamos qué ocurre finalmente. Bryon Russell mira a canasta. Unos segundos antes, Jordan le ha hecho una finta antológica y le ha dejado sin poder reaccionar. 

Michael Jordan anota y pone en ventaja a los Bulls, 87 a 86, solo faltan 5.2 segundos. Tiempo muerto. La última posesión es para el equipo local. John Stockton lanza un triple a falta de dos segundos. El balón da en el aro. Los Bulls son campeones por tercer año consecutivo. Por sexta vez. Michael Jordan acaba de hacer su último tiro con los Bulls. Y lo más importante de todo, se va con seis anillos ganados y dándole la victoria a su equipoThe Last Dance

 

La duración de las medallas olímpicas: Carl Lewis

Carl Lewis forma parte de ese selecto grupo de los elegidos. De los mejores deportistas de la historia. Hasta la llegada del jamaicano Usain Bolt fue el mejor atleta. Dominó el salto de longitud durante más de una década ganando cuatro oros olímpicos entre Los Ángeles 1984 y Atlanta 1996. Fue un velocista fantástico. El “Hijo del Viento” lo llamaron. Corría sobre el tartán. Volaba sobre el foso de longitud. Subió al podio olímpico en diez ocasiones. Nueve veces lo hizo en el escalón más alto. Una vez se tuvo que conformar con ser subcampeón. 

Además del oro en salto de longitud, en los Juegos de 1984 ganó también los 100, los 200 y el relevo 4×100 metros lisos. En Seúl 1988 también ganó en la longitud. Fue oro en los 100 (tras la descalificación del dopado Ben Johnson) y plata en los 200 metros lisos. Cuatro años más tarde ganó el 4×100 y de nuevo la longitud en Barcelona 1992. En Atlanta 1996 terminó su periplo olímpico ganando su cuarto título consecutivo en salto de longitud.

Seis oros en menos de dos minutos y medio

¿Cuánto tiempo invirtió en competición Carl Lewis para ganar sus seis medallas olímpicas sin contar las de salto de longitud? La respuesta es ¡menos de 2 minutos y medio! si sumamos los tiempos de los relevos estadounidenses. 

En Los Ángeles 1984 fue el auténtico dominador de la velocidad. Ganó los 100 metros con un tiempo inferior a los diez segundos. Lewis venció con una marca de 9.99. En los 200 metros logró el récord olímpico tras acabar en un tiempo de 19.80. Junto a Ron Brown, Sam Graddy y Calvin Smith ganó el oro olímpico en 4×100 metros lisos con un tiempo de 37.83. Con el oro logrado en salto de longitud igualó la gesta de Jesse Owens en Berlín 1936.

Llegó a Seúl 1988 dispuesto a igualar el excepcional resultado de cuatro años atrás. No pudo ser. En los 100 metros venció tras descubrirse que el ganador, Ben Johnson (9.79), se había dopado. Ganó Carl Lewis con un tiempo de 9.92, récord del mundo. En los 200 metros cayó derrotado por el también estadounidense Joe Deloach. Ganó la plata con un tiempo de 19 segundos y 79 centésimas. Invirtió una centésima menos que cuatro años antes en Los Ángeles. En el relevo 4×100 el equipo americano fue eliminado antes de la final. 

Fue una pena no verle correr los 100 metros en Barcelona 92. Además de su tercer oro en longitud ganó el relevo 4×100 metros lisos junto a Mike Marsh, Dennis Mitchell y Leroy Burrell con un magnífico récord mundial, treinta y siete segundos y cuarenta centésimas. En Atlanta 1996 solo participó, de nuevo con victoria, en el salto de longitud. 

 

Fotos: Getty, AFP, Reuters

La memorable historia de Wilma Rudolph

 

La historia de Wilma Rudolph (Tennessee, Estados Unidos, 23 de junio de 1940- 12 de noviembre de 1994) es de esas que ponen la piel de gallina. Nació en una familia muy humilde. Según algunas informaciones fue la vigésima de veintidós hermanos. Otras sitúan la cifra en veintiuno, veinte o diecinueve. En cualquier caso, una familia muy numerosa. Su padre era mozo de almacén. Su madre era sirvienta. Todos negros. Wilma nació prematura, pesó solo dos kilos. Cuando llegó al mundo a su madre no le atendieron en el hospital porque estaba reservado solo para los blancos. Nació en una chabola. 

A los cuatro años sufrió un ataque de poliomelitis que afectó a sus piernas. La rehabilitación y un aparato ortopédico colocado en su pierna izquierda ayudaron a que volviese a caminar con normalidad a los nueve años. Hasta los once tuvo que llevar zapatos especiales. 

Del baloncesto al atletismo

Cuando se recuperó del todo comenzó a jugar a baloncesto en el colegio. Con el equipo del Clarksville High School se convirtió en la mejor jugadora del estado de Tennessee. Jugó hasta que un entrenador, Ed Temple, la encaminó hacia el atletismo. Temple no se equivocó. Wilma Rudolph había nacido para ser atleta. A pesar de todas las dificultades que vivió en años anteriores. Rudolph era alta, media 1,81 m y delgada, pesaba 60 kilos. 

Con tan solo dieciséis años se clasificó para los Juegos Olímpicos de Melbourne superando previamente pruebas locales y estatales. Cayó eliminada en los preliminares de los 200 metros lisos pero se colgó la medalla de bronce con el relevo estadounidense de 4×100. Conseguido su primer metal olímpico, tocó prepararse para la siguiente cita, la de Roma 1960. Tres años antes, en 1957, ganó el campeonato nacional junior de 75 y 100 yardas. En 1958 fue madre. Dos años más tarde se clasificó para los Juegos de Roma. 

Tres oros en Roma 1960

En la capital italiana alcanzó la cima. Ganó tres medallas de oro. Se convirtió en la primera mujer estadounidense en ganar tres oros en unos Juegos Olímpicos. En las semifinales de los 100 metros lisos igualó el récord mundial (11.3). En la final ganó con tres metros de ventaja sobre la segunda clasificada, la británica Dorothy Hyman, batiendo el récord del mundo con un tiempo de 11.0. Una marca que no fue válida por el viento favorable superó el límite que estaba permitido. Pero lo importante era ser campeona olímpica.

La superioridad con la que ganó los 100 metros, se repitió en el doble hectómetro. Ganó los 200 metros con un tiempo de 24.0. La alemana Jutta Heine, plata, hizo 24.4. La tercera medalla de oro en Roma llegó en el relevo 4×100. Las estadounidenses, con Wilma Rudolph como última relevista, se impusieron a alemanas y polacas con un tiempo de 44.5.

“La gacela negra”, así la llamaron, ganó tres oros olímpicos convirtiéndose en la reina de la velocidad con tan solo veinte años. Tenía toda una carrera deportiva por delante para aumentar el botín de medallas. En 1961 batió en Stuttgart (Alemania) el récord mundial de 100 metros con una marca de 11.2. 

Cuando parecía que llegaría a Tokio 1964 como la gran favorita para revalidar los tres títulos olímpicos, decidió retirarse a los veintidós años, en 1962. 

Un final prematuro

Tras poner fin a su carrera deportiva, retomó los estudios y comenzó a trabajar con los jóvenes de los guetos de las grandes ciudades. Luchó por la incorporación de la mujer al deporte y por la integración de los negros en la sociedad. Creó una fundación dedicada a ofrecer entrenamientos gratuitos y a organizar competiciones entre los jóvenes sin recursos. 

Un tumor cerebral puso fin a su vida el 12 de noviembre de 1994. Tenía 54 años. Una historia de superación, entrega, precocidad y perseverancia. De no rendirse a pesar de tantas dificultades. Wilma Rudolph, una mujer memorable. “Nunca subestimes el poder de los sueños y la influencia del espíritu humano. El potencial para la grandeza vive en nuestro interior” solía decir. 

 

 

Fotos: GETTY

Los días que ganamos la estrella de campeones del mundo

Todo el mundo sabe qué estaba haciendo el 11 de julio de 2010 por la noche. Millones de españoles lo siguieron por televisión o por la radio. Otros tuvieron la fortuna de vivirlo en el estadio donde la selección española de fútbol ganó el Mundial de Sudáfrica. Pasarán los años, las generaciones, nos haremos mayores, pero todos recordaremos el día que ganamos la estrella de campeones del mundo. Posiblemente uno de los mejores días de nuestra vida.

España llegaba a Sudáfrica como una de las favoritas. Era lógico. Dos años atrás había ganado la Eurocopa de la mano de Luis Aragonés. A Vicente del Bosque le tocó dirigir a la selección en el reto más importante de la historia del fútbol español. En otras ocasiones se había hablado de pasar la temida barrera de los cuartos de final. El objetivo estuvo cerca en 2002 pero un árbitro, de cuyo nombre no quiero acordarme, lo impidió. En la Eurocopa de 2008 se ganó a Italia en los penaltis y a partir de ese momento comenzaron unos años de dominio total por parte de una selección española irrepetible. Un juego inmejorable. Una generación de futbolistas como nunca antes habíamos visto. El paraíso hecho fútbol. La Roja. 

Días inolvidables

Aquellos días de junio y julio que precedieron a la consecución del Mundial, estuvieron llenos de incertidumbre, de nervios, de grandes partidos y de pocos goles marcados y encajados. Nadie dijo que iba a ser fácil. Y no lo fue. 

La selección quedó encuadrada en el grupo H con Suiza, Honduras y Chile. A priori todos eran rivales inferiores. Pero en todos los deportes no se puede dar nada por hecho hasta que se juega. 

Debut inesperado

España debutó contra Suiza el 16 de junio en el estadio Moses Mabhida de Durban. 62.000 espectadores. Pocos esperaban un tropiezo de la selección. Si no ves el partido y te dicen que España ha tenido un 75% de posesión de balón, que ha rematado más de veinte veces y que la gran mayoría de sus pases han sido buenos, ¿qué pensarías? Casi todo el mundo diría que victoria o al menos un empate para los españoles. Aquel día quedó demostrado que hacía falta más para ganar e incluso para empatar. Los suizos dieron una lección defensiva. 

Con un fútbol rácano y feo, sí, pero les valió con aprovechar un error defensivo de España, para llevarse el primer partido por cero goles a uno. Aquel gol de Gelson Fernandes bajó de la nube a todos los que creíamos que a Suiza se le ganaría con la gorra. Aquel partido lo jugaron: Iker Casillas, Sergio Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila, Busquets, Torres, Xabi Alonso, Xavi Hernández, Iniesta, Pedro, Silva, Navas y Villa. “Será la primera y única derrota de España en el Mundial” dijo Iniesta.

La eliminación quedaba a tiro tras el primer encuentro. Si España quería ganar el Mundial estaba obligada a ganar los dos partidos siguientes de su grupo. La clasificación tras los dos primeros partidos del grupo asustaba: Chile y Suiza tres puntos. España y Honduras cero. Sin margen de error para el siguiente partido contra los hondureños. 

 

Primera final contra Honduras

Cinco días después de la derrota contra Suiza, llegó el primer partido decisivo contra Honduras. Se jugó en el estadio Ellis Park de Johannesburgo ante más de 54.000 espectadores. El encuentro tuvo dos grandes protagonistas: Busquets y Villa. El primero jugó un partidazo en el centro del campo. El segundo marcó dos goles, que pudieron ser tres, de no haber fallado un penalti que hubiera sido el 3-0. Lo lanzó al palo.

Lo que necesitaba España era ganar y lo hizo. El juego tuvo luces y sombras, pero lo importante era sumar tres puntos de oro para seguir soñando. Honduras opuso poca resistencia y quedó prácticamente eliminada del Mundial con el casillero de puntos a cero en dos partidos. Chile sumaba seis, España y Suiza tres. Faltaba un partido para saber si España se clasificaba o no para los octavos de final. Aquel encuentro contra Honduras lo jugaron: Iker Casillas, Sergio Ramos, Arbeloa, Puyol, Piqué, Capdevila, Busquets, Torres, Xabi Alonso, Xavi Hernández, Mata, Cesc, Navas y Villa

Faltó Andrés Iniesta que acabó tocado en el debut. El bigoleador Villa decía después del partido: “el resultado es muy corto porque hemos tenido infinidad de ocasiones. Esta victoria es importante porque hemos ganado por más de un gol, que era lo que nos habíamos propuesto”.

 

 

Todo o nada contra Chile

El tercer y definitivo partido del grupo H se jugó el viernes 25 de junio en el estadio Loftus Versfeld de Petroria. Asistieron 42.000 espectadores. España y Chile se jugaban el primer puesto del grupo. Aunque primero había que lograr la clasificación. 

De nuevo fue David Villa el que abrió la lata. Marcó pronto, en el minuto 23 de la primera parte. Aprovechó la salida de Bravo, el portero chileno, para marcar desde unos cuarenta metros. El segundo de España llegó gracias a Andrés Iniesta en el minuto 37. El albaceteño recibió una asistencia de Villa en la frontal del área. Los chilenos se quedaron con diez tras la expulsión de Estrada por doble amarilla.

Tras el descanso, un gol de Millar recortó distancias en el marcador. Un poco de susto. Pero el resultado les valía a ambos para clasificarse. España ganó 1-2 y pasó a octavos como primera de grupo. La Roja remató dos veces a puerta. Dos goles. Efectividad plena. Lo que en los dos partidos anteriores no había ocurrido.

Jugaron aquel partido: Casillas, Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila, Busquets, Torres, Xabi Alonso, Xavi Hernández, Iniesta, Cesc, Javi Martínez y Villa. Vicente del Bosque dijo: “ahora es cuando vienen las emociones fuertes”. Esperaba en octavos la Portugal de Cristiano Ronaldo.

 

El factor Fernando Llorente

El martes 29 de junio de 2010 se cumplían dos años de la victoria en la Eurocopa de 2008. La efeméride marcaba el camino del tiqui-taca. España volvió a lo que había sido durante los dos años anteriores. Ni rastro de los malos momentos en la primera fase mundialista. El estadio Green Point de Ciudad del Cabo asistió a un partidazo. Cerca de 63.000 espectadores vieron la victoria de España por un gol a cero contra los portugueses. De nuevo con gol de Villa, que volvió a ser el mejor de la selección. 

España jugó muy bien, tanto en defensa como en ataque. Dominó el juego. Tiró más a puerta que Portugal. Y el portero, Eduardo, fue el mejor de los lusos. 

En el minuto 58, Vicente del Bosque hizo un cambio decisivo. Sacó a Fernando Llorente por Fernando Torres y solo cinco minutos después llegó el gol de Villa. Partidazo de Ramos, de Piqué, de Puyol. Enormes Xabi Alonso, Xavi Hernández, Busquets e Iniesta. Gigantes Villa y Llorente. También jugaron Casillas, Capdevila, Torres, Pedro y Marchena. “Merecimos ganar, se ha hecho justicia, pese a que ellos se cerraban muy bien” dijo Villa tras el partido. Del Bosque: “Jugando con esta mentalidad, estaremos más cerca del título”. Por sexta vez en la historia España se clasificaba para los cuartos del final de un Mundial. Paraguay esperaba en la siguiente ronda. Tres pasos para alcanzar la gloria.

España cubrió sus ventanas y balcones con la bandera. Miles de personas vieron los partidos en pantallas gigantes. Todo el país estaba unido. Lo nunca visto. Llegó el día D. El 3 de julio. Si España alcanzaba las semifinales sería histórico.

Paraguay no lo puso fácil

Estadio Ellis Park de Johannesburgo. Mismo escenario que el día de Honduras. Más de 55.000 espectadores presencian una nueva victoria por la mínima de la selección española. De nuevo con David Villa como goleador. Sufrimos de lo lindo. Hasta el minuto 83 no llegó el gol de la clasificación. 

Fue un partido largo, intenso, siempre con la sensación de una posible prórroga en el horizonte. Muchos hablaron de Iker Casillas antes de este partido. Esos mismos tuvieron que callar y rendirse ante el mejor portero de la historia. Iker siempre aparecía en los momentos decisivos. Con España y con el Real Madrid siempre fue así. En el minuto 57 paró un penalti a Cardozo

 

Dos minutos después, penalti a favor de España. Lo tira Xabi Alonso y marca. El árbitro manda repetir el lanzamiento porque entiende que hay varios jugadores que invaden el área. Falla Xabi Alonso el segundo. Lo para el portero Justo Villar. Cesc Fábregas acude al rechace y Villar comete de nuevo penalti. El árbitro no lo ve y sigue el juego.

Villa maravilla

En el minuto 83 Andrés Iniesta la jugada. Triangula con Cesc y Xavi. El manchego le pasa el balón a Pedro que remata a puerta. Al palo izquierdo. El rebote le favorece a Villa. Dispara. Vuelve a dar en el palo. Esta vez es el derecho. El balón vuelve a pegar en el palo izquierdo y entra con suspense en la portería. 

Nunca se había llegado a las semifinales de un Mundial. No era fácil lograrlo y se consiguió. Dos partidos para la hazaña. “No nos conformamos, lo mejor está por llegar” dijo Vicente del Bosque. Aquel partido lo jugaron: Casillas, Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila, Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Iniesta, Villa, Torres, Cesc, Pedro y Marchena. El héroe del partido, Iker Casillas, contó que “Pepe Reina me avisó por dónde tiraría Cardozo el penalti”.

Alemania había goleado (0-4) a la Argentina de Messi. Los alemanes serían el rival por alcanzar la gran final mundialista. Los mismos a los que dos años antes se ganó en el último encuentro de la Eurocopa.

Cabezazo para la historia

El 7 de julio, San Fermín, España dio una lección de fútbol a Alemania. De nuevo se repitió el resultado de rondas anteriores, cero goles a uno. El estadio Moses Mabhida de Durban con más de 60.000 personas en sus gradas, asistió a una auténtica exhibición de La Roja. España fue muy superior a Alemania y ganó con un golazo de Puyol. Un cabezazo inapelable. Un remate que recordaremos toda la vida porque significó el pase a la final del Mundial. Fue en el minuto 73 de partido tras un córner sacado espléndidamente por Xavi Hernández. El gol de la victoria tardó en llegar. Pero el equipo español dominó de principio a fina en todos los aspectos. Un partido para recordar en el que ningún jugador recibió amonestación. 

La alineación fue la siguiente: Casillas, Ramos, Puyol, Piqué, Capdevila, Busquets, Xabi, Xavi, Pedro, Iniesta y Villa. Salieron casi al final: Torres, Silva y Marchena. Jugaron el mejor partido de España en Sudáfrica. Cuando tocaba. Solo quedaba un partido. Los holandeses esperaban en la final. Xavi: “Vamos a disfrutar de la final y vamos a ganarla con nuestra personalidad”. Del Bosque: “Todos los que han jugado han sido unos jabatos”. Puyol: “Le propusimos a Del Bosque la jugada de mi gol y salió bien”. Elogios del entrenador alemán Joachim Löw: “España es la mejor selección del mundo. Hay que felicitarla”. 

La gloria eterna

La noche del 10 al 11 de julio de 2010 España se fue a dormir con ilusión. Todos soñábamos con algo histórico aunque primero había que jugar la final. Estadio Soccer City de Jonannesburgo. Más de 84.000 espectadores abarrotan las gradas para vivir la final del Mundial. España sale con Iker Casillas en la portería. Ramos, Puyol, Piqué y Capdevila en defensa. Busquets, Xabi Alonso, Xavi Hernández en el centro del campo. Pedro, Iniesta y Villa en punta. Una alineación para el recuerdo la de Vicente del Bosque. Completada con Navas, Cesc y Torres, que también participaron durante el encuentro. 

La final tuvo dos momentos clave. El primero ocurrió en el minuto 62. Arjen Robben se planta solo ante Casillas y el portero hace una parada antológica con el pie derecho. La mayoría de las veces esa ocasión hubiera terminado en gol. Pero estando Iker, todo era diferente. Fue la gran ocasión de los holandeses. En el minuto 83, Robben volvió a plantarse ante el guardameta español, pero este le robó el balón cuando el holandés se disponía a recortarle. 

El partido de nuestra vida

La Roja gozó de varias ocasiones a lo largo del partido. Pero se llegó al final con empate a cero en el marcador. Tocaba prórroga. Media hora más de tensión, de sufrimiento. Ganar un Mundial es muy difícil. En los minutos 95 y 105, Cesc Fábregas tuvo dos ocasiones. La final se encaminaba a la lotería de los penaltis. España no lo merecía. Fue superior. Holanda jugó sucio en muchos instantes. Nunca se nos olvidará aquella terrorífica entrada, patada al pecho, de De Jong a Xabi Alonso. El árbitro inglés, Howard Webb, no creyó conveniente expulsarle. De Jong y Van Bommel merecieron la roja, pero les “premiaron” con la amarilla. 

Minuto 116 de partido. Jesús Navas recibe el balón en banda derecha y empieza a correr como si no hubiera un mañana. Tres rivales le persiguen. Alcanza el centro del campo. Pierde el balón. Pero el rechace le favorece a Andrés Iniesta que la pega de tacón para Cesc Fábregas. Navas vuelve a recibirla y se la cede a Fernando Torres, el héroe de la Eurocopa de 2008. Torres mete el centro al área, pero despeja un jugador holandés. El rechace le llega a Cesc. Avanza unos metros y ve desmarcado a Iniesta. 

El gol

El jugador manchego controla con la pierna derecha. Está solo dentro del área grande. No hay fuera de juego. Se prepara para disparar. Remata con toda su alma y bate a Stekelenburg. Un gol espléndido, memorable, grandioso, el paraíso. Posiblemente el más importante de nuestras vidas. Iniesta lo celebra quitándose la camiseta, azul aquel día. Debajo lleva otra con un mensaje: Dani Jarque siempre con nosotros, en memoria del jugador fallecido un año antes. Era íntimos amigos. Iniesta culminó el camino de un equipo irrepetible. Una generación de jugadores magnífica que recordaremos hasta el final de nuestros días. España entera salió a celebrarlo.

“Es un momento histórico que puede no volver a repetirse nunca” dijo Cesc Fábregas. Iker Casillas: “ahora ya me puedo retirar tranquilo. Lo hemos merecido”. Andrés Iniesta: “Aún no nos creemos la dimensión de lo que hemos logrado”. 

Al día siguiente España despertó como campeona del mundo de fútbol. ¿Volveremos a vivirlo algún día? Las calles de Madrid se llenaron para recibir a los vencedores. Dicen que hubo más de dos millones y medio de personas celebrando sin parar. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FOTOS: GETTY, AFP, AP, EFE, REUTERS

Mis fotos deportivas preferidas: Carolina Marín y Fernando Rivas en Río 2016

19 de agosto de 2016. Pabellón 4 del centro de conferencias Riocentro de Río de Janeiro. Carolina Marín Martín (Huelva, 15 de junio de 1993) acaba de convertirse en campeona olímpica de bádminton. Una hazaña sin precedentes en España. Una gesta con la que pocos soñaban. Menos los dos protagonistas de la foto, Marín y Fernando Rivas, su entrenador. El arquitecto de una obra maravillosa. El hombre que en 2008 se propuso estar en una final olímpica. Un proyecto de locura que tenía doce años para lograrse. Llegó antes de lo previsto, en Río 2016. 

El objetivo era que España se convirtiera en una potencia en el bádminton. En 2008 Carolina tenía quince años. Había que trabajar mucho para alcanzar el sueño planteado. Y así lo hicieron. Trabajaron duro, innovaron en la manera de entrenar y competir contra las todopoderosas asiáticas. Y aquel viernes del verano de 2016 alcanzaron la cima. Lo máximo a lo que puede aspirar un deportista, el oro olímpico. 

Una imagen para siempre

La fotografía de Marcelo del Pozo refleja la importancia de lo conseguido aquel día. Carolina Marín se arrodilla emocionada, con las manos en la cara, sobre la pista verde donde acaba de lograr la victoria más importante de su vida. El rostro de Fernando Rivas, también arrodillado mientras sostiene la cabeza de la campeona olímpica, es de felicidad total. Solo él sabe lo que estaba pensando en ese momento, pero seguro que se le pasaron por la cabeza todos esos años luchando por alcanzar un objetivo de una dificultad tremenda. Le dijeron que estaba chalado. Pero con el oro de Río demostró lo contrario. Rivas es un genio. Una joya de infinitos quilates.  Marín es una jugadora irrepetible. 

En la imagen podemos ver al fondo el resultado del tercer set de la final. Carolina ganó 21 a 15 a la india Pusarla Venkata Sindhu. Al lado se puede ver también el resultado del primer set ganado por la jugadora india, 19 a 21. El tanteo del segundo set lo tapa Fernando Rivas. Lo ganó Marín 21 a 12. 

Una instantánea para la historia. Un tándem protagonista que ya forma parte de la historia del deporte español. Marín y Rivas, una pareja de oro que un día soñó en grande y que pudo porque pensó que podía. 

MARCELO DEL POZO/REUTERS

Grandes dominadores del deporte mundial: Michael Phelps y los 200 metros estilos

Ganar cuatro medallas de oro en cuatro Juegos Olímpicos consecutivos es una barbaridad. Hacerlo en la misma prueba individualmente sube todavía más el nivel de dificultad. En la historia del deporte solo cuatro hombres pueden presumir de haber sido campeones olímpicos en cuatro Juegos diferentes: el nadador Michael Phelps, los atletas Carl Lewis y Al Oerter y el regatista Paul Elvstrøm.

Los cuatro forman parte del Olimpo de los más grandes. Los tres primeros lo consiguieron en la misma prueba. Elvstrøm se colgó tres metales en una prueba y una en otra. El mejor nadador de todos los tiempos dominó los 200 metros estilos de Atenas 2004 a Río 2016. Se trata de una prueba muy exigente y explosiva. 50 metros de cada estilo. Sin tiempo de reacción para recuperar entre uno y otro.

El primero llegó en Atenas

Michael Phelps ganó su primer oro olímpico en 200 metros estilos el 19 de agosto de 2004. A los dieciocho años. Con toda una carrera por delante y habiendo ganado ya tres oros y dos bronces en Atenas. Cubrió la mariposa en 25.15. Terminó la espalda en 54.35. El cronómetro marcó 1:29.27 al término de la braza y finalizó con el estilo libre y un tiempazo de 1:57.14 que se convirtió en un nuevo récord olímpico. Le acompañaron en el podio, el también americano Ryan Lochte y George Bovell de Trinidad y Tobago. Phelps se marchó de Atenas con seis oros y dos bronces colgados del cuello.

Oro y récord mundial en Pekín

El segundo oro olímpico de Phelps en los 200 metros estilos llegó acompañado de un récord mundial. El 15 de agosto de 2008, en Pekín, estableció una marca sideral, 1:54.23. “El Tiburón de Baltimore” nadó por la calle 5 y devoró a todos sus rivales. Los 50 metros de mariposa los cubrió en 24.59, dieciséis centésimas más rápido que en Atenas 2004. Ya estaba por debajo del récord mundial al finalizar la espalda con un tiempo de 53.40. Cubrió el tramo de braza en 33.50 segundos. 1:26.90 a falta del estilo libre.

Y ahí, de nuevo sin rival, volvió a imponerse con un tiempo extraordinario. El húngaro Laszlo Cseh fue plata y Ryan Lochte, bronce. Ambos llegaron a más de dos segundos del campeón. Phelps ganó ocho medallas de oro en Pekín, superando el récord de Mark Spitz.

El primero en ganar tres oros individuales en la misma prueba

 

2 de agosto de 2012. Phelps se convierte en el primer nadador que gana tres finales individuales de unos Juegos en la misma prueba. De nuevo los mismos protagonistas en el podio que cuatro años atrás. Esta vez Lochte se quedó muy cerca de Phelps y se colgó la plata. Cseh tuvo que conformarse con el bronce. 24.63 fue el tiempo de paso de Phelps tras la mariposa. Tiempo muy parecido a las dos ediciones olímpicas anteriores. 53.26 al acabar la espalda, el mejor tiempo en los tres Juegos de dominio del americano. 1:26.59 tras la braza.

De nuevo superando los registros precedentes. El mejor nadador de la historia se quedó a veintisiete centésimas de batir el récord del mundo (Lochte, 1:54.00, 28 de julio de 2011) y a solo cuatro de su récord olímpico. El tiempo fue 1:54.27. Cuatro oros y dos platas ganó Phelps en Londres 2012. Se despidió de la natación en la capital londinense para luego volver.

Doce años reinando en los 200 metros estilos

Cinco oros y una plata ganó el más grande en Río 2016. Fue la confirmación de su reinado en los 200 metros estilos. Cuatro oros consecutivos de Atenas a Río pasando por Pekín y Londres. Tenía que ser él. El único nadador que ha ganado la misma prueba en cuatro ocasiones. Aquel 11 de agosto de 2016 se cerró una rivalidad histórica. La que mantuvo con Ryan Lochte en esta prueba durante más de una década. Lochte batió el récord mundial, pero Phelps sumó siete títulos ( cuatro olímpicos y tres mundiales). El “extraterrestre del agua” ganó tres oros consecutivos en los Campeonatos del Mundo de 2003, 2005 y 2007. En Río tuvo dos nuevos acompañantes en el podio. El japonés Kosuke Hagino fue plata y el chino Wang Shun subió al tercer cajón del podio. Lochte terminó en quinto lugar.

El reloj marcaba las 23:09:12 cuando se dio la salida. Al contrario que en las tres finales olímpicas anteriores, Phelps no dominó desde el principio. El brasileño Pereira marcó el mejor tiempo en el tramo de mariposa. Phelps pasó diecisiete centésimas más lento, 24.91 segundos. Tras el tramo de espalda, máxima igualdad. Dominio de Lochte con un tiempo de 53.44. Pereira y Phelps pasan a una sola centésima.

Cuatro de cuatro en sus últimos Juegos Olímpicos

El máximo medallista olímpico de la historia remonta tras los 50 metros de braza y se coloca en primer lugar con un tiempo de paso de 1:26.96. El oro no se les escapa. Queda lo mejor para Phelps, el estilo libre. Gana con un tiempo de 1:54.66. Al saberse ganador, Phelps se quita sus dos gorros negros y las gafas y levanta cuatro dedos de su mano derecha. Se da la mano con Lochte y pone fin a un reinado de doce años. De la juventud a la madurez. De promesa a realidad. Un auténtico mito de la natación y del deporte.

 

Fotos: The New York Times

 

La duración de las medallas olímpicas: David Cal

Ganó medallas en todas las finales olímpicas en las que participó. Y si llega a aguantar a la siguiente cita seguramente también lo habría conseguido. David Cal Figueroa (Pontevedra, 10 de octubre de 1982) es el más grande deportista olímpico español de la historia. Campeón olímpico y ganador de otras cuatro medallas de plata, le convierten en el único deportista de nuestro país capaz de ganar cinco metales olímpicos. Sin embargo, pocas veces sale en los puestos de honor de las clasificaciones de los mejores de todos los tiempos. 

De Atenas 2004 a Londres 2012 pasando por Pekín 2008, fue siempre una baza segura en las quinielas de posibles medallistas españoles. La falta de motivación por competir le hizo poner fin a una trayectoria magnífica en el camino a los Juegos de Río 2016. “Ganar otra medalla era más de lo mismo” dijo cuando se retiró. Y añadió: “he disfrutado mucho más de lo que he sufrido en una piragua”.

5 medallas en tres Juegos Olímpicos

¿Cuánto tiempo necesitó en competición David Cal para ganar sus cinco medallas olímpicas en tres Juegos? La respuesta es poco más de quince minutos. Un oro y cuatro platas logradas en un cuarto de hora. Así podría llamarse la película olímpica del piragüista gallego. 

David Cal ganó dos medallas en los Juegos de Atenas. La primera llegó el 27 de agosto de 2004. El estreno en el medallero olímpico fue inmejorable. Un oro gigante en C1-1000 metros el que invirtió un tiempo de 3:46.201. La salida fue lenta, más tranquila que la de sus rivales. Alcanzó el primer cuarto de la prueba en séptimo lugar. Pero a partir de los 500 metros, cuando sus rivales comenzaban a perder fuerza, se situó en cabeza y no se bajó del primer lugar hasta el final. Derrotó al alemán Andreas Dittmer, imbatido desde 1998 y oro en Sidney cuatro años antes. El checo Martin Doktor, campeón en Atlanta 1996, solo pudo ser quinto. El húngaro Attila Vajda se llevó la medalla de bronce. 

Oro y plata en Atenas

Un día después de convertirse en campeón olímpico y dejar su nombre sellado para siempre en la historia de los Juegos, ganó la medalla de plata en C1-500 metros. Una prueba mucho más explosiva. Según los expertos, el piragüista acaba con el ácido láctico por las nubes, quemando los brazos de los palistas. Cal se quedó a unas milésimas del oro. Invirtió 1:46.723. Esta vez pudo con él el alemán Dittmer que mejoró su bronce logrado en Sidney 2000. Fue tercero el ruso Opalev.

La segunda medalla olímpica de David Cal llegó precedida de un susto. Eran las seis y cuarto de la mañana y el gallego no había aparecido para desayunar. Subieron a buscarle a su habitación y resultó que se había puesto el despertador a las seis de la tarde en lugar de a las seis de la mañana. La final se celebró poco antes de las ocho de la mañana.

Dos platas en Pekín

En los Juegos de Pekín también sumó dos medallas. Ambas fueron de plata. La primera llegó el 22 de agosto de 2008. El piragüista español perdía su corona, pero se convertía en subcampeón con un tiempo de 3:52.751, seis segundos más lento que en 2004. Fue una carrera lenta. El húngaro Vajda, bronce en Atenas y en ese momento campeón mundial, se llevó la medalla de oro. En los primeros 250 metros David Cal se colocó en sexto lugar. Después comenzó la remontada hasta llegar a la segunda posición que ya mantuvo hasta la meta.

El 23 de agosto se colgó su cuarta medalla olímpica. Medalla de plata en C1-500 metros. Mismo resultado que cuatro años atrás. Cal salió bien. A mitad de carrera se colocó en tercera posición y después subió un puesto. No pudo hacer nada para alcanzar al ruso Opalev, que se colgó el oro. El tiempo de David Cal fue dos segundos más lento que en Atenas, 1:48.397. El gallego igualaba en ese momento a Joan Llaneras y a Arantxa Sánchez Vicario en el club de cuatro veces medallistas olímpicos. 

“Cuatro pruebas y cuatro medallas” decía su entrenador Suso Morlán (qepd) y añadía “Es verdad que veníamos a por dos oros, habíamos entrenador para ello, pero su peor resultado en unos Juegos es el segundo escalón del podio. Pocos pueden decirlo. Aspira a todo en Londres”.

La quinta en Londres

Y llegaron los Juegos de Londres 2012 y David Cal se colgó su quinta medalla olímpica. Nadie ha ganado tantas como él hasta el momento. Eso sí, llegó con bastante sufrimiento. El 8 de agosto de 2012 quedará marcado para siempre como el día que un piragüista gallego ganó su quinta medalla en cinco finales disputadas. 3:48.053 fue el tiempo de la quinta. Solo superado por el alemán Sebastian Brendel en C1-1000 metros. Tres Juegos Olímpicos consecutivos subiendo al podio en esa prueba. 

Cal salió lento. Al paso por los primeros 250 metros era sexto a bastante distancia de sus rivales. A mitad de prueba mantenía la misma posición. A falta de 250 metros subió al quinto lugar, pero seguía lejos del podio. En el último tramo realizó una remontada sensacional para alcanzar la medalla de plata. Y si la prueba hubiera sido un poco más larga, posiblemente tendría un segundo oro olímpico en el bolsillo. En el último tramo de la final fue el mejor. El español hizo 55.96 y el campeón alemán 58.08. En los 750 metros Brendel le aventajaba en tres segundos. De ahí la diferencia de menos de 900 milésimas entre ambos al término de la prueba. 

Portadas deportivas inolvidables: Marca tras el triplete español en la maratón de Helsinki 1994

El 14 de agosto de 1994 fue un día memorable para el atletismo español. Así lo reflejó el diario Marca en su portada del día siguiente. Eran las nueve y media de la mañana cuando se dio la salida de la maratón masculina del Campeonato de Europa de Helsinki. Dos horas y unos minutos después se produce un hecho histórico. Tres españoles, un vitoriano, un guipuzcoano y un madrileño llegan primero, segundo y tercero. Una hazaña sin precedentes que convirtió a Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado en los grandes protagonistas del día y posiblemente de aquel año. Será muy complicado que volvamos a ver algo semejante. 

En la portada de Marca podemos ver al campeón Martín Fiz y al subcampeón Diego García. El primero arrodillado. El segundo de pie. Ambos esperan felices. Con los brazos abiertos y los puños cerrados, la llegada del tercer clasificado, Alberto Juzdado. El tercer integrante del podio aparece con los ojos cerrados. Sonriente al ver a sus compañeros de fatigas esperándole. Al cruzar la meta, también se arrodillará García y los tres se fundirán en un abrazo eterno. Esto último no cabe en la magnífica primera página del diario Marca. 

Una portada memorable

La portada tiene varios mensajes. “Sufrieron durante 42,195 kilómetros… Para esto” La distancia a recorrer en una maratón es tremenda. Escrita parece más dura. Debajo del titular, la bandera de España. 

Además de la gesta sin precedentes de los tres gigantes de la maratón, ese día también ganaron medallas en el Europeo Abel Antón y Tomás de Teresa en 5.000 y 800 metros lisos respectivamente. Sus nombres también aparecen en la histórica portada de Marca. 

España ganó nueve medallas en aquel Campeonato de Europa y acabó sexta en el medallero. Fueron tres oros: Martín Fiz en maratón, Abel Antón en 10.000 metros y Fermín Cacho en 1.500. Dos platas: Diego García en maratón e Isaac Viciosa en 1.500 metros. Cuatro bronces: Alberto Juzdado en maratón, Abel Antón en 5.000, Tomás de Teresa en 800 metros y Valentí Massana en 20 kilómetros marcha. Los oros le costaron 900.000 pesetas a la Federación Española de Atletismo. Por las platas se pagaron 600.000. Los bronces costaron 450.000.

Recuerdos del Mundial de Italia 90

 

Recuerdo el Mundial de Italia como el comienzo de mi afición por el fútbol. Casi todo el mundo coincide en que, hasta la fecha, ha sido el peor Mundial de la historia, pero a mí me trae buenos recuerdos. Es junio de 1990 y el Real Madrid acaba de ganar su quinta Liga consecutiva y además con el récord (superado años después por el equipo de Mourinho) de los 107 goles del Madrid de Toshack

Por aquel entonces ya hacía bastante tiempo que me había reconvertido en madridista, tras haber sido del Athletic hasta los cinco años más o menos. En aquellos días estaba más preocupado de jugar a los “clicks” de Playmobil que de los partidos del Madrid. El 15 de abril de aquel año escuché por la radio que el Madrid empataba a cero en Valladolid y ganaba así su vigésimo quinta Liga. Casi dos meses después, el 8 de junio, comenzó “mi” primer Mundial.

El Marca en el kiosko de Luis

Nunca se me olvidará. Una tarde de aquel mes de junio, mi padre me dio dinero para que bajara al kiosko de Luis a comprar el diario Marca. Esa fue la primera vez que leí el periódico, tenía ocho años, y no he dejado de hacerlo desde entonces.

La selección española acudió al Mundial de Italia 90 con la Quinta del Buitre al completo. La España dirigida por Luis Suárez debutó contra Uruguay el 13 de junio en Udine. Partido malo donde los haya de la selección. Empate a cero final. Rubén Sosa falló un penalti  cometido por Villarroya.

 

17 de junio. Nueve de la noche. Estadio Friuli de Udine. Asisten 32.733 espectadores. Arbitra el ecuatoriano Elías Jácome. Juegan España y Corea del Sur. Michel, jugador del Real Madrid, llega al partido después de haber sido duramente criticado. El partido comienza con susto para el equipo español. Un fallo defensivo del jugador del Athletic, Genar Andrinúa, estuvo a punto de costarle un gol en contra. 

«Hat trick» de Michel

En el minuto 22 comenzó a fraguarse una noche memorable . Villarroya centra desde la banda izquierda y Michel remata según le llega. Golazo. Al filo del descanso llegaría el empate de los surcoreanos. Hwang Bo-kwan marca desde fuera del área tras una falta ante la que Zubizarreta no puede hacer nada.

A los dieciséis minutos de la segunda parte, Michel lanza una falta y anota su segundo gol de la noche. Otro tanto sensacional del jugador madrileño. Doblete que veinte minutos más tarde, se convertiría en “hat trick”. El tercer gol es el mejor de la noche y posiblemente de aquel Mundial de Italia. Michel recorta a dos defensas dentro del área y remata magníficamente. Al celebrar el gol se señala a sí mismo y grita para la posteridad: “¡Me lo merezco!”. 

 

Después llegó el partido contra Bélgica en Verona. España ganó dos a uno con otro gol de Michel, esta vez de penalti y el segundo del jugador de la Real Sociedad, Górriz.

En octavos de final la selección perdió dos a uno contra Yugoslavia en la prórroga. El gol de Julio Salinas no sirvió porque Stojkovic marcó dos.

En aquel Mundial participaron 24 selecciones. Ganó Alemania a Argentina en la final. Uno a cero con gol de Brehme de penalti en el minuto 85.

El italiano Salvatore Schillaci fue el máximo goleador con 6 tantos. Se jugaron 52 partidos y se marcaron 115 goles (2,2 por encuentro). El representante español de los árbitros fue Emilio Soriano Aladrén.

Estos fueron los jugadores españoles convocados:

Porteros: Zubizarreta, Ablanedo, Ochotorena

Defensas: Chendo, Jiménez, Andrinúa, Sanchís, Quique, Alkorta, Górriz, Hierro

Medios: Martín Vázquez, Fernando, Villarroya, Roberto, Bakero, Rafa Paz, Michel

Delanteros: Pardeza, Butragueño, Julio Salinas, Manolo

 

FOTOS: Luis Magán y Cordon Press