Sídney 2000, los Juegos del agua

Ocurrió el 23 de septiembre de 1993 en Montecarlo. El mundo olímpico todavía respiraba la resaca de los mejores Juegos Olímpicos, los de Barcelona celebrados un año antes. Aquel día, ya de otoño, de 1993, fue elegida como sede olímpica la ciudad australiana de Sídney. En la 101ª Sesión del Comité Olímpico Internacional se enfrentó a Pekín, Mánchester, Berlín y Estambul. Fue una votación muy igualada. Pekín dominó las tres primeras rondas, con Sídney siempre en segundo lugar. Fue en la votación final cuando todo dio un vuelco y se decidió por solo dos votos de diferencia (45 a 43) que los Juegos del año 2000 serían en Australia.

En 2000 el mundo vivía preocupado por el cambio de número. Había conflictos, guerras y tensiones. Faltaba un año para que todo saltara por los aires, para que nada volviera a ser lo mismo. Para que el mundo cambiara para siempre. Se acababa el segundo milenio. 

Cifras espectaculares

Los Juegos de Sídney se inauguraron el 15 de septiembre. Hasta ese día la antorcha olímpica recorrió 27.000 kilómetros y fue portada por 13.300 relevistas. 10.647 atletas de 200 países lucharon por encontrar la gloria olímpica. Se calcula que en la inauguración participaron más de 12.500 personas y que hubo 50.000 voluntarios.

En Sídney 2000 se entregaron 928 medallas, 301 de oro, 299 de plata y 328 de bronce. Se batieron 25 récords del mundo y 66 olímpicos. La NBC pagó 705 millones de dólares por los derechos de televisión. 220 países pudieron ver los Juegos. 

La atleta aborígen australiana, Cathy Freeman, fue la encargada de encender el pebetero olímpico ante 110.000 espectadores que llenaban el estadio. Freeman se convertía así en la segunda mujer que lo hacía tras Enriqueta Basilio en México 1968. Que Freeman fuese la elegida, estuvo cargado de significado. Los aborígenes no habían sido bien tratados. Fueron excluidos. Hasta 1967 no habían logrado entrar en el censo electoral. 

La ceremonia de inauguración fue emocionante, Cathy Freeman encendió un pebetero en el que se combinaron el agua y el fuego por primera vez. Parecía un presagio de lo que se avecinaba en la competición olímpica. El lema de Sídney 2000 fue “Share the spirit”, comparte el espíritu. 

Agua cubierta de oros

La natación fue el deporte protagonista de los últimos Juegos del segundo milenio. En el agua se batieron catorce plusmarcas mundiales. El Aquatic Center fue el escenario elegido. Donde brillaron las grandes estrellas de estos Juegos. La neerlandesa Inge de Bruijn ganó cuatro medallas en la piscina, tres oros y una plata. Fue campeona olímpica en 50 y 100 metros libre y en 100 metros mariposa. En las dos primeras pruebas tuvo a las mismas acompañantes en el podio, la sueca Therese Alshammar y la estadounidense Dara Torres, plata y bronce respectivamente. Inge de Bruijn fue subcampeona olímpica en 4×100 metros libre. 

En categoría masculina hubo dos grandes protagonistas, el australiano Ian Thorpe y el neerlandés Pieter Van den Hoogenband. Thorpe se colgó cinco medallas (oro en 400 libre, 4×100 y 4×200 libre, plata en 200 libre y 4×100 estilos). VDH subió cuatro veces al podio (oro en 100 y 200 libre y bronce en 50 libre y 4×200 libre). 

La estadounidense Dara Torres ganó cinco medallas en Sídney 2000. Fue oro en 4×100 libre y 4×100 estilos y se colgó tres bronces en 50 y 100 libre y 100 metros mariposa. Estados Unidos, Australia y Países Bajos fueron los tres grandes países en el Aquatic Center.

Tramposa Jones

Cinco medallas se colgó la atleta estadounidense Marion Jones. Campeona olímpica en 100, 200 y 4×400 metros lisos. Bronce en salto de longitud y 4×100. Se la consideró la gran estrella de aquellos Juegos. La mejor deportista de 2000. La gran figura del atletismo mundial. Todo era mentira. Años después confesó que se había dopado y fue desposeída de las cinco medallas. 

El marchador polaco Robert Korzeniowski ganó dos oros en 20 y 50 kilómetros marcha. En la prueba más corta con récord olímpico incluido. Una bestialidad. Inolvidable. Como la remontada del etíope Haile Gebrselassie al keniata Paul Tergat en la recta final de los 10.000 metros. La protagonista de la inauguración, Cathy Freeman, se convirtió en campeona olímpica de 400 metros. Vestida con un traje aerodinámico de una sola pieza, puso en pie a todo el estadio olímpico. 

Fue una de las grandes figuras de los Juegos de 1996. El ruso Alexei Nemov volvió a ser el gran protagonista de la gimnasia artística. En Atlanta ganó seis medallas. En Sídney subió cinco veces al podio olímpico. Fue campeón en la general individual y en barra fija. Subcampeón en suelo. Bronce en caballo con arcos, paralelas y por equipos. En categoría femenina Rumania ganó el oro por equipos dieciséis años después. Las rusas fueron plata y las estadounidenses bronce. 

Once medallas para España

Tras el éxito de Barcelona 92 y la confirmación de Atlanta 96, los Juegos de Sídney 2000 significaron un bajón para el deporte olímpico español. España ganó once medallas, tres oros, tres platas y cinco bronces. Gervasio Deferr en gimnasia, Isabel Fernández en judo y Joan Llaneras en ciclismo en pista se convirtieron en campeones olímpicos. Gabriel Esparza en taekwondo, Rafa Lozano en boxeo y la selección masculina de fútbol fueron subcampeones. Nina Zhivanevskaya en natación, Marga Fullana en Mountain Bike, Alex Corretja y Albert Costa en tenis, María Vasco en atletismo y la selección masculina de balonmano se colgaron las medalla de bronce. 

Estados Unidos y Rusia en lo alto del medallero

Estados Unidos fue el primer país en el medallero con 93 medallas, 37 oros, 24 platas y 32 bronces. Rusia repartió sus 89 metales así: 32 oros, 28 platas y 29 bronces y acabó en segundo lugar. El tercer puesto fue para China con 58 medallas, las mismas que Australia. Los chinos ganaron más oros, 28, por 16 de los australianos.

Fotos: Getty, AFP, AP, Reuters

Deja un comentario