El día que la gimnasia rítmica alcanzó el cielo

Eran solo unas niñas. Renunciaron a estar con su familia, con sus amigos, por formar parte del equipo nacional de gimnasia rítmica. Seis niñas de entre quince y diecisiete años, vivieron y entrenaron juntas con el objetivo de ganar una medalla olímpica en los Juegos de Atlanta. Siempre quedarán unidas a lo que ocurrió el 2 de agosto de 1996 en el Georgia Coliseum. Tarde en la costa este de Estados Unidos, noche en España. 

El camino hasta Atlanta no fue fácil. Sacrificio, esfuerzo, dedicación completa, siete u ocho horas de entrenamiento diario. Con el añadido del control de peso, se subían a la báscula todos los días. En los meses anteriores a la cita olímpica, sus movimientos se basaron en ir del chalet adosado donde vivían al pabellón donde entrenaban y viceversa. 

La búlgara Emilia Boneva fue la seleccionadora nacional de gimnasia rítmica de 1982 a 1996. Acompañada de la entrenadora María Fernández fueron las capitanas del barco olímpico al que se subieron Estíbaliz, Lorena, Tania, Marta, Estela y Nuria. Un barco que llegó a Atlanta con la vitola de ganador de medalla asegurada por los precedentes en los Mundiales celebrados en la primera mitad de la década de los noventa. 

Años de podios

Tras quedar ausente en los Juegos de Barcelona 1992, el programa olímpico recuperó en Atlanta la competición por equipos de la rítmica. En 1991 España había sido campeona del mundo en El Pireo (Grecia). Fueron subcampeonas en el Mundial de 1992 celebrado en Bruselas. En París 1994, España logró una nueva plata por detrás de las rusas. El mismo resultado cosechado en Viena 1995, esta vez por detrás de las búlgaras. Faltaba menos de un año para Atlanta. 

A poco más de un mes para embarcar hacia los Juegos Olímpicos, se celebró el Campeonato del Mundo de Budapest. De nuevo España se colgó la medalla de plata por detrás de Bulgaria. Eran claras favoritas a subir al podio olímpico. 

El 13 de julio de 1996 llegaron al aeropuerto de Barajas a las doce del mediodía. Comenzaban el viaje hacia el día más importante de sus vidas deportivas. El día que todo el mundo recordaría. No alcanzaban la mayoría de edad. Todas habían nacido entre 1979 y 1981. Tania Lamarca lo tenía claro: “Queremos la medalla y estamos contentas de que la gente confíe en que vamos a conseguirla”. 

«El secreto del éxito es el riesgo»

En la gimnasia rítmica cada equipo tiene dos rutinas en competición: una con un solo aparato y otra mixta. Los ejercicios son juzgados por composición y ejecución. Tienes dos minutos para demostrar todo lo que has trabajado durante varios años. Decían que España tenía unos ejercicios arriesgados que podían tirar al suelo sus opciones de subir al podio. La seleccionadora Emilia Boneva aclaraba: “el secreto del éxito es el riesgo”. Y no se equivocaba. 

El 1 de agosto tuvo lugar la calificación. España acabó segunda en los cinco aros por detrás de Rusia. La puntuación de las españolas fue de 19.500. Las rusas sumaron 19.516. En tres pelotas y dos cintas se impuso Bulgaria con 19.550 puntos. España fue segunda con 19.466. 

Se clasificaron para la gran final del día siguiente seis de los nueve países participantes. Bulgaria con 39.016 en primera posición. España en segundo puesto con 38.966 y Rusia en tercer lugar con 38.882. Por detrás quedaron Bielorrusia, Francia y China, pero lejos de las tres primeras. Parecía claro que, salvo hecatombe un día más tarde, los tres primeros países se colgarían una medalla. Faltaba saber el orden.  Quedaron fuera de la final, Italia, Alemania y Estados Unidos. 

Rusia y Bulgaria, las grandes rivales

Rusia y Bulgaria eran los equipos que dominaban la gimnasia artística. Eran los grandes rivales para el sexteto español. Las búlgaras suman 19.416 tras la rutina de cinco aros. Un 10 en composición y un 9.416 en ejecución. Las españolas salen a competir a continuación. La concentración es máxima. La exigencia también. El quinteto español hace un ejercicio fantástico que les coloca en primera posición. Al igual que Bulgaria, consigue un 10 en composición y suma 9.483 en ejecución. Rusia sale después y se queda por detrás de españolas y búlgaras: 9.933 en composición y 9.533 en ejecución. 

Faltan el ejercicio de tres pelotas y dos cintas. Pero en ese momento España encabeza la final con una puntuación de 19.483. Rusia ocupa plaza de subcampeona con 19.466 y Bulgaria sería bronce con 19.416. 

El conjunto búlgaro repite con un 10 en composición y suma 9.450 en ejecución en tres pelotas y dos cintas. La suma total de las dos rutinas es de 38.866, una puntuación inferior a la de la calificación del día anterior. España lo borda. Nuria Cabanillas, que se ha quedado fuera del quinteto en este ejercicio, espera la nota emocionada. 38.933, inferior a la de la calificación, pero por encima de las búlgaras. Solo queda esperar el ejercicio de las rusas. España tiene asegurada la medalla de plata. Falta Rusia para colocar las tres plazas del podio. Las españolas no se lo creen, ni siquiera al verse primeras. La tensión acumulada es tremenda. 

Seis niñas de oro

Las dudas se terminan pronto. Al comienzo del ejercicio ruso, una de las tres pelotas se escapa de las manos de una de las gimnastas. Jaque mate. El oro tiene que ser para España. Y así fue. Rusia sumó 18.966 para un total de 38.365. El conjunto español de gimnasia rítmica se cuelga una medalla de oro histórica. Superando a las dos grandes potencias. A Bulgaria segunda. A Rusia tercera. 

Estela Giménez (17 años y 126 días) , Estíbaliz Martínez (16 años y 85 días), Tania Lamarca (16 años y 94 días), Nuria Cabanillas (15 años y 359 días), Marta Baldó (17 años y 116 días) y Lorena Guréndez (15 años y 87 días) son las seis niñas de oro que lucharon hasta la saciedad por conseguir el objetivo. Un oro inolvidable, mágico, eterno, celestial. 

LA FINAL COMPLETA

https://www.youtube.com/watch?v=yL0PLLAbh10

 

Fotos: GETTY IMAGES

 

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