La historia olímpica de los 1.500 metros masculinos desde Moscú 1980

Es la prueba reina del medio fondo. Ha dado nombres ilustres a la historia del atletismo. Grandes campeones que se hicieron con las tres medallas en juego en cada cita olímpica. Los 1.500 metros lisos masculinos llevan celebrándose desde los Juegos de Atenas 1896. Desde ese momento y hasta Melbourne 1976 hubo dieciocho campeones olímpicos en la prueba. La mayoría fueron europeos, once en total: cuatro británicos, tres finlandeses, un italiano, un luxemburgués, un sueco y un irlandés. Dos estadounidenses, dos neozelandeses, un australiano y un keniata completaron el palmarés en esos ochenta años interrumpidos por las guerras mundiales. 

Desde los de Moscú celebrados en 1980 se han celebrado diez Juegos Olímpicos. El panorama ha cambiado considerablemente. Si hasta 1976 había habido un dominio de los europeos, seis de los diez Juegos celebrados entre 1980 y 2016, tuvieron como ganador de los 1.500 metros a un atleta africano. Tres oros llevaron nombre europeo y uno estadounidense. 

Veinticinco hombres en diez Juegos Olímpicos

La que sigue es la historia de la prueba de Moscú 1980 a Río 2016. Veinticinco hombres diferentes han logrado subir al podio olímpico. Once africanos, diez europeos, dos estadounidenses, un neozelandés y un catarí se han colgado los oros, las platas y los bronces. 

Solo un atleta ha sido capaz de ganar dos oros olímpicos en los 1.500 metros. Lo hizo consecutivamente en los Juegos de Moscú 1980 y en los de Los Ángeles 1984. El británico Sebastian Coe es el único bicampeón olímpico en la prueba. De ahí su importancia y la dificultad que conlleva llegar a lo más alto en esta prueba tan exigente.

El oro de Moscú

En los de Moscú 1980 Coe se impuso al alemán Jürgen Straub y a su gran rival, el también inglés Steve Ovett. Sin duda es una de las finales más recordadas del atletismo olímpico y de los 1500 metros lisos. Faltaron los atletas estadounidenses por el boicot de su país a los Juegos rusos. 

Cuatro años después Sebastian Coe tuvo dos acompañantes diferentes en el podio. El británico Steve Cram tuvo que conformarse con la medalla de plata. El bronce llevó nombre y apellidos españoles. José Manuel Abascal hacía historia para el atletismo de nuestro país en los Juegos de Los Ángeles. 

La primera victoria africana en dos décadas

En Seúl 1988 llegó la primera victoria africana después de veinte años. El keniata Peter Rono se colgaba el oro olímpico dos décadas más tarde que Kipchoge Keino. El también Keniata fue campeón en México 1968 y plata en Múnich 1972. Rono superó al británico Peter Elliott, plata, y al alemán Jens-Peter Herold. Podría llamar a esta final, la de los “Peters”. 

Mayoría británica en los podios de 1980 a 1988. Cuatro atletas, cinco medallas. Dos oros, dos platas y un bronce gracias a Coe, Ovett, Elliott y Cram. Nombres míticos del atletismo de Reino Unido. 

Con los Juegos de Barcelona 1992 cambiaron muchas cosas. También la tendencia en los 1.500 metros. Comienza el dominio africano en las pruebas de fondo y medio fondo. En Barcelona llegó un oro histórico para España. Fermín Cacho levantaba los brazos y nos emocionaba a todos por delante del marroquí Rachid El-Basir y del catarí Mohamed Suleiman. Tres minutos, cuarenta segundos y doce centésimas que recordaremos toda la vida. 

Dominio africano

Nadie sabe qué hubiera ocurrido si Hicham El Guerrouj no se llega a tropezar y a entorpecer a Fermín Cacho en la final de Atlanta 1996. El atleta español tuvo que conformarse con ser subcampeón cuatro años después. Se llevó el oro el argelino Noureddine Morceli. El bronce fue para el keniata Stephen Kipkorir

En los Juegos de Sidney volvió a ganar un africano. Esta vez fue el keniata Noah Ngeny. El marroquí Hicham El Guerrouj se quedó a unas centésimas del oro, pero tuvo que conformarse con la medalla de plata. El bronce fue para el keniata Bernard Lagat. Triplete de medallas para África. Dominio aplastante.

Fue en Atenas 2004 cuando Hicham El Guerrouj pudo resarcirse de la caída en Atlanta ocho años atrás y de la plata de Sidney 2000. El oro olímpico le confirmó como uno de los grandes mediofondistas de la historia. Superó por poco a Bernard Lagat, plata, y al portugués Rui Silva.

La sombra del dopaje

La final de los 1.500 metros de los Juegos de Pekín 2008 la ganó el bahrainí Rashid Ramzi. Un año después se descubrió su trampa. Fue desposeído por dopaje. El keniata Asbel Kiprop, que había sido plata, se convirtió en oro. Años después le pillaron dopado. Pero no le quitaron la medalla de Pekín. El neozelandés Nick Willis fue subcampeón y el francés Mehdi Baala fue bronce. El español Juan Carlos Higuero acabó quinto, pero por el dopaje de Ramzi ocupa el cuarto lugar. 

Dieciséis años después de la victoria de Morceli en Atlanta, volvió a ganar un argelino. Taoufik Makhloufi se convirtió en campeón olímpico en Londres 2012. Lo hizo por delante del estadounidense Leonel Manzano y del marroquí Abdalaati Iguider

Dos estadounidenses se proclamaron campeones olímpicos de 1.500 metros allá por 1904 y 1908. El tercero en lograrlo fue Matthew Centrowitz en los Juegos de Río 2016. El campeón en Londres 2012, Makhloufi bajó un puesto y tuvo que conformarse con la plata. Ocho años después de ser subcampeón en Pekín, el neozelandés Willis acabó tercero.

Reino Unido es el gran dominador del medallero olímpico de los 1.500 metros masculinos. Cinco oros, cinco platas y tres bronces en esta prueba le sitúan por delante de Kenia con cuatro oros, dos platas y dos bronces. En tercer lugar aparecen los estadounidenses con tres oros, siete platas y cuatro bronces. España tiene una medalla de cada color, gracias al oro y la plata de Fermín Cacho en 1992 y 1996 respectivamente y al bronce de José Manuel Abascal en Los Ángeles 1984. 

 

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El día que Miguel Induráin se convirtió en leyenda

Único en el mundo. Irrepetible en el ciclismo español. Nadie ha sido capaz en la historia de lograr cinco grandes carreras ciclistas consecutivamente. Solo él aparece en ese registro superlativo. El 23 de julio de 1995, Miguel Induráin Larraya (Villava, Navarra, 16 de julio de 1964) ganó su quinto Tour de Francia seguido. Se convirtió en leyenda. Ninguno ha sido capaz de igualarle y posiblemente nadie lo hará en el futuro. Hubo uno que ganó siete, haciendo trampas, dopándose entre 1999 y 2005. La historia del deporte le sitúa ya como uno de los mayores tramposos de todos los tiempos. 

Otros tres grandes ciclistas de la historia han ganado cinco “Grandes Boucles”, pero ni Eddy Mercks (1969, 1970, 1971, 1972, 1974) ni Bernard Hinault (1978, 1979, 1981, 1982, 1985) ni Jacques Anquetil (1957, 1961, 1962, 1963, 1964)  lo hicieron como el ciclista navarro. Induráin es el rey indiscutible del Tour de Francia. Dominador aplastante de 1991 a 1995. Enorme en las etapas de montaña. Gigante en las contrarrelojes. Etapas míticas descendiendo, atacando… Muchos intentaron pararle. Ninguno lo logró. 

El más completo de los cinco

El Tour de Francia de 1995, el quinto consecutivo para Induráin, fue el más completo del mejor ciclista español de la historia. Sus rivales tuvieron que conformarse con luchar por el segundo puesto, porque el primero era inalcanzable.

La quinta victoria de Induráin comenzó el 1 de julio con una etapa prólogo de 7,3 kilómetros entre Saint y Breuc. Ganó Jacky Durand. El francés mantuvo el maillot amarillo una etapa más. El también galo Laurent Jalabert ocupó el primer lugar de la clasificación general en las dos siguientes. El italiano Iván Gotti en la cuarta y quinta etapa y el danés Bjarne Riis en la sexta. Induráin que había empezado en el puesto 35 en el prólogo, ya era décimo a cuarenta y nueve segundos del líder de la carrera.  

La inolvidable etapa de Lieja

El 8 de julio de 1995 se celebra la séptima etapa en territorio belga. 203 kilómetros entre Charleroi y Lieja. Etapa larga que marca el camino hacia el quinto Tour de Induráin. Fue una exhibición en un terreno inesperado. Una demostración de quién mandaba en la grande francesa. Atento a todo. Atacando en puertos de baja categoría, en zonas donde se puede perder más que ganar, Induráin fue valiente y se escapó con Johan Bruyneel en una etapa inolvidable para todo amante del ciclismo.  El ciclista belga no le dio ni un relevo al español y terminó ganando la etapa y colgándose el maillot amarillo. 

Induráin llegó segundo de la general a la primera contrarreloj individual a treinta y un segundos de Bruyneel. La CRI de 54 kilómetros entre Huy y Seraing colocó al pentacampeón navarro como líder de la carrera tras aventajar en doce segundos a Riis. Años después supimos que el danés también se había dopado. A partir del 9 de julio, Induráin mantuvo el maillot amarillo hasta el final de la carrera. 

Sin problema en los Alpes

Tras el día de descanso llegó la montaña. En La Plagne solo pudo con él el suizo Alex Zülle. Induráin llegó a dos minutos y dos segundos pero aventajó al resto de rivales en más de dos minutos, lo que le hizo ser más líder. Después de nueve etapas el navarro sacaba dos minutos y veintisiete segundos a Zülle y casi seis a Bjarne Riis. 

En la etapa con final en Alpe D’huez dominó el italiano Marco Pantani. Induráin mantuvo las distancias con sus rivales. Llegados los Pirineos, todo siguió igual. Volvió a ganar Pantani, esta vez en Guzet-Neige. Induráin controló en todo momento la carrera llegando tercero a la meta. 

El francés Richard Virenque se impuso en la etapa con final en Cauterets. Sin problemas para Induráin que veía ya como se acercaba su quinta victoria seguida en París. Zülle estaba ya a dos minutos y cuarenta y seis segundos y Riis a seis minutos. Misma ventaja tras la decimoséptima etapa con final en Burdeos. 

 

La sentencia en el lago

Quedaba la contrarreloj de 46 kilómetros en el Lac de Vassivière para terminar de saber cuánta ventaja sacaría Induráin a sus rivales en la clasificación general. Como era de esperar, el navarro ganó la CRI y terminó de sumar segundos para cerrar un triunfo histórico en la capital francesa un día después. Aventajó a Riis en cuarenta y ocho segundos y al suizo Tony Rominger en un minuto y cinco segundos. 

En la general final, Zülle acabó segundo a más de cuatro minutos y medio y Riis fue tercero a seis minutos y cuarenta y siete segundos. Ventajas muy parecidas a las de los otros cuatro Tours ganados por Induráin. 

Miguel Induráin hizo historia. Ganó el Tour de 1995. Fue el mejor en las cronos, ganó dos. Fue el más fuerte en la montaña aunque no ganó ninguna etapa en ese terreno. Acabó cuarto en esa clasificación. En la de la regularidad solo fue superado por Jalabert y Abdoujaparov, el ganador de la etapa final. 

Todos veían el sexto

Aquel 23 de julio de 1995 nadie veía límites para lograr el sexto un año más tarde. El propio Induráin dijo: “mientras pueda ganar… volveré”. “Este Tour me ha costado lo mismo que los otros, porque he ido todos los días a tope”. Tocaba hacer balance del dominio del último lustro: “el más difícil fue el de 1993, el año de la gripe”. 

El director de Banesto Eusebio Unzué dijo: “el quinto Tour le da más valor a los otros”. El seleccionador nacional, Pepe Grande, lo tenía claro: “Miguel ha empatado el récord, pero esta igualdad no durará mucho tiempo”. Eddy Mercks: “Induráin puede dominar en el Tour del próximo año”. Bernard Hinault: “Miguel me ha impresionado, el porvenir es suyo”. Pedro Delgado también lo veía claro: “Miguel ofrece garantías más que suficientes para repetir por sexta vez su victoria en el Tour del año que viene”. 

 

 

 

 

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Momentos olímpicos para la posteridad

Desde que se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, en Atenas 1896, se han producido miles y miles de momentos para la posteridad. Desde aquellos Juegos, el atletismo, la natación y la gimnasia se han caracterizado por ser los deportes de referencia en cada cita olímpica. Por eso he querido hacer un pequeño repaso de doce grandes momentos que se recuerdan y se seguirán recordando con el paso de los años y las décadas. 

Son doce protagonistas. Grandes representantes de los tres deportes citados anteriormente. Siete hombres y cinco mujeres. Tres deportistas españoles y nueve extranjeros que forman parte de la historia olímpica y del deporte internacional. Seguramente habrá algún lector que piense que deberían ser otros los protagonistas. Pensarán en Mark Spitz, Ruth Beitia o Paavo Nurmi, por citar tres los grandes deportistas olímpicos. Como dice el refrán: «Ni son todos los que están, ni están todos los que son».

Las cuatro medallas de oro de Jesse Owens en Berlín 1936. Atletismo.

Jesse Owens fue el gran protagonista de los Juegos de 1936. En Berlín ganó 4 medallas de oro en 100, 200 y 4×100 metros y en salto de longitud. Esta última prueba fue la más emotiva de las cuatro. Su principal rival fue el rubio alemán Luz Long, que reconoció con un abrazo, la superioridad del americano. En ese instante Adolf Hitler abandonaba enfadado el palco de autoridades. Jesse Owens ganó en la pista y puso así en evidencia la superioridad de la raza aria divulgada por el régimen alemán.

Los cuatro oros de Fanny Blankers Koen en Londres 1948. Atletismo.

Fanny Blankers Koen participó en los Juegos de 1936, pero fue en los de Londres celebrados en 1948 cuando se convirtió en reina del atletismo. Ganó el oro de todas las carreras que se disputaban en aquellos años. Ganó cuatro oros, como Owens en Berlín, 100 y 200 lisos, 80 metros vallas y el relevo 4×100. Fue la primera mujer capaz de ganar cuatro pruebas en unos Juegos Olímpicos. 

 

Los cuatro oros de Larisa Latynina en Melbourne 1956. Gimnasia.

Hasta los Juegos de Londres celebrados en 2012, fue la primera en el medallero olímpico. Fue superada por el nadador estadounidense Michael Phelps. Larisa Latynina ganó dieciocho metales en tres participaciones. Seis en cada una de ellas. Fue en los de Melbourne 1956 donde se dio a conocer en todo el mundo y ganó el mayor número de oros de su carrera olímpica: cuatro. Campeona olímpica individual, por equipos, en salto y en suelo. 

El 10 de Nadia Comaneci en Montreal 1976. Gimnasia.

El 18 de julio de 1976 el Forum de la ciudad canadiense de Montreal asistió a un hecho sin precedentes. Un momento histórico para la gimnasia artística y el deporte mundial. La gimnasta rumana Nadia Comaneci logró la perfección. Su ejercicio en barras asimétricas fue puntuado con un 10. Nadie lo había conseguido anteriormente. Fue la gran protagonista de aquellos Juegos celebrados en Canadá. Además de su oro en asimétricas, logró otros dos más, en el concurso individual y en la barra de equilibrio. 

 

Los cuatro oros de Carl Lewis en Los Ángeles 1984. Atletismo.

Fue la gran estrella de los Juegos de 1984. Carl Lewis buscaba igualar al también estadounidense Jesse Owens cuarenta y ocho años después de su hazaña en Berlín. Lo consiguió. Ganó las mismas pruebas que Owens. Los 100, 200 y 4×100 metros lisos y también se impuso en el salto de longitud. La prueba que dominó durante cuatro Juegos Olímpicos consecutivos. Con sus cuatro oros “El Hijo del Viento” presentaba su candidatura a ser uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos. 

 

El oro de Fermín Cacho en Barcelona 1992. Atletismo.

Si hay una imagen que recordaremos siempre de los Juegos Olímpicos de Barcelona es la victoria de Fermín Cacho. Ese momento en el que el atleta soriano abría sus brazos para celebrar su victoria en los 1.500 metros ha pasado a la historia como uno de los grandes momentos de la historia del atletismo español. Ese momento, el oro olímpico de Cacho, resume lo bien que le fue a España en 1992. Sin menospreciar las otras veintiuna medallas restantes logradas por la delegación española. 

Los seis oros de Vitaly Scherbo en Barcelona 1992. Gimnasia.

Vitaly Scherbo fue el principal protagonista de los Juegos de 1992. Se convirtió en el primer gimnasta capaz de ganar seis medallas en unos Juegos Olímpicos. Solo comparable a las siete del nadador Mark Spitz en Múnich 1972 y a las ocho logradas por el también nadador Michael Phelps en Pekín 2008. Scherbo ganó cuatro de las seis medallas en un solo día. En eso sigue siendo único y probablemente lo seguirá siendo en el futuro. Sus seis oros llegaron en equipos, individual, paralelas, salto, anillas y caballo con arcos. 


El oro de Gervasio Deferr en Atenas 2004. Gimnasia.

Gervasio Deferr había sido campeón olímpico de salto en Sidney 2000. Quería repetir título en Atenas 2004. Y lo logró. No fue fácil. Sus saltos en la final fueron espectaculares. Pero el rumano Marian Dragulescu lo bordó en el primero. Una caída en el segundo le dio la victoria al mejor gimnasta español de la historia. El oro de Atenas confirmó a Deferr como uno de los mejores deportistas olímpicos españoles de siempre. Un oro inolvidable, para la posteridad. 

Los récords de Bolt en Pekín 2008. Atletismo.

Lo conseguido por el atleta jamaicano Usain Bolt en Pekín 2008 lo recordaremos toda la vida. Ganó los 100 y los 200 metros lisos con una superioridad aplastante. Sobre todo los 100 metros donde aventajó en varios metros a sus rivales. Batió dos récords mundiales que se encargaría de superar él mismo un año más tarde. En los 100 metros dejó la plusmarca en 9 segundos y 69 centésimas. En los 200 la rebajó hasta los 19 segundos y 30 centésimas. De otro planeta. 

 

Los ocho oros de Phelps en Pekín 2008. Natación.

Los Juegos de Pekín 2008 tuvieron dos claros protagonistas. Además de Usain Bolt y sus récords, Michael Phelps. El nadador estadounidense llegaba a Pekín con un objetivo muy claro, superar los siete oros ganados por Mark Spitz en Múnich 1972. Lo logró. Con sufrimiento en algunas de las pruebas y con la ayuda de sus compañeros del equipo americano. Pero ganar ocho oros en unos Juegos Olímpicos es un récord que solo le pertenece a él. Posiblemente nunca más se repetirá una gesta semejante. 

El oro de Mireia Belmonte en Río 2016. Natación. 

Llegó tras el esfuerzo de muchos años. Después de pasar miles de horas nadando. Tras mucho esfuerzo y dedicación. El día soñado por Mireia Belmonte fue el 10 de agosto de 2016. Muchos españoles trasnochamos para verla ganar el oro olímpico en los 200 metros mariposa. Sufrimos hasta la última brazada. El oro llegó por solo tres centésimas. Pero llegó, que es lo importante. Será difícil que volvamos a vivir algo parecido. 

Los cuatro oros de Simone Biles en Río 2016. Gimnasia. 

Fue la estrella de la gimnasia artística en Río 2016. Ganó cuatro medallas de oro, como Latynina en 1956. La atleta estadounidense Simone Biles demostró que es una de las más grandes de siempre. Se impuso en salto, suelo, en el concurso individual y por equipos. Todos los focos, todo el protagonismo fue para ella. Podría haber firmado un oro más, pero se tuvo que conformar con el bronce en la barra de equilibrio.