A las puertas de la gloria olímpica

Quedarse a las puertas de la gloria olímpica. Rozando la medalla por unos pocos metros o por unas centésimas. A España le ocurrió ocho veces durante los Juegos Olímpicos de Tokio. Si se hubieran convertido en medalla, el equipo español habría superado, por fin, el récord de 22 del inolvidable verano de 1992 en Barcelona. Pero el alto nivel es así. Se alcanzan los podios por un estrecho margen. Te quedas con el diploma con sabor a chocolate, con el cuarto puesto, por muy poco. 

 

Mireia siempre está ahí

En la piscina llegó un cuarto lugar inesperado, el de Mireia Belmonte en la prueba más completa de la natación, los 400 metros estilos. Mireia no llegaba en su mejor momento. Tras un año de contratiempos y lesiones defendió su bronce de Río 2016, en la misma prueba, a las mil maravillas. Solo 23 centésimas separaron a la nadadora española de una quinta medalla olímpica que hubiera sido histórica. Ninguna mujer ha sido capaz de subir al podio en unos Juegos con más de treinta años. La proeza se quedó a una brazada. Parece que la experiencia olímpica de la mejor nadadora española de la historia no ha acabado. Quiere llegar a los quintos Juegos de su carrera, a París 2024, con opciones de hacer algo grande. Llegará con 33 años si las lesiones no se lo impiden. Será el más difícil todavía. 

 

La lección de Eusebio Cáceres

A solo tres centímetros del bronce olímpico en salto de longitud, se quedó el alicantino Eusebio Cáceres. Antes del último salto la medalla era para el saltador español. El griego Miltiadis Tentoglou voló en el último intento y ganó el oro con un salto de 8m41cm. Cáceres se tuvo que conformar con los 8m18cm por los 8m21cm del cubano Maykel Massó. El atleta español valoró positivamente su cuarto lugar y reconoció que sus rivales habían sido mejores. Lejos de rendirse, se puso a pensar en los próximos Juegos en los que, porqué no, podría tener una nueva oportunidad de colgarse una medalla olímpica. 

 

 

La marcha española no falla

Hay veces que repetimos frases una y otra vez. La marcha española no falla, es una de ellas. Y es la pura realidad. Los marchadores españoles siempre están entre los mejores, ya sea un Mundial, un Europeo o unos Juegos. En Tokio 2020, hubo cuatro diplomas, tres de ellos fueron cuartos puestos. El campeón de Europa de 20km marcha, Álvaro Martín, se quedó a solo 18 segundos del bronce. En sexto lugar llegó Diego García. María Pérez fue también cuarta a solo 8 segundos del podio. En los 50km marcha, Marc Tur, fue cuarto a tan solo nueve segundos del tercero. 

 

 

 

Rozando las medallas en vela

Pocas veces hemos visto a la vela española fuera de los puestos de honor en unos Juegos Olímpicos. En los de Tokio 2020 hubo un poco de todo. Dos bronces, decepciones y, por supuesto, medallas de chocolate. Concretamente dos. Más cerca del podio no se pudieron quedar. En ambos casos optaban a medalla y se quedaron con la miel en los labios. Támara Echegoyen y Paula Barceló fueron cuartas a tan solo un punto de las terceras clasificadas en la clase 49erFX. Más rabia dio el cuarto puesto de Iago López y Diego Botín en 49er. Acabaron con la misma puntuación que los alemanes, terceros, pero el sistema de desempate impidió que subieran al tercer cajón del podio olímpico. 

 

 

 

El cuarto lugar más amargo

Apuntaban a una medalla tras una trayectoria impecable. Pudo ser de oro o plata. También de bronce. Pero se quedó en medalla de chocolate la actuación de la selección masculina de waterpolo. Cinco victorias en cinco partidos disputados auguraban algo grande. La victoria contra Estados Unidos en cuartos de final aseguró la lucha por el podio. En semifinales volvió a aparecer Serbia, uno de los rivales de la primera fase. En el primer encuentro se les ganó, pero en este no. Tocaba jugar por el bronce contra Hungría. De nuevo derrota y para casa con un cuarto lugar amargo. 

 

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