Olímpica Mireia

El octavo mes del año suele venir acompañado de grandes acontecimientos deportivos. Cada cuatro años el mundo se paraliza para ver a los mejores deportistas del planeta compitiendo en los Juegos Olímpicos. Agosto es el mes de las medallas. El mes en el que la mejor nadadora española de la historia, Mireia Belmonte, ha ganado sus cuatro metales olímpicos. 

El destino ha querido que los días en los que Belmonte ha subido al podio estén ordenados cronológicamente. La primera medalla llegó el 1 de agosto, la segunda el 3, la tercera el 7 y la cuarta el 10. Será fruto de la casualidad, pero es un reflejo de la vida deportiva de la campeona olímpica, ordenada y disciplinada.  

1 de agosto de 2012

Mireia Belmonte llegó a la final de 200 metros mariposa, tras haber marcado el noveno mejor tiempo en las series (2:08.19) y tras ser la cuarta nadadora más rápida en las semifinales (2:06.62). Llegaba entre las favoritas para subir al podio, pero al lograr la clasificación tenía claro lo que había que hacer. Necesitaba bajar un segundo su marca personal y el récord de España que en ese momento era 2:06.25. 

Cuando Mireia se lanzó a la piscina aquella tarde del 1 de agosto de 2012, la delegación española en los Juegos de Londres no sumaba ninguna medalla tras varios días de competición. Comenzaban a saltar las alarmas. La nadadora nacida en Badalona cambió la tendencia. 

Había llegado a la final nadando de menos a más, vigilando a las rivales y siendo conservadora. Aquella tarde cambió de estrategia. La salida se dio a las 21:17 hora española. Mireia llegó a la calle 6 escuchando música, con su gorro de color blanco y con una toalla en el cuello. Salió fuerte. Nadó los primeros 50 metros de la prueba en 28.32, la segunda más rápida. Cubrió el ecuador de la prueba en primera posición. Invirtió menos de un minuto en nadar los primeros cien metros. La marca de 59.75 y las sensaciones, no podían ser más positivas. 

Una defensa muy complicada

Llegó al último viraje liderando la prueba con un tiempo de 1:31.91. El podio parecía asegurado, pero tocaba aguantar cincuenta metros más para colgarse el oro. Los últimos metros se le hicieron eternos. El esfuerzo realizado pasaba factura. Fue superada por la china Jiao Liuyang que acabó con un tiempo de 2:04.06 (récord olímpico). Mireia defendió la medalla de plata en los últimos metros y cumplió con el objetivo, bajar un segundo el récord nacional. Dicho y hecho. 2:05.25. Plata olímpica, la mejor marca española de la historia, la cuarta mejor de la historia de los 200 mariposa y primer metal para España en Londres 2012. 

Raúl Arellano, responsable de biomecánica de la Federación Española de Natación, contó al diario Marca que Mireia nadó gran parte de la prueba entre 53 y 54 brazadas por minuto. El cansancio y la acumulación de ácido láctico en los músculos hizo que la frecuencia bajase a 52 brazadas por minuto en los últimos 25 metros. “No respiró en las tres últimas brazadas y eso fue fundamental para tocar antes que la japonesa y la americana. Las medallas se ganan así.

“Cuando consigues un sueño no sabes qué hacer. Estoy en blanco todavía. Tengo que repartir esta medalla en mil pedacitos” dijo la subcampeona olímpica al salir de la piscina londinense. Era su primera medalla olímpica. El comienzo de un camino sensacional.

3 de agosto de 2012

Llegó a la final de 800 metros libre con la tranquilidad de haber ganado dos días antes la plata en los 200 mariposa. En las series se clasificó con el quinto mejor tiempo (8:25.26). Como en la anterior final, le tocó nadar por la calle número 6. Misma indumentaria. Todo en orden. Nadó bastante rápida toda la prueba aunque le tocó remontar en los últimos doscientos metros para alcanzar el podio. 

Mireia ocupó la quinta posición hasta la mitad de la prueba. Pasó lo 100 metros en 59.95. Los 200 en 2:01.07. Los 300 en 3:05.30 y los 400 en 4:08.51. La jovencísima británica de quince años, Katie Ledecky, dominaba la final con tiempos por debajo del récord del mundo. 

Remontada de plata

En el paso por los 500 metros Mireia Belmonte ya era cuarta con un tiempo de 5:11.00. La danesa Friis y la británica Adlington estaban a tres brazadas de distancia. Ledecky inalcanzable. 

Llegó a los 600 metros pisando los talones a Friis con un tiempo de 6:13.43. Al paso por los 650 metros Belmonte ya era tercera a sólo veinte centésimas de la británica Adlington. La plata estaba a tiro, el oro a más de tres segundos. 

En los siguientes 50 metros, Mireia superó a Adlington marcando un tiempo de 7:15.73. Ya solo quedaba por delante Ledecky a 2.92 segundos de distancia. La joven británica siempre por debajo del récord mundial. 

Mireia logró su segunda medalla olímpica con un tiempo de 8:18.76 (récord de España).  Una nueva plata tras un esfuerzo descomunal. “En los últimos metros ya no sentía las piernas y pensaba, que esto acabe ya, tuve ganas de vomitar”. Ledecky se quedó finalmente sin récord del mundo pero ganó un oro histórico. El comienzo de una carrera deportiva memorable. 

Pocos deportistas pueden presumir de hacer doblete en unos mismos Juegos Olímpicos. Los piragüistas Herminio Menéndez (1980), David Cal (2004 y 2008) y Saúl Craviotto (2016), los pistards Joan Llaneras (2008) y Sergi Escobar (2004) y las nadadoras de sincronizada, Gemma Mengual y Andrea Fuentes (2008) son otros deportistas españoles que lo han logrado.La amazona Beatriz Ferrer Salat lo consiguió en 2004. Mireia volvió a repetir en Río 2016, con un oro y un bronce. Sencillamente espectacular. Igualó así a la tenista Arantxa Sánchez Vicario como las únicas deportistas españolas que han logrado dos dobletes de medallas en dos Juegos. Arantxa lo logró en 1992 y en 1996.

7 de agosto de 2016

Si tuviésemos que decir cuál es la prueba más completa de la natación, los 400 metros estilos se llevarían esa consideración. Reúne los cuatros estilos: mariposa, espalda, braza y crol. Mireia marcó el segundo mejor tiempo en las series con un tiempo de 4:32.75, a solo un segundo de su mejor marca en la prueba. 

La nadadora española se mantuvo siempre cerca de los puestos de honor. Durante toda la final estuvo situada entre las cinco primeras. El tramo de mariposa lo cubrió en 1:02.16. Solo se destacó la húngara Katinka Hosszu, dos segundos por delante de sus rivales. Fue en la espalda donde Mireia tuvo su momento más complicado. No es especialista y era algo que entraba dentro de la normalidad. A mitad de la prueba era quinta. Tocaba remontar en la braza y en el estilo libre. 

La braza y el crol para alcanzar el bronce

En el primer viraje de la braza (250 metros) volvió a la cuarta posición con Hosszu inalcanzable, pero muy cerca de las medallas. A falta de 100 metros para el final, la británica Miley le sacaba 1,3 segundos. Parecía difícil, pero con Belmonte todo puede pasar. Tocaba remontar y lo hizo a pesar de que a falta del último viraje seguía en cuarto lugar. Fue la más rápida en el último tramo. Cubrió el estilo libre en 1:01.32. Lo que le valió para alcanzar la medalla de bronce con un tiempo de 4:32.39. Katinka Hosszu ganó con un récord mundial sideral: 4:26.36. 

“He luchado hasta que no podía más, hasta que mi cuerpo no tenía más fuerzas, a falta de 50 metros veía bastante lejos a la británica. En los últimos metros no he respirado, que fuera lo que Dios quisiera, y metido la mano por delante”. Como ya ocurriese cuatro años antes en los Juegos de Londres, Mireia volvió a inaugurar el medallero español.

 

10 de agosto de 2016

Todos tenemos un día de nuestra vida que recordamos como el más importante de todos. En el caso de Mireia Belmonte no hay ninguna duda. El 10 de agosto de 2016 cumplió un sueño que llevaba peleando desde que comenzó a competir en las piscinas de todo el mundo. Aquella noche en Río de Janeiro, madrugada en España, se convirtió en campeona olímpica de 200 metros mariposa. La primera en lograrlo en la natación femenina española. 

Es su prueba preferida. La que le dio la plata olímpica en Londres. En la que ha sido capaz de firmar la triple corona. Campeona olímpica, mundial y europea, llegó a la final siendo la mejor en las series (2:06.64) y segundo en las semifinales (2:06.06). Si nada fallaba, la medalla estaba a tiro. Pero en una final olímpica puede ganar cualquiera y pasar cualquier cosa. 

Mireia salió a ganar por la calle 5 con gorro y bañador negro. “El plan era empezar más rápido que en semifinales, pero no tanto como en Londres, para hacer un segundo cien muy fuerte” dijo su entrenador Fred Vergnoux. Y así lo hizo. Cubrió lo primeros cincuenta metros en segundo lugar (28.48) Siempre pegada a la australiana Groves (27.49). 

Pisando los talones a la australiana

En el siguiente largo se quedó muy cerca de su principal rival en la final. Groves marcó un tiempo de 59.54. Mireia solo fue seis centésimas más lenta (1:00.00). Tiempo parecido al que logró a mitad de prueba en la final de Londres 2012 (59.75). 

Todo estaba por decidir y Mireia comenzó a nadar más rápido siguiendo el plan previsto con Vergnoux. El duelo por el oro olímpico estaba servido. Mireia superó a Groves y tocó en el último viraje con catorce centésimas de ventaja (1:32.17). No andaba muy lejos la japonesa Hoshi (bronce en 2012). 

Los últimos cincuenta metros fueron muy emocionantes. Mireia al límite de sus fuerzas intentando defender el oro que ya tocaba con las manos. Groves y Hoshi acercándose mucho. La española tocó primera. Solo tres centésimas antes que Groves. El oro llegó con una marca que jamás olvidaremos: 2:04.85. Mireia se quitó su gorro negro y descubrimos que debajo llevaba otro azul. Ella exultante y España también. 

Este oro significa lo que he soñado toda mi vida y lo tengo aquí ahora, he sufrido mucho en los últimos metros. Solo pensaba en seguir adelante, dar lo máximo con las piernas, sin mirar a los lados” contó Mireia Belmonte tras la final.  “Hace cuatro años me dijo que iba a ganar el oro, y esta tía lo ha hecho” dijo Fred Vergnoux. 

 

Cuatro medallas en dos Juegos Olímpicos. Un oro, dos plata y un bronce en tres estilos diferentes. Algo al alcance de las grandes de todos los tiempos. Dos medallas en 200 mariposa, una en 800 libre y otra en 400 metros estilos que la convierten en una de las nadadoras más completas de la historia.

 

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