A las puertas de la gloria olímpica

Quedarse a las puertas de la gloria olímpica. Rozando la medalla por unos pocos metros o por unas centésimas. A España le ocurrió ocho veces durante los Juegos Olímpicos de Tokio. Si se hubieran convertido en medalla, el equipo español habría superado, por fin, el récord de 22 del inolvidable verano de 1992 en Barcelona. Pero el alto nivel es así. Se alcanzan los podios por un estrecho margen. Te quedas con el diploma con sabor a chocolate, con el cuarto puesto, por muy poco. 

 

Mireia siempre está ahí

En la piscina llegó un cuarto lugar inesperado, el de Mireia Belmonte en la prueba más completa de la natación, los 400 metros estilos. Mireia no llegaba en su mejor momento. Tras un año de contratiempos y lesiones defendió su bronce de Río 2016, en la misma prueba, a las mil maravillas. Solo 23 centésimas separaron a la nadadora española de una quinta medalla olímpica que hubiera sido histórica. Ninguna mujer ha sido capaz de subir al podio en unos Juegos con más de treinta años. La proeza se quedó a una brazada. Parece que la experiencia olímpica de la mejor nadadora española de la historia no ha acabado. Quiere llegar a los quintos Juegos de su carrera, a París 2024, con opciones de hacer algo grande. Llegará con 33 años si las lesiones no se lo impiden. Será el más difícil todavía. 

 

La lección de Eusebio Cáceres

A solo tres centímetros del bronce olímpico en salto de longitud, se quedó el alicantino Eusebio Cáceres. Antes del último salto la medalla era para el saltador español. El griego Miltiadis Tentoglou voló en el último intento y ganó el oro con un salto de 8m41cm. Cáceres se tuvo que conformar con los 8m18cm por los 8m21cm del cubano Maykel Massó. El atleta español valoró positivamente su cuarto lugar y reconoció que sus rivales habían sido mejores. Lejos de rendirse, se puso a pensar en los próximos Juegos en los que, porqué no, podría tener una nueva oportunidad de colgarse una medalla olímpica. 

 

 

La marcha española no falla

Hay veces que repetimos frases una y otra vez. La marcha española no falla, es una de ellas. Y es la pura realidad. Los marchadores españoles siempre están entre los mejores, ya sea un Mundial, un Europeo o unos Juegos. En Tokio 2020, hubo cuatro diplomas, tres de ellos fueron cuartos puestos. El campeón de Europa de 20km marcha, Álvaro Martín, se quedó a solo 18 segundos del bronce. En sexto lugar llegó Diego García. María Pérez fue también cuarta a solo 8 segundos del podio. En los 50km marcha, Marc Tur, fue cuarto a tan solo nueve segundos del tercero. 

 

 

 

Rozando las medallas en vela

Pocas veces hemos visto a la vela española fuera de los puestos de honor en unos Juegos Olímpicos. En los de Tokio 2020 hubo un poco de todo. Dos bronces, decepciones y, por supuesto, medallas de chocolate. Concretamente dos. Más cerca del podio no se pudieron quedar. En ambos casos optaban a medalla y se quedaron con la miel en los labios. Támara Echegoyen y Paula Barceló fueron cuartas a tan solo un punto de las terceras clasificadas en la clase 49erFX. Más rabia dio el cuarto puesto de Iago López y Diego Botín en 49er. Acabaron con la misma puntuación que los alemanes, terceros, pero el sistema de desempate impidió que subieran al tercer cajón del podio olímpico. 

 

 

 

El cuarto lugar más amargo

Apuntaban a una medalla tras una trayectoria impecable. Pudo ser de oro o plata. También de bronce. Pero se quedó en medalla de chocolate la actuación de la selección masculina de waterpolo. Cinco victorias en cinco partidos disputados auguraban algo grande. La victoria contra Estados Unidos en cuartos de final aseguró la lucha por el podio. En semifinales volvió a aparecer Serbia, uno de los rivales de la primera fase. En el primer encuentro se les ganó, pero en este no. Tocaba jugar por el bronce contra Hungría. De nuevo derrota y para casa con un cuarto lugar amargo. 

 

Grandes dominadores del deporte mundial: Al Oerter y el lanzamiento de disco

Solo cuatro deportistas han sido capaces de ganar cuatro oros olímpicos consecutivos en una misma prueba. Un regatista (Paul Elvstrøm) un lanzador de disco (Al Oerter) un saltador de longitud (Carl Lewis) y un nadador (Michael Phelps). Alfred Oerter (Astoria, Nueva York, 19 de septiembre de 1936-Fort Myers, Florida, 1 de octubre de 2007) fue cuádruple campeón olímpico de lanzamiento de disco entre 1956 y 1968. Doce años de dominio absoluto de Melbourne a México pasando por Roma y Tokio. Desde los 20 a los 32 años. Batió el récord mundial en cuatro ocasiones también entre 1962 y 1964.

Melbourne 1956

Su primer oro llegó en Melbourne 1956. Participó en aquellos Juegos por casualidad. Oerter solo había podido ser cuarto en las pruebas de la selección estadounidense. La lesión de uno de los tres lanzadores clasificados, Ron Drummond, le valió para ser repescado. Le cambió la vida. En el Cricket Ground de Melbourne y con solo 20 años dio la sorpresa. 

En el primero de sus seis lanzamientos, batió el récord olímpico con una marca de 56,36 metros. Ninguno de sus rivales pudo superar esa marca en los cinco intentos restantes. Oro de ley para Al Oerter con récord incluido. La plata fue para el también estadounidense Fortune Gordien. El recordman mundial en ese momento fue subcampeón olímpico con una marca de 54,81. El bronce también fue estadounidense. Lo logró Des Koch con un mejor lanzamiento de 54,40 metros. 

Roma 1960

 

El segundo oro olímpico de Al Oerter llegó en Roma 1960. De nuevo sus grandes rivales eran del equipo estadounidense. Y por segunda vez consecutiva volvió a imponerse. En esta ocasión hubo que esperar al quinto lanzamiento para ver el disco más lejos que ninguno de los participantes. Con los 59,18 metros batió su propio récord olímpico conseguido cuatro años antes en Melbourne. 

 

Como ya ocurriera en 1956, el podio fue ocupado por tres estadounidenses. La plata fue para Rink Babka con 58,02. Dick Cochran se colgó el bronce con un mejor lanzamiento de 57,16 metros. 

Cuatro récords mundiales

Entre 1962 y 1964 Al Oerter batió cuatro veces el récord del mundo. En mayo de 1962 superó los 61 metros por primera vez, 61,10. Ese mismo año lo superó con 62,45 metros. Ya en 1963 dejó la mejor marca mundial de disco en 62,62. Meses antes de la cita olímpica de 1964, dejó el récord del mundo en 62,94 metros. 

Tokio 1964

Llegaba Al Oerter a Tokio 1964 con dos medallas de oro olímpicas en el cajón. Su actuación en el Estadio Olímpico de Tokio fue épica. Compitió con collarín por una lesión en las vértebras. El checoslovaco Ludvik Danek llegó a Japón siendo el poseedor del récord mundial de disco. Gran favorito, en un día de frío y lluvia, Danek comenzó liderando la prueba desde el primer lanzamiento. 

Fue en el quinto intento cuando Oerter se quitó el collarín e hizo un lanzamiento sensacional alcanzando los 61 metros, de nuevo récord olímpico. Ganó la medalla de oro por tercera vez seguida, pero agravó la lesión y estuvo sin competir durante un año. Danek se tuvo que conformar con la plata con una mejor marca de 60,52. El estadounidense Dave Weill ganó el bronce con 59,49 metros. 

México 1968

Los Juegos de México 1968 fueron históricos por muchas razones. Todos los focos de aquella cita estuvieron puestos en otros protagonistas. Poco se habla de que Al Oerter ganó su cuarta medalla olímpica de oro consecutiva. Y por cuarta vez llegó sin ser favorito a la victoria. A pesar de tener en sus manos tres oros en las últimas tres ediciones. El también estadounidense Jay Silvester había dejado el récord mundial muy cerca de los 70 metros y era el principal candidato al oro.

De nuevo Oerter volvió a ganar. Esta vez fue el tercero de sus lanzamientos el que le dio la cuarta medalla olímpica que llegó con el cuarto récord olímpico para el discóbolo americano. 64 metros y 78 centímetros le valieron para convertirse en el primer atleta en ganar cuatro oros olímpicos consecutivos en una misma prueba. El alemán Lothar Milde tuvo que conformarse con la plata con un lanzamiento de 63,08. El checoslovaco Ludvik Danek, subcampeón en Tokio 1964, fue bronce con una marca de 62,92 metros. 

Al Oerter fue el abanderado de Estados Unidos en la ceremonia de clausura de los Juegos de México. Veinte años después de su último oro olímpico, a los 52 todavía fue capaz de lanzar el disco por encima de los 60 metros. Incluso llegó a fantasear con llegar a los Juegos de Moscú 80. La edad y el boicot estadounidense se lo impidieron. 

Fotos: AP, GETTY

 

España en los Europeos de atletismo bajo techo

En 1970 se celebró el primer Campeonato de Europa de atletismo bajo techo.  Se trata de una competición que se celebra cada dos años, pero hasta 1990 se competía anualmente. España sumó tres metales en Viena: una plata y dos bronces en la primera edición. De 1971 a 1978, España solo pudo sumar finalistas. Ningún podio.

Hubo que esperar a Viena 1979 para ver una medalla española. Significó el primer oro y por lo tanto el primer campeón de Europa indoor de nuestro país. Antonio Páez se subió a lo más alto del podio en los 800 metros lisos. Fue la única medalla para España en aquellos Europeos. Páez volvería a subir al podio en otras dos ocasiones. Fue tercero en Grenoble 1981 y de nuevo oro europeo en Milán 1982. El atleta granadino fue el primer español que encabezó un ránking mundial, gracias a sus grandes resultados en los 800 metros.


En aquel Europeo celebrado en Milán en 1982 llegó otro oro para España. José Luis González abría las puertas a una época fantástica de los españoles en los 1.500 metros. En aquella cita italiana, José Manuel Abascal (bronce olímpico dos años más tarde en Los Ángeles) fue subcampeón de Europa. Benjamín González en 400 metros y Colomán Trabado en 800 metros cerraron con cinco medallas el que hasta ese momento era el mejor Europeo para España.

Budapest fue la ciudad organizadora de los Europeos de 1983. Colomán Trabado ascendió dos posiciones para proclamarse campeón de Europa de 800 metros. Confirmando así el gran nivel de los atletas españoles en el medio fondo. En Atenas 1985 llegaron tres medallas para España. Dos llegaron en el 1.500. José Luis González se colgó la medalla de oro y José Luis Carreira la de bronce.

Madrid organizó los Europeos Indoor de 1986

Madrid fue la sede de los Europeos bajo techo de 1986. El equipo español ganó cinco metales. José Luis González fue de nuevo campeón de Europa en 1.500 metros. También se colgó la medalla de oro, Javier Moracho en los 60 metros vallas. Un año después en el Europeo de Lievin (Francia) José Luis González volvió a lo más alto del podio. Esta vez en los 3.000 metros. Medalla y prueba que repitió un año más tarde en Budapest.

En el Campeonato de Europa de Lievin, celebrado en 1987, llegaron las primeras medallas femeninas en una cita europea bajo techo. Blanca Lacambra fue plata en los 200 metros y Cristina Pérez fue bronce en 400. En esta última prueba, Cayetano Cornet se proclamó campeón de Europa en La Haya 1989.

El siguiente oro español lo encontramos en Génova 1992. Sandra Myers se convirtió en la primera española campeona de Europa bajo techo. Lo consiguió en los 400 metros lisos. Luis Javier González también subió a lo más alto del podio europeo en 800 metros.

El Campeonato de Europa celebrado en Estocolmo en 1996 se cerró con cuatro oros para España. Sandra Myers en 200, Roberto Parra en 800, Mateo Cañellas en 1.500 y Anacleto Jiménez en 3.000 metros, fueron los grandes triunfadores. Cuatro años después en Gante 2000, José Antonio Redolat fue oro en 1.500 metros.

Diez medallas llegaron desde Austria

Viena 2002 fue una auténtica exhibición del equipo español. Es cierto que algunas de las medallas son sospechosas de dopaje por el historial de varios atletas. Cuatro oros, tres platas y tres bronces que significaban en ese momento el mejor Europeo indoor para España. Hay que destacar nombres míticos como el de Manolo Martínez, oro en lanzamiento de peso. Yago Lamela, plata en salto de longitud, Juan Carlos Higuero plata en 1.500 o Jesús España, bronce en 3.000 metros.

Doce medallas en casa

Lo mejor estaba por llegar. Madrid organizó el Europeo de atletismo bajo techo en 2005. Doce medallas para los atletas españoles. Un oro de Joan Lino Martínez en salto de longitud, seis platas y cinco bronces. El mejor campeonato en número de medallas para España. Tres medallas llegaron gracias a tres grandes mujeres del atletismo español. Ruth Beitia fue plata en salto de altura. Mayte Martínez también subió al segundo cajón del podio en 800 metros y Carlota Castrejana fue bronce en triple salto.

 

Triplete en 1.500 y oro en triple salto

Birmingham fue la ciudad sede en 2007. Juan Carlos Higuero que había sido segundo dos años atrás, se proclamó campeón de Europa de 1.500 metros. En esa prueba se produjo un triplete español sensacional. Sergio Gallardo fue plata y Arturo Casado bronce. Carlota Castrejana, también hizo historia al ser oro en triple salto. España sumó diez medallas, dos oros, cuatro platas y cuatro bronces.

A partir de 2009 se puede decir que España se han mantenido en una horquilla de dos a cinco medallas. Se cuentan con los dedos de una mano las conseguidas en Turín 2009 donde Natalia Rodríguez fue campeona de Europa de 1.500 metros. En la misma prueba, pero dos años después en París, Juan Carlos Olmedo se colgó la medalla de oro.

Ruth Beitia se proclamó campeona europea de salto de altura en Goteborg 2013. Isabel Macías fue subcampeona en 1.500 metros. Beitia fue plata en Belgrado 2017, campeonato en el que llegó la medalla de oro en 3.000 metros de Adel Mechaal.

En 2019 el Europeo indoor se celebró en Glasgow. España logró seis medallas: Ana Peleteiro, Jorge Ureña y Álvaro de Arriba fueron oro en triple salto, heptatlón y 800 metros lisos respectivamente. Óscar Husillos y el relevo 4×400 se colgaron la medalla de plata. Jesús Gómez fue bronce en 1.500 metros. 

España suma 114 medallas en total en Campeonatos de Europa bajo techo: 32 oros, 46 platas y 36 bronces y ocupa los primeros puestos del medallero. Lejos eso sí de Rusia y Alemania, los dos países que lo dominan.

 

Fotos: AP, AFP, EFE, GETTY

 

Lugares mágicos del deporte a los que probablemente nunca iremos

Soñar es gratis y mientras la vida nos lo permita deberíamos seguir soñando. Lo que no es gratis y es bastante más complicado de cumplir, es poder ir a lugares mágicos del deporte. Esos a los que probablemente nunca iremos. Son recintos que forman parte de la historia. Algunos inalcanzables. Otros que formaron parte del mundo olímpico. Lugares que nos dejan con la boca abierta cuando los vemos por televisión y sentimos envidia sana de aquellos privilegiados que han podido disfrutarlos. 

Augusta National Golf Club

Probablemente sea el campo de golf más bonito del planeta. La sede del Masters de Augusta tiene algo mágico, especial. Su belleza impresiona. El Augusta National Golf Club, situado en la ciudad de Augusta, estado de Georgia, fue inaugurado en enero de 1933. Sus preciosos colores verdes, como la chaqueta que se entrega al vencedor, y su luminosidad nos dejan con la boca abierta. El golfista que más veces ha ganado allí ha sido el estadounidense Jack Nicklaus. Seis veces se ha enfundado la chaqueta verde y en cuatro ocasiones se ha quedado a las puertas de ganar. 

All England Lawn Tennis & Croquet Club

El torneo de tenis de Wimbledon es el más antiguo. Lleva celebrándose desde 1877. No sabemos si será por eso, pero asistir a un partido en la Centre Court parece algo único. Desde 2009 cuenta con techo retráctil. Allí han visto ganar a la checa Martina Navratilova en nueve ocasiones y al suizo Roger Federer en ocho. Y probablemente en esa magnífica pista central tuvo lugar en 2008 el mejor partido de tenis de todos los tiempos. Rafa Nadal ganó a Roger Federer en cinco sets memorables.

Hampden Park

En este estadio de fútbol situado en la ciudad escocesa de Glasgow tuvo lugar el denominado mejor partido de la historia. El 18 de mayo de 1960 el Real Madrid ganaba su quinta Copa de Europa tras vencer a los alemanes del Eintracht de Frankfurt por 7 goles a 3. Más de 130.000 espectadores vieron como Puskas anotó cuatro goles y Di Stéfano otros tres. Hampden Park fue inaugurado en 1903 y remodelado en 1999. Allí marcó Zinedine Zidane el que probablemente sea el mejor gol de las finales de la Copa de Europa, era 15 de mayo de 2002 y el Madrid se adjudicó su novena orejona. 

Madison Square Garden

Inaugurado el 11 de febrero de 1968, el Madison Square Garden tiene ese punto mágico necesario para que muchos deportistas y aficionados quieran cruzar sus puertas. Grandes partidos de baloncesto de la NBA, de hockey sobre hielo y combates de boxeo, hacen que sea visita obligada si vas a Nueva York. Está situado en el cruce entre las avenidas séptima y octava de las calles 31 a 33 en Manhattan. 

Philippe-Chatrier

La pista central del torneo de tenis de Roland Garros fue construida en 1928. En la Philippe Chatrier, ahora con techo para resguardarse de la lluvia parisina, han visto ganar a Rafa Nadal en trece ocasiones. ¿Habrá alguien que haya estado en esas trece finales? Es historia del tenis y del deporte mundial. Es la catedral de la tierra batida. La segunda casa de Nadal. Otro lugar mágico al que probablemente nunca iremos. 

Centro Acuático Nacional o Cubo de Agua de Pekín

El Cubo de Agua fue la sede de la natación de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Allí vieron algo que seguramente no se volverá a repetir jamás. El nadador estadounidense Michael Phelps, ganó ocho medallas de oro en aquella mágica piscina. Comenzó a construirse a finales de 2003 y se terminó meses antes de los Juegos de 2008. Será la sede del curling en los Juegos de invierno de 2022. 

Estadio Nacional o Nido de Pájaro de Pekín

El Nido de Pájaro fue la sede del atletismo en Pekín 2008. Allí vieron volar sobre el tartán a un atleta jamaicano llamado Usain Bolt. Ganó dos medallas de oro y batió los récords mundiales de 100 y 200 metros lisos. Comenzó a construirse en diciembre de 2003 y se terminó en septiembre de 2007. También será el estadio de los Juegos de invierno de Pekín 2022. 

Fotos: Getty, Reuters, ten-golf.com,

Pionero Llopart

En 1978 España estaba de estreno. La recién nacida democracia supuso un soplo de aire fresco. Sin embargo, en deporte, las cosas marchaban regular. Lejos quedaban ya las victorias de Federico Martín Bahamontes o de Luis Ocaña en el Tour de Francia, los triunfos de Manolo Santana en tenis o aquel oro olímpico de Paco Fernández Ochoa en esquí en Sapporo 1972.  Faltaba poco para que Severiano Ballesteros ganase su primer Major de golf. El atletismo no contaba con figuras de renombre. Mariano Haro había sido cuarto y sexto (dos diplomas olímpicos) en los 10.000 metros lisos de los Juegos de Múnich y de Montreal respectivamente, pero poco más que destacar.

El estadio Rosicky de Praga vivió un momento histórico para el atletismo de nuestro país

El 2 de septiembre de 1978, Jordi Llopart Ribas, nacido en el Prat de Llobregat (Barcelona) en 1952, se convirtió en otro de los grandes pioneros del deporte español. Se proclamó campeón de Europa de 50 km marcha. Aquel oro significó el primer metal para España en una gran competición de atletismo. Por primera vez sonaba el himno español y nuestra bandera era la más alta de todas. Ocurrió en el estadio Rosicky de Praga. Momento histórico y único. Llopart inscribió su nombre con letras de oro como campeón de Europa y en una prueba tan dura y exigente como los 50 km marcha.

Aquel día se pasaron los primeros 10km de 48:32, los 20 en 1h35’14». En el kilómetro 30, el atleta catalán lidera la prueba acompañado por otros nueve marchadores. En el paso por el kilómetro 40 quedan cuatro atletas en el grupo de cabeza: Llopart, el soviético Soldatenko, el polaco Ornoch y el italiano Bellucci. Es ahí cuando el español decide atacar y dejarlos atrás caminando hacia la victoria.

Llopart pasa el kilómetro 45 en 3h30’34» y se encamina hacia el oro europeo. Cuando el cronómetro marca las 3h53’29» Jordi Llopart cruza la línea de meta y hace historia para España con la primera medalla en un gran campeonato para nuestro país. Ni más ni menos que un oro europeo. Un momento mágico e inolvidable para el atletismo español. «Ha sido un sueño hecho realidad» dijo Llopart tras la victoria en Praga.

Llopart fue también el primer atleta español en subir a un podio olímpico

El segundo clasificado fue el soviético Veniamin Soldatenko que llegó con un tiempo de 3h55’12» y tercero el polaco Jan Ornoch con 3h57’23». Dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Moscú , Jordi Llopart volvería a hacer historia al conseguir la primera medalla olímpica del atletismo español. El 30 de julio de 1980 se colgó la medalla de plata en 50km marcha. Fue oro el alemán Hartwig Gauder y bronce el soviético Yevgueni Ivchenko.

Pionero Llopart participó años más tarde en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 quedando en séptimo lugar (diploma). En Seúl 88 acabó en el puesto decimotercero. Ocho oros en el Campeonato de España de 50 y uno en 20 km marcha adornan su brillante palmarés. Además fue el entrenador de Daniel Plaza, campeón olímpico de 20 km marcha en Barcelona 92.

 

FOTOS: L´Esportiu, Vavel y hemeroteca Mundo Deportivo

Mis fotos deportivas preferidas: el oro de Fermín Cacho en Barcelona 92

8 de agosto de 1992. Estadio Olímpico de Montjuic. Los Juegos de Barcelona están a un día de clausurarse y se produce una de las imágenes que valdrán para recordarlos toda la vida. Así ha sido y así será al menos para el olimpismo español hasta que no quede nadie en este mundo. El gran protagonista de la fotografía de Mike Hewitt es el atleta soriano Fermín Cacho (Ágreda, Soria, 16 de febrero de 1969). La imagen no puede ser mejor. Es perfecta. Cacho está a punto de cruzar la meta como campeón olímpico de los 1.500 metros, abre los brazos y celebra la medalla de oro que le cambia la vida. Parece que vuela sobre el tartán, porque en el momento del disparo ninguno de sus dos pies está tocando el suelo de la calle uno. 

Dicen que los números capicúa dan buena suerte. Solo hay que fijarse en el dorsal de Cacho, el 404, para comprobarlo. Buena suerte y mucho trabajo es lo que hace falta para alcanzar la gloria olímpica. Para convertirte en inmortal como les ocurre a todos los campeones. Decía Luis Aragonés que del segundo clasificado no se acuerda nadie. Es verdad que una plata está muy bien. Pero que alguien nos diga, sin mirarlo en ningún sitio, quién fue el subcampeón en aquella final histórica para el atletismo español. Cuenta Cacho que había soñado muchas veces con aquella carrera y que en todas ganaba él. Estaba convencido de que ganaría y así fue.  

Para la posteridad

Además de al campeón, en la foto vemos a otros diez de los participantes en aquella final de 1.500 metros. A todos menos al marroquí Rachid El-Basir, medalla de plata. Sí vemos al dorsal 1443, el catarí Mohamed Suleiman, tercer clasificado. Al cuarto clasificado, el keniata Joseph Chesire, lo tapa Cacho. Al quinto, el también keniata Jonah Birir, lo tapa Suleiman. El hombre que lleva el dorsal 812, es el segundo europeo clasificado en la final, el alemán Jens-Peter Herold. El resto aparecen con las caras difuminadas pero sabemos quiénes son. El argelino Morceli, el estadounidense Spivey, Hood el canadiense, Kibet, el tercer keniata de la final, el español Manuel Pancorbo y Rakipov del equipo unificado. 

Una imagen que, pasen los años que pasen, permanece intacta en los recuerdos de los amantes de los Juegos Olímpicos y del atletismo. 

MIKE HEWITT/GETTY IMAGES

España en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000

Llegaba España a los Juegos de Sídney 2000 tras haber sacado matrícula de honor en Barcelona 1992 y tras una actuación muy buena en Atlanta 1996. Los precedentes eran 22 y 17 medallas respectivamente. Por eso las once medallas ganadas en tierras australianas fueron un jarro de agua fría. Los tres oros, las tres platas y los cinco bronces supusieron un bajonazo para el equipo olímpico español. Es verdad que los diplomas fueron muchos, más de cuarenta, concretamente cuarenta y tres. También es cierto que los cuartos puestos fueron once. Que los quintos fueron seis. Pero al final de unos Juegos lo que todo el mundo mira son las medallas, la posición de cada país en el medallero. España acabó en la vigesimoquinta posición. 

La delegación española en Sídney fue la más numerosa de la historia tras la de Barcelona 92. Trescientos veintiún atletas, doscientos dieciséis hombres y ciento cinco mujeres, viajaron a Australia en busca de la gloria olímpica. Los once metales españoles llegaron en once deportes diferentes. Otro indicador claro de lo que ocurrió. Es raro que España no repita podio en uno o más deportes en una misma edición de los Juegos. Judo, natación, ciclismo en pista, mountain bike, gimnasia artística, taekwondo, tenis, atletismo, fútbol, boxeo y balonmano fueron las disciplinas donde se colgaron las medallas. 

Tres días para inaugurar el medallero

Tres días tardó España en inaugurar su medallero. Y lo hizo por partida doble gracias a dos mujeres el 18 de septiembre de 2000. La judoca Isabel Fernández ganó la medalla de oro en judo y la nadadora Nina Zhivanevskaya se colgó el bronce olímpico en natación. 

Isabel Fernández llegaba a Sídney como una de las grandes favoritas a las medallas. Cuatro años antes, en Atlanta 96, había sido bronce. Varias medallas europeas. Campeona del mundo y de Europa en la categoría de menos de 57 kilos, buscaba la triple corona. Y lo consiguió. Sumaba así una nueva medalla para el judo español tras los dos oros de Barcelona y la plata y los dos bronces ganados en Atlanta. 

Con el oro olímpico, la judoca alicantina, igualaba a Miriam Blasco y conquistaba la triple corona. El camino hacia el oro comenzó contra la mongola Erdenet a la que ganó en tan solo dos minutos. Después ganó por Yuko a la estadounidense Wilson. En el siguiente combate se impuso a la japonesa Kusakabe por Koka. El pase a la final lo logró por Yusei-Gachi (lo decidieron los jueces). 

En la final se impuso a la cubana Driulys González. La rival que le quitó el título en el último Mundial. Esta vez no fue así. Isabel Fernández ganaba el oro gracias a un Waza-Ari. “Tantos años soñando con esto y ahora no me lo creo, todavía no sé lo que he conseguido. Dentro de unos días, miraré la medalla, la tocaré y entonces me lo creeré” dijo la campeona olímpica española. 

La primera nadadora

Nina Zhivanevskaya se convirtió en la primera nadadora española en ganar una medalla olímpica. Nacida en Rusia pero nacionalizada española, ganó el bronce en los 100 metros espalda. Para ello tuvo que batir su propio récord de España con un tiempo de 1:00.89. Nina tuvo que remontar. En los primeros cincuenta metros iba en quinto lugar. 

Zhivanevskaya ya había sido bronce olímpico ocho antes. En Barcelona 92 ganó con el Equipo Unificado, cuando aún era rusa, el 4×100 estilos. “Estoy muy contenta. Es mi primera medalla olímpica individual. Me siento feliz, pero siempre quiero más. Quiero el oro” dijo tras subir al podio. Treinta y cuatro centésimas le separaron de la plata y sesenta y ocho de ser campeona. 

Unos días después tuvo una segunda oportunidad para lograrlo en los 200 metros espalda. La prueba que mejor se le había dado ese año. Esa y no la lograda en los 100, era la medalla “segura” en Sídney. Nina acabó sexta. Un diploma que supo a poco. 

El rey de la pista

En Atlanta 1996 acabó sexto en la prueba de puntuación. Fue una decepción total cuando estaba luchando por las medallas. Joan Llaneras, el mejor pistard español de todos los tiempos, se convirtió en campeón olímpico el 20 de septiembre de 2000. El velódromo Dunc Gray vio cómo se tomaba la revancha y ganaba la primera de sus cuatro medallas olímpicas. El oro olímpico se había convertido en una obsesión y logró el sueño de todo deportista. 

“Soy el tío más feliz del mundo. Siempre pensé que en Atlanta merecía más de lo que conseguí. Luego gané cuatro mundiales, pero lo que más quería era esta victoria. Me he tirado cuatro años entrenando solo para esto” dijo Llaneras. Sin duda uno de los más grandes deportistas españoles de la historia. Siempre estará en los primeros lugares del medallero olímpico de nuestro país.  Un día más tarde de alcanzar la gloria y de colgarse la medalla de oro, acabó decimotercero en la prueba de Madison junto a Isaac Gálvez. Ya era campeón olímpico y eso era lo importante. 

El bronce agridulce de Marga Fullana

El 23 de septiembre de 2000 llegó la cuarta medalla para España en los Juegos de Sídney. La tercera de una mujer. Marga Fullana llegaba como bicampeona del mundo de mountain bike y sin duda como una de las grandes favoritas a las medallas y sobre todo a la de oro. Tres meses antes de los Juegos, había arrasado en el Mundial celebrado en Sierra Nevada donde logró la medalla de oro con una ventaja de tres minutos y medio sobre la subcampeona, la canadiense Alison Sydor

La ciclista española lideró buena parte de la prueba hasta que se cayó. La carrera tenía 35 kilómetros de recorrido. Fue a nueve del final cuando todo comenzó a torcerse. La italiana Paola Pezzo (bronce mundial y oro olímpico en Atlanta 96) se cruzó en la trayectoria de Fullana que acabó en el suelo. Y no solo eso, la suiza Barbara Blatter también superó a la balear. Una medalla de bronce que llegó con polémica. La reclamación no prosperó y Fullana se tuvo que conformar con el tercer puesto.

“Sin mi caída no sé quién hubiera ganado, si Pezzo o yo, pero por lo menos me ha privado de la posibilidad de disputarle la victoria. Quizás dentro de unos días valoraré esta medalla, pero ahora me sabe a poco, había venido a por el oro”. Así ha recordado dos décadas después cómo logró aquel bronce en el diario Última Hora : https://www.ultimahora.es/deportes/otros-deportes/2020/08/31/1193087/anos-del-hito-olimpico-marga-fullana.html

No fue la última participación olímpica de Fullana. También formó parte de la delegación española en Atenas 2004 y Pekín 2008. 

La primera de Deferr

Diecinueve años tenía Gervasio Deferr cuando se colgó la medalla de oro en los Juegos de Sídney el 25 de septiembre de 2000. En ese momento nadie lo sabía, pero ocho años más tarde terminaría su trayectoria olímpica con otras dos medallas más, un oro y una plata. Pocos deportistas españoles pueden presumir de haber ganado una medalla en tres Juegos Olímpicos consecutivos

El Superdome le vio proclamarse campeón olímpico en la prueba de salto. Su especialidad era el suelo, pero no logró clasificarse para la final. Salió a por todas y se colgó el oro con dos saltos sensacionales. La medalla en este aparato no estaba en las quinielas. Pero lo bordó. Clavó los dos intentos. Da gusto verlos repetidos una y otra vez. El primero fue puntuado con 9.800 y el segundo con 9.625. Resultado final: 9.712. Campeón olímpico sin haber llegado a la veintena. Gigante. Irrepetible Gervasio Deferr. Superó al ruso Bondarenko (9.587) y al polaco Blanik (9.475). 

“Esta medalla es muy importante porque premia el esfuerzo no solo mío, sino de toda la gimnasia española, que ha subido mucho de nivel. Es como para flipar, estoy aquí, en los Juegos Olímpicos, con todos los mejores y de repente voy y gano un aparato. Y encima que no es el mío. Es increíble”. 

España sumaba cinco medallas, tres oros y dos bronces. Tres mujeres y dos hombres ya formaban parte de la historia olímpica española. Quedaba menos de una semana para intentar mejorar el resultado. 

Esparza abre la lata del taekwondo

El taekwondo debutó como deporte olímpico oficial en los Juegos de Sídney. El 27 de septiembre llegó la medalla de Gabriel Esparza en la categoría de menos de 58 kilos practicante de taekwondo desde que tenía siete años. Llegaba siendo tricampeón europeo y subcampeón mundial.

Participaron catorce taekwondistas. El español pasó exento a los cuartos de final donde se impuso al marroquí Sekkat por 3 a 1. En semifinales se enfrentó al húngaro Salim al que venció claramente por 5 a 0. 

En la gran final le tocó enfrentarse contra el griego Mouroutsos. Estuvieron igualados en los dos primeros asaltos. Pero en el tercero ganó el griego con claridad. Oro para él y plata para el español. 4 a 2 fue el resultado. 

“He perdido por burro. Me duele no haber logrado el oro, pero en frío seguro que me sentiré bien. El griego ha sido más listo que yo en el último minuto” dijo Esparza. 

El tenis nunca falla

El mismo día que Gabriel Esparza se convirtió en subcampeón olímpico, los tenistas Albert Costa y Álex Corretja ganaron la medalla de bronce en el torneo de dobles. En primera ronda vencieron a los argentinos Chela y Zabaleta en dos sets (6-3 y 6-4). En el siguiente partido tuvieron que remontar ante los checos Novak y Rikl. Perdieron el primer set 6-7 y se impusieron en los siguientes por 7-5 y 6-4. 

En cuartos de final los tenistas españoles tuvieron que volver a remontar. Esta vez a los bielorrusos Mirnyi y Volchkov. El resultado fue 6-7, 6-3 y 7-5. En semifinales llegaron palabras mayores. Se cruzaron contra los australianos Woodbridge y Woodforde. Cayeron por 6-3 y 7-6. 

En el partido por la medalla de bronce, de nuevo otra remontada para ganar. Perdieron el primer set contra los sudafricanos Adams y De Jager por 2-6. Después ganaron el segundo y el tercero por 6-4 y 6-3 respectivamente. El New South Wales Tennis Centre vio como Costa y Corretja se pegaban un pico como habían prometido si ganaban una medalla.

“Participar en unos Juegos es muy bonito, pero ganar una medalla es la leche y además con Albert, que es uno de mis mejores amigos en el circuito” dijo Corretja. “Un triunfo así solo se puede comparar con la Copa Davis, pues aunque lo consigues tú luego sientes que lo compartes con todo el equipo” celebró el bronce Costa.  

La histórica medalla de María Vasco

Una medalla y tres diplomas olímpicos adornan el museo particular de la atleta María Vasco. La marchadora española hizo historia en Sídney 2000 al convertirse en la primera atleta de nuestro país que ganaba una medalla olímpica. Fue de bronce y la ganó en los 20 kilómetros marcha el 28 de septiembre de 2000.

Fue una carrera en la que no sufrió ninguna sanción y que estuvo llena de descalificaciones de grandes favoritas para las medallas. María Vasco supo competir a la perfección para alcanzar el gran objetivo de su vida. Solo tenía 24 años y alcanzó el podio olímpico. 

La china Wang Liping ganó el oro con un tiempo de 1 hora 29 minutos 05 segundos. La noruega Kjersti Tysse-Plätzer se colgó la plata con un tiempo de 1 hora 29 minutos 33 segundos. María Vasco (1 hora 30 minutos 23 segundos) no esperaba la medalla de bronce: “me conformaba con estar entre las ocho primeras, y no tenía ni idea de la gente que estaban descalificando por delante. Siempre le dije a mi familia que no me retiraría sin ganar al menos una medalla. Lo que no podía imaginar es que sería en los Juegos”. 

Tras el bronce de Sídney 2000, María Vasco siguió compitiendo maravillosamente. Sus tres diplomas olímpicos logrados lo corroboran. En Atenas 2004 fue séptima, en Pekín 2008 fue quinta y en Londres 2012 acabó en octavo lugar. En 2008 se quedó a solo trece segundos de ganar otro bronce y a dieciocho segundos de ser subcampeona olímpica. 

Buscaban el oro y se tuvieron que conformar con la plata

La selección masculina de fútbol llegó a Sídney con la vitola de favorita. Con todas las cartas encima de la mesa para repetir el oro ganado en Barcelona 92. Quedó encuadrada en el grupo B. Ganó 3-0 a Corea del Sur en el debut. Perdió contra Chile por 3-1 y venció a Marruecos por 2-0. 

En cuartos de final, un gol de Gabri a cuatro minutos del final, valió para ganar a Italia por uno a cero. En semifinales el rival fue Estados Unidos. España se impuso por tres goles a uno. Por el equipo español marcaron Tamudo (minuto 16), Angulo (minuto 25) y José Mari (minuto 87). 

La selección española alcanzaba el objetivo de la final. Quedaba igualar a la Quinta del Cobi y su oro del 92. Camerún, que había ganado a Chile en la semifinal, era el rival. 30 de septiembre de 2000. España se va al descanso con un resultado fantástico. Xavi (minuto 2) y Gabri (minuto 47) ponen el dos a cero en el marcador. Una ventaja que podría haber sido mayor. Angulo falló un penalti en el minuto 5. 

Oportunidad perdida

Tras la reanudación la ventaja se fue al traste. Un gol en propia meta de Amaya en el minuto 53 y otro de Samuel Eto´o en el 58 igualaron la final cuando parecía que estaba todo controlado y a favor de España. Se llegó a los penaltis. Amaya fue el único jugador que falló y supuso la victoria y el oro para Camerún. España mereció más pero se quedó con la plata. Amaya recordará siempre el partido. Marcar un gol en tu propia portería y fallar un penalti decisivo en el mismo partido, es el colmo de la mala suerte.

Xavi Hernández, que marcó de falta nada más empezar la final, dijo: “ahora nos sabe a poco pero yo me siento orgulloso de esta plata. Pocos futbolistas tienen una medalla olímpica”. Ganaron la plata los siguientes jugadores: Aranzubía, Lacruz, Marchena, Amaya, Puyol, Albelda, Xavi, Angulo, Velamazán, Tamudo, José Mari, Gabri, Capdevila, Toni, Ferrón, Luque, Felip, Romero, Ismael y Vergara

La segunda de Lozano

Rafa Lozano se había colgado la medalla de bronce en los Juegos de Atlanta 1996. En los de Sídney 2000 repitió podio en la categoría de menos de 48 kilos, pero subió hasta el segundo escalón. El boxeador español pasó exento a la segunda ronda donde se impuso al filipino Lerio. En cuartos de final ganó al keniata Bilali. En la semifinal venció al norcoreano Kim Un-Chol.

El francés Brahim Asloum de orígen argelino fue el rival en la final. Lozano tuvo que conformarse con la medalla de plata: “falló la forma de puntuar y eso me obligó a hacer otra pelea. Me duele no ser oro, pero valoro esta plata”. “Balita” le dedicó el subcampeonato olímpico a su hija Sofía de tan solo cuatro meses. 

La última medalla llegó gracias al balonmano

Ocurrió en los Juegos de Atlanta y la historia se repitió cuatro años más tarde. La selección masculina de balonmano dio a España la última medalla de los Juegos de Sídney. Es 30 de septiembre. El último partido de Iñaki Urdangarín con España y gana el bronce olímpico, como en 1996. Después ya sabemos lo que ocurrió fuera del deporte.

España quedó encuadrada en el grupo B. Ganó tres partidos (Túnez, Australia y Eslovenia) y perdió dos (Francia y Suecia). En cuartos de final, otro rival difícil para la selección española: Alemania. España se impone por 27 a 26 y vuelve a luchar por las medallas. 

Suecia gana en semifinales por 32 a 25 y toca buscar el bronce para igualar el mejor resultado olímpico del balonmano español. España gana a Serbia y Montenegro por 26 a 22 y acaba en tercera posición. Es la undécima medalla para España en los Juegos de Sídney. Ganaron el bronce en balonmano: Barrufet, Dujshebaev, Garralda, Guijosa, Lozano, Masip, Núñez, Olalla, Pérez, O´Callaghan, Ortega, Ugalde, Urdangarín, Urdiales y Xepkin

España ganó un montón de diplomas en los Juegos de Sídney. Once cuartos puestos y seis quintos, que bien podrían haber significado un subidón en las medallas. Se lograron siete sextos puestos, nueve séptimos y otros diez octavos lugares. 

 

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El inolvidable oro mundial de Martín Fiz

12 de agosto de 1995. El estadio Ullevi de Goteborg (Suecia) asistió a uno de los momentos más memorables de la historia del atletismo español. Martín Fiz (Vitoria, 3 de marzo de 1963) ganó el oro mundial de maratón. Faltaban solo dos días para que se cumpliera el primer aniversario del triplete histórico en el Europeo de Helsinki donde él también fue oro. Campeón europeo y mundial en un año, brutal. 

Fue un día de muchísimo calor. A las dos de la tarde, momento de la salida de la prueba, los termómetros marcaban veintiséis grados. Por eso la carrera comenzó bastante lenta. Nadie quería gastar fuerzas innecesariamente. Se corrieron los 10 primeros kilómetros en 31 minutos y 59 segundos. La media maratón en 1 hora 6 minutos y 54 segundos. 

Siempre en las primeras posiciones

Martín Fiz siempre estuvo bien situado. Horas antes de la prueba había dicho: “estoy convencido de que os vamos a dar una gran alegría”. Era el máximo favorito. Llegaba en un gran estado de forma, pero en el deporte no se puede cantar victoria hasta que cruzas la línea de meta. 

La temperatura supera los treinta grados. Faltan poco más de siete kilómetros para el final y  cinco atletas lideran la prueba. El español Alberto Juzdado (tercero en Helsinki 1994) , el mexicano Cerón, el brasileño Dos Santos y el británico Whitehead acompañan a Fiz en la búsqueda del podio mundial. 

El atleta vitoriano comienza a aumentar la marcha y Juzdado no puede seguir el ritmo, le entra flato. En cabeza cuatro corredores. Luego tres.  A cinco kilómetros para meta, se quedan solos el Dionicio Cerón y Martín Fiz. Dos Santos no les alcanza.

El mexicano comienza a incrementar la velocidad pero Fiz aguanta. A cuatro kilómetros del final, Cerón se queda solo. Fiz está a unos metros pero sigue con posibilidades. El atleta español mira su cronómetro y es consciente de que el mexicano no va a poder aguantar mucho más el ritmo que ha impuesto. 

Ataque definitivo

Martín Fiz ataca y alcanza a Cerón cuando el reloj marca 2 horas 3 minutos y 43 segundos de carrera. El español supera al mexicano como si fuera un tren de alta velocidad. Ahora el que manda es él. Cerón sufre y comprueba que su ataque de unos metros atrás fue suicida. El calor y la humedad hacen mella. 

A dos kilómetros de meta, la distancia de Fiz sobre Cerón es considerable. El oro está cada vez más cerca. Martín Fiz entra en el estadio a las 16 horas y 11 minutos. La hora del campeón mundial de maratón. Se pone las gafas de sol de su patrocinador. En la recta levanta el brazo derecho en señal de victoria. Después cierra los dos puños. Ha corrido los últimos 2000 metros a un ritmo de dos minutos y cincuenta y un segundos el kilómetro. 

Es el hombre más feliz de la Tierra. Levanta los dos brazos y hace el signo de la victoria con sus manos. 2 horas 11 minutos y 41 segundos después de una prueba asfixiante se proclama campeón mundial. Mira al cielo y da las gracias.Se arrodilla, besa la pista, levanta los brazos y se tumba con las piernas abiertas y los brazos en cruz. Se levanta. Coge la bandera española y la de Euskadi y da la vuelta de honor más importante de su carrera deportiva. “Gané al estilo Induráin” dijo Fiz. Días atrás, el ciclista Miguel Induráin había ganado su quinto Tour. Curiosamente los dos compartían el mismo preparador, el médico Sabino Padilla.  “Me merecía este oro” añadió el campeón vitoriano. Los 250 kilómetros semanales de preparación por tierras segovianas habían merecido la pena. 

Campeón de Europa y del mundo

Cerón llega medio minuto después. Dos Santos gana el bronce. Los héroes de Helsinki, Alberto Juzdado y Diego García llegan en quinta y sexta posición respectivamente. En 1994 hubo triplete español en el Europeo. Un año después tres españoles entre los cinco primeros del mundo. Sensacionales. «Martín nos gana hasta en los entrenamientos; no nos cede ni un metro. Todo lo quiere ganar» dijo García. 

La de Goteborg era la quinta maratón de su vida. Cuatro victorias y una sola derrota para Martín Fiz. Ganó en Helsinki en 1993 y 1994. Venció en Rotterdam cuatro meses antes de su oro mundial. Acabó duodécimo en Boston en abril del 94. “No me arrepiento de empezar tarde en esta disciplina; era el momento justo” dijo el campeón de Europa y mundial.

Fiz ganó con el dorsal 403 pero con una camiseta que no era la suya. Se colgó el oro mundial con la de su compañero de habitación Valentín Massana, subcampeón mundial de 20 kilómetros marcha unos días antes. Una prenda que valió un oro y una plata, las dos únicas medallas de España en Goteborg 1995. Fiz cogió la camiseta por error porque según dijo eran muy parecidas las de marcha y maratón.

 

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Los siete oros de Río 2016

Todo el que me conoce un poco sabe que el deporte y los Juegos Olímpicos son algo muy importante en mi vida. El verano de 2016 me tocó vivir la cita olímpica en tres lugares diferentes: Benalmádena, Cuenca y Madrid. Desde Barcelona 92 había seguido todos los Juegos en casa salvo los de Atenas 2004, que también los vi durante unos días en el pueblo de mi padre, Berlanga de Duero (Soria).

Los de Río 2016 fueron unos Juegos Olímpicos especiales. Lo entenderemos si miramos al medallero final. España ganó diecisiete medallas. Los números finales estuvieron en la horquilla habitual de ediciones anteriores. Pero hubo algo que cambió, el número de campeones olímpicos. Una cifra que llegó a alcanzar los trece en el mágico verano del 92. En Atlanta 1996 y en Pekín 2008 se llegó a los cinco oros. En Brasil se llegó más lejos, no al nivel de Barcelona, pero España sumó siete. Un resultado magnífico. Cuatro de los siete campeones fueron mujeres. El mejor resultado dorado del deporte femenino en casi un cuarto de siglo.

Los siete oros llegaron en siete días diferentes. Cuatro lo hicieron en deportes de agua: una en natación y tres en piragüismo. El tenis, el bádminton y el atletismo fueron el resto de disciplinas donde sonó el himno español.

10 de agosto

Noche del 10 de agosto en Brasil. Madrugada del 11 de agosto en España. Llega el primer oro para España. Estoy pasando unos días en el apartamento de unos amigos en Benalmádena (Málaga). Todos duermen menos yo. Volumen de la televisión en el cero para no molestar. Tarda en llegar el momento. Por fin sale a la piscina Mireia Belmonte. Dispuesta a hacer historia en la final de 200 metros mariposa. Con suspense y gracias a una carrera sensacional y a una última brazada inolvidable, la mejor nadadora española de siempre, se convierte en campeona olímpica con tres centésimas de ventaja sobre la subcampeona, la australiana Groves. No puedo gritar. Contengo la emoción, pero lloro como un niño. Mireia abre la lata de los oros. Cuatro días antes había abierto la del medallero español con el bronce en los 400 metros estilos.

11 de agosto

Tras haber dormido tres horas, amaneció un nuevo día de sol y playa. Por la tarde teníamos previsto ir a Mijas, otro lugar maravilloso de la costa malagueña. De camino vi el siguiente oro español. En el móvil. Nos los dicen hace años y no nos los hubiéramos creído. En la parte trasera del coche de mis amigos, vi ganar a Maialen Chourraut en piragüismo aguas bravas. El destino o la casualidad quisieron que el oro llegase antes de entrar en el parking. Chourraut se superaba a sí misma y subía dos escalones en el podio con respecto a Londres 2012 donde conquistó la medalla de bronce. Una gesta increíble de la piragüista vasca.

12 de agosto

El tercer oro para España en Río 2016 también lo vi en tierras malagueñas. De nuevo tocó trasnochar. 12 de agosto en Brasil. Rafa Nadal y Marc López luchan por el oro contra la pareja rumana. Nadal ya sabe lo que es ganar un oro olímpico (Pekín 2008). Repite esta vez acompañado de su amigo.Fue una final emocionante que se resolvió en tres sets. Ganaron los españoles el primero, igualaron los rumanos en el segundo y certificaron el oro, Nadal y López, en el tercero y definitivo. De nuevo, me tocó vivirla en silencio.

 

16 de agosto

El 16 de agosto nos fuimos a pasar unos días a la Casa del Canónigo en Caracenilla (Cuenca). Ese día llegó el cuarto oro para España en los Juegos de Río. De manera inesperada el piragüista Marcus Cooper se impuso en el K1-1000 metros con una remontada espectacular. Lo vi mientras comíamos en un restaurante en un pueblo cercano a la casa rural, en Huete.

18 de agosto

Tras pasar dos noches en Caracenilla tocaba regresar a Madrid. Decidimos pasar el día en el embalse de Buendía. El quinto oro de España llegó de nuevo desde el agua. Mientras buscábamos sitio para aparcar cerca del embalse, Saúl Craviotto y Cristian Toro hacían historia en el K2-200 metros. Tercer título para el piragüismo español en Río. Craviotto conseguía así su tercera medalla olímpica. Los baños en el embalse me sentaron genial aquel 18 de agosto. Me imaginaba a Craviotto y a Toro apareciendo a lo lejos con su medalla de oro colgada del cuello siendo aplaudidos por las pocas personas que estábamos allí.

19 de agosto

De los siete oros de España, solo viví los dos últimos en mi casa de Madrid. El sexto llegó la tarde del 19 de agosto gracias a Carolina Marín. La mejor jugadora de bádminton que ha tenido y tendrá España, llegaba como una de la grandes favoritas a las medallas y se colgó un oro que recordaremos siempre. Ella emocionada en Río y yo en mi sofá. Acordándome de aquella entrevista que tuve el honor de hacerle antes de que empezasen a llegar los éxitos internacionales. Marín demostrando una vez más su lema: «puedo porque pienso que puedo».

20 de agosto

La traca final llegó el 20 de agosto. De madrugada. Tras haber pasado la tarde tomando cañas y tapas en una de las terrazas del Parque de Aluche, volvimos a casa a tiempo para ver ganar un oro histórico para el atletismo español. Ruth Beitia se convertía en la primera atleta en ganar un título olímpico para nuestro país. Un salto de altura para la eternidad. Como el abrazo que le dio a su entrenador Ramón Torralbo, su 50%, al confirmarse que era campeona olímpica.

 

Nueve nombres que quedan en la historia olímpica para siempre. Siete medallas de oro conquistadas por Mireia Belmonte, Maialen Chourraut, Carolina Marín, Ruth Beitia, Rafa Nadal, Marc López, Saúl Craviotto, Cristian Toro y Marcus Cooper.

 

 

El récord de otro planeta de Jonathan Edwards

La historia del triple salto masculino no se entendería sin el británico Jonathan Edwards. Nacido en Londres el 10 de mayo de 1966, forma parte de la pequeña lista de los atletas legendarios de todos los tiempos. Participó en cuatro Juegos Olímpicos (1988-2000), medalla de oro en Sidney 2000 y plata en la cita anterior celebrada en Atlanta en 1996. Dos veces campeón del mundo al aire libre, campeón de Europa y varias medallas de todos los colores conquistadas en los grandes campeonatos de atletismo. Se retiró a los 37 años, en el Mundial celebrado en París en 2003.

Si miramos la clasificación de mejores marcas de todos los tiempos del triple salto, Jonathan Edwards aparece cinco veces en los quince primeros puestos. Fue el primer hombre en sobrepasar la barrera de los 18 metros. Una hazaña digna de recordar por los siglos de los siglos.

Rozando los 18 metros en Salamanca

El 16 de junio de 1985, el estadounidense Willie Banks batía el récord del mundo con una marca de 17.97. Lo logró en Indianapolis con un viento a favor de 1.5 m/s . En esa época, Jonathan Edwards soñaba con superarlo, pero tan solo tenía 19 años y su carrera deportiva estaba comenzando. El destino quiso que fuera en nuestro país, concretamente en la ciudad de Salamanca, donde el atleta británico consiguió batir a Banks diez años después. La marca fue de 17.98, cada vez más cerca de los inalcanzables 18 metros. Ocurrió el 18 de julio de 1995, con un viento favorable de 1.8 m/s.

El 7 de agosto de 1995 se celebra la final de triple salto del Mundial de Goteborg (Suecia). Estadio Ullevi de la ciudad sueca. Edwards (dorsal 539) es el gran favorito para ganar la medalla de oro y, por lo tanto, proclamarse campeón del mundo por primera vez. Recuerdo aquella tarde como si fuera hoy. Acababa de volver de una boda de unos amigos en Villafranca de los Barros (Badajoz).

Encendí la televisión y asistí a uno de los momentos más memorables de la historia del atletismo. El atleta inglés se batió a sí mismo en dos ocasiones. Superó por dos veces la barrera de los 18 metros. La primera vez que lo consiguió fue con un increíble 18.16 en su primer intento (tercera mejor marca mundial de todos los tiempos). En el segundo salto logró el récord del mundo que se mantiene intacto: 18.29 metros con un viento a favor y por tanto legal de 1.3 m/s. Una marca estratosférica. Un récord para muchos años. De otro planeta. Para la eternidad. Un récord de otro mundo. Incomparable.

El secreto

«El secreto es mantener la velocidad durante los saltos», dijo tras batir el récord mundial dos veces en la misma tarde. No tuvo rivales. La plata fue para Brian Wellman de Bermudas con 17.62 metros. El bronce para Jerome Romain de Dominica con 17.59 metros.

Una marca superior

Poca gente sabe, que Jonathan Edwards fue capaz de saltar aún más lejos días antes del Mundial de Goteborg. El viento (+2.4 m/s) tuvo la culpa de que la marca no fuera válida. Solo 0.4 m/s separaron al triplista inglés de una marca más colosal. Saltó 18.43 en la Copa de Europa celebrada en Villeneuve-d’Ascq, muy cerca de Lille (Francia).

Es posible que el récord del mundo de Edwards sea superado algún día. Atletas como el cubano Pedro Pablo Pichardo (18.08 como mejor marca) o el estadounidense Christian Taylor (18.21 como mejor marca, segunda de la historia) que han superado los 18 metros en varias ocasiones. Pichardo tiene la séptima y la octava mejores marcas de todos los tiempos. Taylor la segunda y la quinta. El también estadounidense Will Claye voló hasta los 18.14 metros y tiene la cuarta y la décima mejores marcas de la historia. La primera sigue siendo, de momento, territorio inalcanzable Jonathan Edwards.

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