Esther Moya y sus tres medallas de chocolate en Sídney 2000


Llegar a unos Juegos Olímpicos es el sueño de todo deportista. Luchar por las medallas y ganar un oro, una plata o un bronce lo es todavía más. Quedarte a las puertas del podio olímpico es una faena. Que eso te pase tres veces en una misma edición parece surrealista. A la gimnasta Esther Moya (31 de julio de 1984, Vilanova i la Geltrú, Barcelona) le ocurrió en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. No una ni dos. Tres medallas de chocolate. Tres cuartos puestos. O visto de otro modo, tres diplomas.
Moya fue cuarta en la final de suelo. Pero debería haber sido como mínimo tercera y haberse colgado la medalla de bronce que merecía. El público que llenaba el Superdome, unos 20.000 espectadores, se dio cuenta de la injusticia. De cómo se puntuaba más a las rusas y a la rumana Simona Amânar (ganadora de siete medallas olímpicas entre Atlanta 1996 y Sídney 2000). Del público de otros deportes se puede esperar cualquier cosa. Pero quien acude a ver gimnasia artística sabe lo que hay. Es entendido en la materia. Por eso cuando salió la nota de Esther Moya (9.700) comenzó a pitar a los jueces. Fue un robo absoluto.


No era la primera ni la última vez que la gimnasia española salía perjudicada. Solo doce centésimas separaron a Moya del bronce conseguido por Amânar (9.712). La rumana no hizo un mal ejercicio. Pero se salió del tapiz y no fue sancionada por ello. Bronce para Amânar, plata para la rusa Khorkina (9.812) y oro para la también rusa Zamolodchikova (9.850).

Tres cuartos puestos en los mismos Juegos

En la final de la prueba de salto Esther Moya estuvo acompañada por otra española, Laura Martínez. Ambas se quedaron cerca del podio. Martínez fue quinta (9.612) y Moya en el ya sabido cuarto lugar (9.618). En esta ocasión se quedó a un poco más de distancia de la medalla de bronce lograda por la rusa Lobaznyuk (9.674).


Hubo otra circunstancia que podría haber significado el tercer puesto para la española. La subcampeona olímpica, Andrea Raducan (9.693), dio positivo por efedrina. El reglamento de la Federación Internacional de Gimnasia indica que, si una atleta da positivo, serán desposeídas de sus medallas sus compatriotas. De haber sido así, Moya sería bronce olímpico. Raducan fue excluida por el COI del concurso individual completo. El presidente del Comité Olímpico Rumano, Ion Tiriac, confirmó en qué sustancia había dado positivo Raducan. La efedrina no estaba en la lista de productos prohibidos de la Federación Internacional, pero sí en la del Comité Olímpico. Al parecer lo estaba tomando para curarse de un resfriado.
Al saber que no había tomado efedrina para mejorar su rendimiento, mantuvieron su medalla de bronce. El presidente del Comité Olímpico Español por aquel entonces, Alfredo Goyeneche, y la propia Esther Moya reconocieron que hubiera sido injusto que se la quitasen. En salto ganó también Zamolodchikova (9.731).

Unos Juegos enormes

La gimnasia española hizo unos Juegos de Sídney fantásticos. En la prueba por equipos, las chicas quedaron en quinto lugar, igualando así el excelente resultado conseguido en Barcelona 92. Sara Moro, Laura Martínez, Susana García, Marta Cusidó, Paloma Moro y Esther Moya (todas ellas con edades comprendidas entre los 16 y los 18 años) se quedaron a tan solo ocho décimas de las estadounidenses. El seleccionador nacional, Jesús Carballo, no estaba del todo contento con el resultado: “A nosotros nos ha pesado la pequeña historia que tenemos, y a Estados Unidos les han regalado la enorme que tienen”.
Una década más tarde de los Juegos de Sídney, China perdió su medalla de bronce, pasando a manos de Estados Unidos. Tras una larga investigación se descubrió que una de las gimnastas chinas tenía menos de dieciséis años. Algo que no estaba permitido. Dong Fangxiao tenía sólo 14 años. España pasó de la quinta a la cuarta posición. El mejor resultado de la gimnasia española por equipos en los Juegos Olímpicos. La tercera medalla de chocolate de Esther Moya en Sídney 2000. Rumania se hizo con el oro, dieciséis años después de Los Ángeles 1984 y Rusia se colgó la medalla de plata.

FOTO: Shaun Botterill /Allsport