Mis fotos deportivas preferidas: Gervasio Deferr en Atenas 2004

 

¿Qué pensaba Gervasio Deferr Ángel (Premiá de Mar, Barcelona, 7 de noviembre de 1980) cuando dio el segundo salto hacia el bicampeonato olímpico? ¿Qué se le pasa por la cabeza a un deportista de élite en los instantes previos a ganar una medalla? Solo él/ellos lo saben. Son momentos que nunca olvidaremos. Que se quedan guardados para siempre en nuestro cerebro. Medallas que se consiguen después de mucho sacrificio y de muchas horas de entrenamiento. Una y otra vez repitiendo saltos. Hasta que sale. Y te das cuenta de que estás preparado para ser campeón, el mejor en lo tuyo. 

El destino quiso que en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Gervasio Deferr conquistase el segundo de sus tres metales olímpicos. Dos oros en la misma prueba, en el salto de potro, a pesar de que no era su aparato preferido. Siempre fue un hombre de “suelo”, pero tuvo que esperar a 2008 para obtener la recompensa en forma de medalla de plata. 

Salto de oro

Antes de centrarnos en la foto conviene recordar la narración de Paloma del Río para Televisión Española aquel 23 de agosto de 2004. La voz de la gimnasia y de tantos deportes en la cadena pública, lo narró así: “9.687 (nota del primer salto que realizó Gervasio) atención, porque si este salto le sale bien a Gervasio Deferr, podríamos estar hablando de una medalla. Hace un salto del grupo 4, el drix (Tsukahara, entrada de cara y apoyo lateral de las manos). Los mismos saltos que ha hecho Kyle Shewfelt, pero de entrada un poquito mejor realizados que el canadiense. Sapronenko ha puesto las cosas muy difíciles (el letón hizo 9.706 puntos) pero si le sale bien este salto, podría estar Gervasio otra vez en el pódium”. 

El campeón olímpico en Sídney 2000 levanta los brazos, los baja, da un pequeño salto e inicia la carrera hacia la gloria olímpica. Corre a una velocidad de 22 kilómetros por hora y se aproxima al potro (hay 25 metros desde la salida), Tarda solo cuatro segundos en ayudarse con el trampolín para saltar. Y en ese momento se produce el disparo de Adrian Dennis para hacer una fotografía magnífica que quedará presente de ahí a la eternidad. 

Caído del cielo

Gervi gira el cuerpo hacia la izquierda para elevarse con las dos manos. No pierde de vista el potro. En la imagen tiene cerrada la boca y los ojos bien abiertos. También vemos sus musculosas piernas y el nombre en inglés de aquellos Juegos. Es el instante anterior al mortal hacia atrás con dos giros completos. Gervi clava la recepción de espaldas al aparato con un salto sensacional. “Clávalo” dice Paloma del Río cuando alcanza la colchoneta después de volar durante poco más de un segundo. 

“Bien, ahí está, ahí está, ahí está, ahí está, clávalo y lo ha clavado… perfecto el segundo salto… clavado, fíjense, no ha movido los pies”. Puntúan el segundo salto de Deferr con 9.787. Puntuación final para el gimnasta español: 9.737. Le vale para ganar la medalla de oro, porque el rumano Marian Dragulescu hace un primer salto maravilloso, pero se sale de la colchoneta en la recepción del segundo. 

Gervi se convierte en ese momento en el tercer español con dos oros olímpicos, igualando a los regatistas Luis Doreste y Theresa Zabell. Ellos lo lograron desde el agua. Deferr ganó el oro de Atenas cayendo desde el cielo. 

ADRIAN DENNIS/AFP-GETTY IMAGES

Joaquín Blume, el primer héroe del deporte español

El 21 de junio de 1933 nació en Barcelona Joaquín Blume Carreras. Hijo del alemán Armand Blume, profesor de gimnasia y de la barcelonesa Mari Paz Carreras. Cuando empezó la Guerra Civil (1936) emigraron a Alemania, pero al acabar (1939),  volvieron a España. Blume se crió en el gimnasio de su padre. Destacaba en todos los deportes en los que competía. Se le daban bien el fútbol y el tenis, pero pronto se decantó por la gimnasia artística. A los 15 años ya era campeón de España. Era el comienzo del que unos años después se convirtió en el primer héroe del deporte español.

Con solo 16 años acabó cuarto en un certamen internacional celebrado en Lisboa. En 1952 participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Acabó en el puesto 56 de un total de 212 gimnastas. Solo tenía diecinueve años y toda una carrera por delante. Aunque  ya se sabe que la de vida deportiva de los gimnastas no suele pasar de los treinta. En el mundial de Roma de 1954 acabó en el puesto 44. Comenzó una progresión imparable.

Arrasa en Barcelona 1955

Los primeros grandes resultados de Blume llegaron en los Juegos del Mediterráneo de 1955. Se celebraron en su ciudad natal y arrasó con cinco medallas de oro. Solo quedaba un año para Melbourne 1956. La oportunidad de que el gimnasta hiciera un gran resultado y le diera a España una medalla olímpica. Pero desgraciadamente nuestro país decidió boicotear aquellos Juegos Olímpicos y no acudió a tierras australianas. Aquel año, Blume había superado a sus grandes rivales en una exhibición en Hannover. Pero la decisión política del franquismo impidió que luchara por las medallas. Los tanques soviéticos invadieron Budapest (Hungría) un mes antes de los Juegos. Muchos países decidieron que no participarían en Melbourne. Pero a la hora de la verdad, España se quedó sola junto a Suiza, Holanda, Egipto, Irak y Líbano. Hungría acabó cuarta en el medallero.

Las medallas de Melbourne 1956 en el concurso completo se repartieron así: oro para el ruso Tschukarin 114.25. Plata para el japonés Ono 114.20. Bronce para el ruso Titov 113.80. En Hannover, Blume había hecho 113.90. De haber acudido a aquellos Juegos podría haber sido bronce o algo más.

En 1957 llegó la obra cumbre de Joaquín Blume. Se celebra el Campeonato de Europa en París. Es octubre. Los Europeos de aquella época tenían nivel de Mundial. Estaban todos los países favoritos excepto Japón. El gimnasta español dio una auténtica lección y confirmó su favoritismo con un saco de medallas que le convirtieron en el primer pionero del deporte español. Ni más ni menos que en gimnasia, uno de los tres deportes olímpicos de relumbrón junto al atletismo y la natación.

París 1957, su obra maestra

Blume ganó cinco medallas en París. Fueron cuatro oros, una plata y dos cuartos puestos. Arrasó a todos sus rivales y se convirtió en la principal referencia de la gimnasia artística de la época. Campeón de Europa en el concurso completo, anillas, caballo con arcos y paralelas. Subcampeón en barra fija superado por el suizo Günthard. En suelo y salto acabó en cuarta posición a pocas décimas de las medallas. Fue el único gimnasta de los 42 participantes que consiguió colarse entre los seis primeros de cada aparato.

La superioridad de Joaquín Blume quedó plasmada en tierras francesas. Era el momento cumbre de su carrera. El diario L´Equipe le dedicó un artículo de una página: «No se recuerda un caso parecido excepto cuando Bannister corrió la milla en menos de cuatro minutos» dijeron. Las cinco medallas europeas le consolidaron como una estrella de la gimnasia y del deporte internacional. Tenía 24 años y se acercaban los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Una nueva oportunidad para resarcirse del error político de la dictadura.

 

Pero desgraciadamente el destino le tenía preparada una página negra. El 29 de abril de 1959 un accidente de avión acaba con su vida, con la de su mujer con la que tenía una hija y con la de varios compañeros del gimnasio. Volaban de Barcelona a Tenerife a una exhibición, previo paso por Madrid, pero nunca llegaron. Aquella tragedia truncó la carrera del primer héroe deportivo español e impidió que alcanzara la gloria olímpica.

España ha tenido grandes gimnastas después de la desaparición de Joaquín Blume. Solo tres han sido capaces de colgarse un oro en un Campeonato de Europa. Jesús Carballo fue campeón en barra fija en San Petersburgo 1998. Dos años después de que una caída le impidiera ser oro olímpico en Atlanta 96.

Ochos oros europeos para España

Fue en Debrecen 2005 cuando llegaron más oros para la gimnasia artística española. Rafa Martínez fue campeón de Europa en el concurso completo. El único español en conseguirlo junto a Blume. En ese Europeo, Manuel Carballo también fue oro en paralelas. Rafa Martínez volvió a subir a lo más alto del podio en la prueba de suelo en Ámsterdam 2007. En total, ocho oros para España en Campeonatos de Europa. La mitad de Joaquín Blume, dos de Rafa Martínez, una de Jesús Carballo y otra de su hermano Manuel. La gimnasia artística española suma veintidós medallas europeas, los oros se completan con siete platas y siete bronce.

PROGRAMA CONEXIÓN VINTAGE

 

Fotos: archivo diario Marca, hemeroteca diario ABC

Esther Moya y sus tres medallas de chocolate en Sídney 2000


Llegar a unos Juegos Olímpicos es el sueño de todo deportista. Luchar por las medallas y ganar un oro, una plata o un bronce lo es todavía más. Quedarte a las puertas del podio olímpico es una faena. Que eso te pase tres veces en una misma edición parece surrealista. A la gimnasta Esther Moya (31 de julio de 1984, Vilanova i la Geltrú, Barcelona) le ocurrió en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. No una ni dos. Tres medallas de chocolate. Tres cuartos puestos. O visto de otro modo, tres diplomas.
Moya fue cuarta en la final de suelo. Pero debería haber sido como mínimo tercera y haberse colgado la medalla de bronce que merecía. El público que llenaba el Superdome, unos 20.000 espectadores, se dio cuenta de la injusticia. De cómo se puntuaba más a las rusas y a la rumana Simona Amânar (ganadora de siete medallas olímpicas entre Atlanta 1996 y Sídney 2000). Del público de otros deportes se puede esperar cualquier cosa. Pero quien acude a ver gimnasia artística sabe lo que hay. Es entendido en la materia. Por eso cuando salió la nota de Esther Moya (9.700) comenzó a pitar a los jueces. Fue un robo absoluto.


No era la primera ni la última vez que la gimnasia española salía perjudicada. Solo doce centésimas separaron a Moya del bronce conseguido por Amânar (9.712). La rumana no hizo un mal ejercicio. Pero se salió del tapiz y no fue sancionada por ello. Bronce para Amânar, plata para la rusa Khorkina (9.812) y oro para la también rusa Zamolodchikova (9.850).

Tres cuartos puestos en los mismos Juegos

En la final de la prueba de salto Esther Moya estuvo acompañada por otra española, Laura Martínez. Ambas se quedaron cerca del podio. Martínez fue quinta (9.612) y Moya en el ya sabido cuarto lugar (9.618). En esta ocasión se quedó a un poco más de distancia de la medalla de bronce lograda por la rusa Lobaznyuk (9.674).


Hubo otra circunstancia que podría haber significado el tercer puesto para la española. La subcampeona olímpica, Andrea Raducan (9.693), dio positivo por efedrina. El reglamento de la Federación Internacional de Gimnasia indica que, si una atleta da positivo, serán desposeídas de sus medallas sus compatriotas. De haber sido así, Moya sería bronce olímpico. Raducan fue excluida por el COI del concurso individual completo. El presidente del Comité Olímpico Rumano, Ion Tiriac, confirmó en qué sustancia había dado positivo Raducan. La efedrina no estaba en la lista de productos prohibidos de la Federación Internacional, pero sí en la del Comité Olímpico. Al parecer lo estaba tomando para curarse de un resfriado.
Al saber que no había tomado efedrina para mejorar su rendimiento, mantuvieron su medalla de bronce. El presidente del Comité Olímpico Español por aquel entonces, Alfredo Goyeneche, y la propia Esther Moya reconocieron que hubiera sido injusto que se la quitasen. En salto ganó también Zamolodchikova (9.731).

Unos Juegos enormes

La gimnasia española hizo unos Juegos de Sídney fantásticos. En la prueba por equipos, las chicas quedaron en quinto lugar, igualando así el excelente resultado conseguido en Barcelona 92. Sara Moro, Laura Martínez, Susana García, Marta Cusidó, Paloma Moro y Esther Moya (todas ellas con edades comprendidas entre los 16 y los 18 años) se quedaron a tan solo ocho décimas de las estadounidenses. El seleccionador nacional, Jesús Carballo, no estaba del todo contento con el resultado: “A nosotros nos ha pesado la pequeña historia que tenemos, y a Estados Unidos les han regalado la enorme que tienen”.
Una década más tarde de los Juegos de Sídney, China perdió su medalla de bronce, pasando a manos de Estados Unidos. Tras una larga investigación se descubrió que una de las gimnastas chinas tenía menos de dieciséis años. Algo que no estaba permitido. Dong Fangxiao tenía sólo 14 años. España pasó de la quinta a la cuarta posición. El mejor resultado de la gimnasia española por equipos en los Juegos Olímpicos. La tercera medalla de chocolate de Esther Moya en Sídney 2000. Rumania se hizo con el oro, dieciséis años después de Los Ángeles 1984 y Rusia se colgó la medalla de plata.

FOTO: Shaun Botterill /Allsport

Momentos olímpicos para la posteridad

Desde que se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, en Atenas 1896, se han producido miles y miles de momentos para la posteridad. Desde aquellos Juegos, el atletismo, la natación y la gimnasia se han caracterizado por ser los deportes de referencia en cada cita olímpica. Por eso he querido hacer un pequeño repaso de doce grandes momentos que se recuerdan y se seguirán recordando con el paso de los años y las décadas. 

Son doce protagonistas. Grandes representantes de los tres deportes citados anteriormente. Siete hombres y cinco mujeres. Tres deportistas españoles y nueve extranjeros que forman parte de la historia olímpica y del deporte internacional. Seguramente habrá algún lector que piense que deberían ser otros los protagonistas. Pensarán en Mark Spitz, Ruth Beitia o Paavo Nurmi, por citar tres los grandes deportistas olímpicos. Como dice el refrán: «Ni son todos los que están, ni están todos los que son».

Las cuatro medallas de oro de Jesse Owens en Berlín 1936. Atletismo.

Jesse Owens fue el gran protagonista de los Juegos de 1936. En Berlín ganó 4 medallas de oro en 100, 200 y 4×100 metros y en salto de longitud. Esta última prueba fue la más emotiva de las cuatro. Su principal rival fue el rubio alemán Luz Long, que reconoció con un abrazo, la superioridad del americano. En ese instante Adolf Hitler abandonaba enfadado el palco de autoridades. Jesse Owens ganó en la pista y puso así en evidencia la superioridad de la raza aria divulgada por el régimen alemán.

Los cuatro oros de Fanny Blankers Koen en Londres 1948. Atletismo.

Fanny Blankers Koen participó en los Juegos de 1936, pero fue en los de Londres celebrados en 1948 cuando se convirtió en reina del atletismo. Ganó el oro de todas las carreras que se disputaban en aquellos años. Ganó cuatro oros, como Owens en Berlín, 100 y 200 lisos, 80 metros vallas y el relevo 4×100. Fue la primera mujer capaz de ganar cuatro pruebas en unos Juegos Olímpicos. 

 

Los cuatro oros de Larisa Latynina en Melbourne 1956. Gimnasia.

Hasta los Juegos de Londres celebrados en 2012, fue la primera en el medallero olímpico. Fue superada por el nadador estadounidense Michael Phelps. Larisa Latynina ganó dieciocho metales en tres participaciones. Seis en cada una de ellas. Fue en los de Melbourne 1956 donde se dio a conocer en todo el mundo y ganó el mayor número de oros de su carrera olímpica: cuatro. Campeona olímpica individual, por equipos, en salto y en suelo. 

El 10 de Nadia Comaneci en Montreal 1976. Gimnasia.

El 18 de julio de 1976 el Forum de la ciudad canadiense de Montreal asistió a un hecho sin precedentes. Un momento histórico para la gimnasia artística y el deporte mundial. La gimnasta rumana Nadia Comaneci logró la perfección. Su ejercicio en barras asimétricas fue puntuado con un 10. Nadie lo había conseguido anteriormente. Fue la gran protagonista de aquellos Juegos celebrados en Canadá. Además de su oro en asimétricas, logró otros dos más, en el concurso individual y en la barra de equilibrio. 

 

Los cuatro oros de Carl Lewis en Los Ángeles 1984. Atletismo.

Fue la gran estrella de los Juegos de 1984. Carl Lewis buscaba igualar al también estadounidense Jesse Owens cuarenta y ocho años después de su hazaña en Berlín. Lo consiguió. Ganó las mismas pruebas que Owens. Los 100, 200 y 4×100 metros lisos y también se impuso en el salto de longitud. La prueba que dominó durante cuatro Juegos Olímpicos consecutivos. Con sus cuatro oros “El Hijo del Viento” presentaba su candidatura a ser uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos. 

 

El oro de Fermín Cacho en Barcelona 1992. Atletismo.

Si hay una imagen que recordaremos siempre de los Juegos Olímpicos de Barcelona es la victoria de Fermín Cacho. Ese momento en el que el atleta soriano abría sus brazos para celebrar su victoria en los 1.500 metros ha pasado a la historia como uno de los grandes momentos de la historia del atletismo español. Ese momento, el oro olímpico de Cacho, resume lo bien que le fue a España en 1992. Sin menospreciar las otras veintiuna medallas restantes logradas por la delegación española. 

Los seis oros de Vitaly Scherbo en Barcelona 1992. Gimnasia.

Vitaly Scherbo fue el principal protagonista de los Juegos de 1992. Se convirtió en el primer gimnasta capaz de ganar seis medallas en unos Juegos Olímpicos. Solo comparable a las siete del nadador Mark Spitz en Múnich 1972 y a las ocho logradas por el también nadador Michael Phelps en Pekín 2008. Scherbo ganó cuatro de las seis medallas en un solo día. En eso sigue siendo único y probablemente lo seguirá siendo en el futuro. Sus seis oros llegaron en equipos, individual, paralelas, salto, anillas y caballo con arcos. 


El oro de Gervasio Deferr en Atenas 2004. Gimnasia.

Gervasio Deferr había sido campeón olímpico de salto en Sidney 2000. Quería repetir título en Atenas 2004. Y lo logró. No fue fácil. Sus saltos en la final fueron espectaculares. Pero el rumano Marian Dragulescu lo bordó en el primero. Una caída en el segundo le dio la victoria al mejor gimnasta español de la historia. El oro de Atenas confirmó a Deferr como uno de los mejores deportistas olímpicos españoles de siempre. Un oro inolvidable, para la posteridad. 

Los récords de Bolt en Pekín 2008. Atletismo.

Lo conseguido por el atleta jamaicano Usain Bolt en Pekín 2008 lo recordaremos toda la vida. Ganó los 100 y los 200 metros lisos con una superioridad aplastante. Sobre todo los 100 metros donde aventajó en varios metros a sus rivales. Batió dos récords mundiales que se encargaría de superar él mismo un año más tarde. En los 100 metros dejó la plusmarca en 9 segundos y 69 centésimas. En los 200 la rebajó hasta los 19 segundos y 30 centésimas. De otro planeta. 

 

Los ocho oros de Phelps en Pekín 2008. Natación.

Los Juegos de Pekín 2008 tuvieron dos claros protagonistas. Además de Usain Bolt y sus récords, Michael Phelps. El nadador estadounidense llegaba a Pekín con un objetivo muy claro, superar los siete oros ganados por Mark Spitz en Múnich 1972. Lo logró. Con sufrimiento en algunas de las pruebas y con la ayuda de sus compañeros del equipo americano. Pero ganar ocho oros en unos Juegos Olímpicos es un récord que solo le pertenece a él. Posiblemente nunca más se repetirá una gesta semejante. 

El oro de Mireia Belmonte en Río 2016. Natación. 

Llegó tras el esfuerzo de muchos años. Después de pasar miles de horas nadando. Tras mucho esfuerzo y dedicación. El día soñado por Mireia Belmonte fue el 10 de agosto de 2016. Muchos españoles trasnochamos para verla ganar el oro olímpico en los 200 metros mariposa. Sufrimos hasta la última brazada. El oro llegó por solo tres centésimas. Pero llegó, que es lo importante. Será difícil que volvamos a vivir algo parecido. 

Los cuatro oros de Simone Biles en Río 2016. Gimnasia. 

Fue la estrella de la gimnasia artística en Río 2016. Ganó cuatro medallas de oro, como Latynina en 1956. La atleta estadounidense Simone Biles demostró que es una de las más grandes de siempre. Se impuso en salto, suelo, en el concurso individual y por equipos. Todos los focos, todo el protagonismo fue para ella. Podría haber firmado un oro más, pero se tuvo que conformar con el bronce en la barra de equilibrio.

Larisa Latynina, la reina de los Juegos

Es la reina indiscutible de los Juegos, la mujer que más veces ha subido a un podio olímpico. Larisa Latynina (Jersón, Ucrania, 27 de diciembre de 1934) fue la deportista con más medallas olímpicas hasta Londres 2012. El nadador estadounidense, Michael Phelps, superó las dieciocho medallas de la gimnasta rusa en la capital inglesa. Latynina se colgó nueve oros, cinco platas y cuatro bronces en tres Juegos Olímpicos: Melbourne 1956, Roma 1960 y Tokio 1964. Phelps se retiró en Río 2016 con veintiocho metales siendo líder absoluto. La segunda en la clasificación es Latynina. Y parece complicado que le bajen de ese segundo puesto en el futuro. En el ránking de medallas olímpicas individuales aparecen los mismos protagonistas en las dos primeras posiciones. Phelps ganó dieciséis y Latynina catorce. 

Infancia en medio de la Segunda Guerra Mundial

En una entrevista de Eleonora Giovio en el diario El País, recordó su infancia en plena Segunda Guerra Mundial. Dijo Latynina que vivió cosas horribles: “recuerdo los sótanos a los que teníamos que ir corriendo a escondernos cuando había bombardeos”. Su padre murió durante el conflicto. “Fue muy duro cuando mi madre y yo recibimos la noticia de que había caído cerca de Stalingrado” dijo a Jesús Mínguez del diario As. 

Latynina comenzó a practicar ballet a los 11 años. No debutó en la gimnasia hasta la adolescencia e hizo su debut internacional en el Mundial de 1954. Acabó en decimocuarto lugar. Dos años después todo cambió para siempre. 

De Melbourne a Tokio

A los veintiún años, Latynina hizo su debut olímpico en los Juegos de Melbourne de 1956. Arrasó con seis metales, cuatro oros (general individual, equipos, suelo y salto), una plata (barras asimétricas) y un bronce (aparatos por equipos). Evidentemente fue la reina de aquellos Juegos junto a Ágnes Keleti. La gimnasta húngara también ganó seis metales en Melbourne. 

En mitad de aquel ciclo olímpico, en 1958, descubre que está embarazada y compite en los Mundiales de Moscú. Solo lo sabía su ginecólogo, que la dejó participar. Ganó cinco oros y una plata. A lo largo de su carrera deportiva sumó trece medallas en Campeonatos del Mundo: ocho oros, cuatro platas y un bronce. 

Seis medallas multiplicadas por tres

En los Juegos de Roma de 1960, Latynina repitió el número de medallas de cuatro años atrás. Defendió su título completo individual, ganó otra medalla de oro por equipos y en suelo. Ganó dos platas en asimétricas y en la barra de equilibrio. Fue bronce en la prueba de salto. Latynina alcanzaba así doce medallas (siete oros) en dos Juegos Olímpicos, una auténtica burrada. Igualó al líder de la clasificación por aquel entonces, el atleta Paavo Nurmi subió doce veces al podio olímpico entre 1920 y 1928. 

Cuatro años más tarde llegaron los Juegos de Tokio 1964. Como no podía ser de otra manera, Latynina volvió a colgarse otras seis medallas más. Esta vez “solo” pudo ganar dos oros. Los logró en suelo y en el concurso general por equipos. En el individual fue subcampeona olímpica, al igual que en salto. Fue medalla de bronce en la barra de equilibrio y en asimétricas. 

En el club de los ganadores de nueve medallas de oro

Latynina es una de los cinco atletas que han ganado al menos nueve medallas de oro en unos Juegos Olímpicos. Durante cuarenta y ocho años, desde Tokio 1964 a Londres 2012 tuvo el récord de medallas olímpicas. Es curioso que hasta 1978, catorce años después de establecerlo, no tenía ni idea de la plusmarca. Un reportero checo le enseñó un recorte con el ránking y Latynina fue consciente. En sus tres participaciones olímpicas fue capaz de ganar al menos dos oros. 

El día que Phelps le superó, la reina de los Juegos estaba en la piscina de Londres 2012. La medalla diecinueve del nadador americano llegó en el 4×200 metros libre. 

Larisa Latynina se retiró en el Mundial de Dortmund celebrado en 1966 a los 32 años. Se graduó en Educación Física y dirigió al equipo nacional ruso en México 1968, Múnich 1972 y Montreal 1976. Sus pupilas ganaron diez medallas de oro.»Fui muy patriota. Mi gimnasia no me pertenecía sólo a mí, también era de mi tierra soviética y de toda su gente» dijo Latynina. Fue galardonada con la Orden Olímpica, la mayor distinción del COI, en 1989.

 

Fotos: olympic.org

Cinco grandes retos (superados y pendientes) del deporte

El mundo del deporte está lleno de retos. De límites que se han superado con el tiempo y de otros que van quedando pendientes a medida que van pasando los años. Es posible que nuestros ojos no vean nunca la superación de algunos de los retos. Llegarán nuevos deportistas, nacerán nuevas estrellas, se superarán récords mundiales, europeos y olímpicos. La tecnología seguirá ayudando a que los límites sean cada vez más fáciles de alcanzar. Este es un pequeño repaso a cinco retos que se han superado o que todavía están esperando a que lleguen los elegidos que los superen. 

El cuádruple Salchow

El patinaje artístico sobre hielo es uno de los deportes de invierno más complicados. Los saltos que dan los patinadores son espectaculares. Requieren una técnica y de una exigencia brutales. El salto más difícil del patinaje es el cuádruple Salchow. Durante el mismo, el patinador se eleva casi medio metro sobre el hielo girando cuatro veces en aproximadamente medio segundo. El español Javier Fernández es uno de los grandes expertos. Este salto le ha ayudado a ganar dos Mundiales, siete Europeos consecutivos y un bronce olímpico. 

El cuádruple Salchow recibe el nombre del patinador sueco (Ulrich Salchow) que lo hizo por primera vez en 1909. Salchow ganó diez oros mundiales y nueve europeos en los primeros años del siglo XX. Nadie ha logrado superar su inmenso palmarés. 

Hace unos años, el diario norteamericano USA Today, hizo un estudio para ver cuáles eran las acciones deportivas más difíciles. Situó al cuádruple Salchow en sexto lugar. Según ese estudio son más difíciles las siguientes cinco cosas: batear en béisbol, conducir un coche de carreras, el salto con pértiga, golpear para llegar a un green de golf o devolver un saque de tenis. 

Los 100 metros lisos

El 16 de agosto de 2009 Usain Bolt batió el récord del mundo de 100 metros lisos en el Campeonato del Mundo de Berlín. Lo dejó en 9 segundos y 58 centésimas. Una marca de otro planeta. El mejor velocista de todos los tiempos se batía sí mismo tras haber pulverizado los 9.69 de los Juegos de Pekín 2008. Sólo él ha sido capaz de bajar de los 9.60. El jamaicano se retiró del atletismo dejándonos con la duda de qué habría ocurrido si en Pekín hubiera apretado un poco más. 

Nunca obtendremos una respuesta. Ahora el gran reto de cualquier velocista es doble. Lo primero es superar las estratosféricas marcas de Bolt, algo que parece muy complicado. Lo segundo es bajar de los 9.50. Expertos de la Universidad holandesa de Tilburg dijeron que el límite del ser humano en los 100 metros lisos se sitúa en los 9.51. En el caso de las mujeres establecen el tope en los 10.33, dieciséis centésimas menos que el récord alcanzado por Florence Griffith en 1988. Ninguna atleta se ha acercado a esa marca. Griffith se retiró en 1989 cuando empezaban los controles antidopaje por sorpresa. 

 

El 10 en gimnasia

Escribir sobre Nadia Comaneci es hacerlo sobre una de las mejores gimnastas de todos los tiempos. La rumana ganó nueve medallas olímpicas, cinco de ellas de oro, pero sobre todo pasó a la historia por ser la primera en superar un reto magnífico. Fue la reina de los Juegos de Montreal celebrados en 1976. El 18 de julio de aquel año pasó a formar parte de los libros de oro del deporte y de la gimnasia, gracias a una niña de catorce años. 

Por primera vez se logró algo que nadie había logrado anteriormente. Comaneci realizó un ejercicio de paralelas perfecto. Un 10 para el que el marcador electrónico no estaba preparado. »Cuando hice el ejercicio pensé que había hecho un muy buen ejercicio, pero no perfecto». »El 10 no era mi objetivo, no fui consciente de lo que suponía». En Montreal logró seis dieces más. Para esos sí estuvo preparado el marcador.

La ascensión al Everest

Mucho se ha hablado, y se sigue hablando, de las expediciones al techo del mundo. El Everest es la montaña más grande, la que todo el mundo desea subir. Solo unos pocos lo han logrado. Pero como todo en la vida siempre hubo una primera ocasión. El 29 de mayo de 1953 pasó a la historia como el día en el que dos alpinistas alcanzaron los 8.848 metros de altitud y regresaron para contar su gesta. El neozelandés Edmund Hillary y su sherpa Tenzing Norgay fueron los primeros en conseguirlo. Formaban parte de la novena expedición británica a la cima del mundo. 

25 años después de la hazaña de Hillary y Norgay, en 1978, el italiano Reinhold Messner y el austríaco Peter Habeler fueron los primeros en ascender el gigante del Himalaya sin botellas de oxígeno. El 20 de agosto de 1980 Messner fue el primer hombre que alcanzó la cima en solitario y sin oxígeno, doble mérito para la posteridad. »Cuando conseguí subir el Everest sin oxígeno, quedó claro que se podían escalar todos los picos del mundo a mi estilo, con poco equipo, con escasos medios, con una exposición absoluta y mayor riesgo, dando por supuestas mucha experiencia y rapidez».

La maratón

Bajar de las dos horas en maratón se ha convertido en una obsesión. Parece que solo hay un hombre capaz de lograrlo. El keniano Eliud Kipchoge lo logró el 12 de octubre de 2019. La marca no es oficial porque no se consiguió en circunstancias legales. 

Habrá que esperar más tiempo para superar este reto. Kipchoge posee el récord mundial, este sí legal, dos horas, un minuto y 39 segundos conseguido en Berlín en 2018. Es el mejor maratoniano de todos los tiempos

Fotos: AFP, EFE, GETTY IMAGES , SCOOPNEST.COM,

Paloma

Paloma del Río Cañadas (Madrid, 4 de abril de 1960) acaba de recibir un Premio Ondas. “Por ser la eterna voz de la gimnasia en España. Gracias a sus conocimientos y su manera de transmitirlos, los espectadores han podido acercarse a este deporte con seriedad y elegancia”.

Ya era hora, decimos algunos. Los que la admiramos y hemos amado el deporte gracias a sus sencillas pero fantásticas narraciones. Muchos hemos crecido con ella. Cuando comenzó en TVE, allá por 1986, yo estaba en la guardería. Toda una vida dedicada a hacer lo que más le gusta. “ Mi vida gira en torno al deporte. Por suerte, he tenido la oportunidad de dedicarme a una profesión que me permite vivirlo de cerca, con pasión, disfrutando, sufriendo y llorando con él”. Escribió Paloma en su libro `Enredando en la memoria´. Orgulloso de ser mecenas de unas páginas cargadas de sinceridad, emocionantes, llenas de anécdotas y mucho recuerdos. Paloma nos habla de su vida, de su profesión y del deporte que le ha tocado contar a millones de personas.

Catorce Juegos Olímpicos

Paloma son las tres medallas de Gervasio Deferr en los Juegos Olímpicos de Sidney, Atenas y Pekín. El bronce de Patricia Moreno. El oro y la plata de las chicas de gimnasia rítmica en Atlanta 96 y Río 2016. Paloma son las cuatro participaciones olímpicas (de 1996 a 2004) de Almudena Cid, su compañera y amiga.

Hablar de Paloma del Río es hacerlo de todas las medallas europeas y mundiales de Javier Fernández. Especialmente del séptimo oro europeo consecutivo del patinador. Su emoción al narrar la última medalla lo dice todo. Fue una lástima que no pudiera contarnos el bronce olímpico de Pyeongchang 2018. TVE no tenía los derechos.

Paloma del Río es Teledeporte y también las medallas de Svetlana Khorkina, Simone Biles, Yuzuru Hanyu y de tantos gigantes de la gimnasia y el patinaje artístico. Paloma es Olimpismo. Ha cubierto catorce Juegos Olímpicos, ocho de verano y seis de invierno. La única periodista española en cubrir tantas ediciones. Se dice pronto, pero es enormemente difícil. Y si las cifras olímpicas ya son tremendas, hay que sumar más de cincuenta Mundiales y Europeos. Una auténtica barbaridad.

En constante búsqueda de la igualdad

Paloma es periodismo deportivo. Es emoción. Mucho trabajo. Constancia. Una manera diferente de contar los deportes, que pocas veces o ninguna, ocupan las portadas de los diarios deportivos. La VOZ con mayúsculas, de la gimnasia, la rítmica y la artística, del patinaje, de la hípica y de otras disciplinas.

Hablar de Paloma del Río es hacerlo de la defensa de la igualdad, de la equidad. De luchar en un mundo de hombres. «No ha sido fácil ser periodista deportivo en un mundo de hombres, pero las mujeres estamos aquí y reivindicamos nuestro hueco» ha dicho al recibir el Ondas.

Ay, Paloma, se acerca Tokio 2020. Ojalá tengamos la oportunidad de disfrutarte y TVE pueda ofrecernos horas en abierto. Será complicado que narres una medalla en gimnasia, pero sería un lujazo volver a escuchar tu voz olímpica. GRACIAS por tantas horas de transmisiones deportivas. Por defender los deportes mal llamados minoritarios y luchar porque el papel de las mujeres sea el mismo que el de los hombres. Leerte, escucharte y verte es un aprendizaje continuo.

Simone “Gold” Biles para la eternidad


La reina de la gimnasia artística ya es la mejor gimnasta de siempre. Simone Arianne Biles (Columbus, Ohio; 14 de marzo de 1997) ha sumado cinco medallas de oro más a un palmarés excepcional y ha situado el récord de medallas mundiales en 25. Una auténtica barbaridad. Veinticinco medallas en seis años. Diecinueve oros, tres platas y tres bronces para la eternidad. En Stuttgart ha cerrado su palmarés en Campeonatos del Mundo. La intención de la chica de oro, Simone “Gold” Biles, es retirarse tras los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Tendrá solo 23 años y dejará un legado inmenso a los gimnastas que vengan detrás.
Cuando parecía que era imposible hacerlo mejor que en Mundiales anteriores, la gimnasta americana se ha superado a sí misma y ha sumado más oros que nunca. El Pabellón Hanns Martin Schleyer de Stuttgart ha sido su último lugar conquistado. Cinco medallas de oro. Con el invencible equipo estadounidense, en la general individual, suelo, salto y barra. La mejor en todos los Mundiales en los que ha participado. Superando a Vitaly Scherbo que había logrado 23.


Debemos sentirnos satisfechos. En el futuro podremos decir aquello de “yo vi competir y ganar medallas a Simone Biles”. La cuatro veces campeona olímpica ha revolucionado la gimnasia artística desde que comenzó a ganar en aquel Mundial de Amberes celebrado en 2013. Cinco veces campeona mundial en la general individual en sus cinco participaciones mundialistas. El japonés Uchimura logró seis oros absolutos. Será el récord que ni siquiera podrá igualar Biles. A no ser que cambie de opinión después de los Juegos de Tokio y decida participar en el Mundial de Copenhague de octubre de 2021.

Mejor que en Río 2016

En el Mundial de Stuttgart 2019 ha ganado medallas en las mismas pruebas que en los Juegos de Río 2016, su única participación olímpica. Allí logró cuatro oros y un bronce. En Alemania ha conseguido mejorar el bronce en barra y lo ha convertido en oro.


Imbatible en suelo. Desde 2013 nadie ha podido con ella. Cinco oros mundiales y uno olímpico. Su potencia, su fuerza y sus acrobacias imposibles en el aire la hacen única e invencible en la prueba. Dos triples-dobles que solo hace ella y que nos dejan a todos con la boca abierta cada vez que los ejecuta.


En salto no le ha ido tampoco nada mal. Fue subcampeona mundial en 2013 y 2014. En 2015 se colgó la medalla de bronce. Pero desde los Juegos de Río hasta el Mundial de Stuttgart ha sumado tres oros. Hay que recordar que en 2017 no compitió en el Campeonato del Mundo de Montreal, porque se tomó un año de descanso tras asombrar en los Juegos Olímpicos de 2016.

Que no se vaya nunca

Nadie quiere que Simone Biles se marche. Es un espectáculo verla competir. La humildad en sus declaraciones sin darse ni pizca de importancia hacen aún más grande a esta mujer que mide menos de metro y medio. Se marchará de la gimnasia como la mejor de todos los tiempos. Solo le falta la traca final en Tokio 2020. Todo está preparado para que ella sea la principal protagonista. Si gana cuatro medallas en la capital japonesa, también será la máxima medallista de la gimnasia artística. Ahora suma treinta medallas mundiales y olímpicas. Scherbo y Latynina consiguieron treinta y tres y treinta y dos respectivamente. Única, irrepetible. Eterna Simone “Gold” Biles.


Fotos: Getty Images

El día más grande de la gimnasia española

Los lunes. Ay, los lunes. El día de la semana que menos gusta a la mayoría de la gente. Pero aquel 23 de agosto de 2004 lo tenemos que recordar con una sonrisa y también con lágrimas de alegría. La gimnasia artística española vivió la jornada más importante de su historia. Día grande en el que se sumaron dos medallas olímpicas en los Juegos de Atenas. Gervasio Deferr en salto y Patricia Moreno en suelo ganaron un oro y un bronce para recordar. Dos medallas españolas en gimnasia. Lo nunca visto. Un éxito sin precedentes para nuestra país en uno de los deportes olímpicos más destacados junto al atletismo y la natación. 


Oro y diploma en Atenas 2004

Gervasio Deferr (7 de noviembre 1980, Premiá de Mar, Barcelona) llegaba a Atenas falto de preparación debido a varias lesiones que le acompañaron en el camino olímpico. A medio año de los Juegos, pasó de no poder entrenar a hacerlo siete horas diarias. Deferr ya había sido campeón olímpico en salto en Sidney 2000. 

Un día antes de la final de salto, se quedo a las puertas del podio en suelo. «No me han ganado la medalla, la he perdido yo, y eso es lo que más me duele» dijo al quedar cuarto. «He tenido dos errores que me han dejado sin podio, pero así es este deporte, en 60 segundos te lo juegas todo».  La diferencia entre los medallistas y el gimnasta español fue muy pequeña. Ganó el canadiense Shewfelt con 9,787. Fue plata el rumano Dragulescu con la misma puntuación. El bronce se lo colgó el búlgaro Jovtchev con 9,775 y Deferr hizo 9,712.

El primer oro para España

España llegaba al lunes 23 de agosto con siete medallas, ninguna de oro. Gervi llega a la final de salto enrabietado por el cuarto puesto del día anterior. Cambió el medallero tras hacer dos saltos enormes. El segundo casi perfecto.

El primer salto fue muy bueno: 9,687. El segundo mejor aún. Lo clava y le puntúan con 9,787. Un salto histórico. Con una puntuación total de 9,737 tras dos saltos de dificultad 9.90 se coloca en primera posición. La plata está asegurada para el español. Faltan dos saltos, los del Marian Dragulescu.

El gimnasta rumano hace un primer salto perfecto, pero en el segundo se sale de la colchoneta y le da el segundo oro olímpico consecutivo en salto a Gervasio Deferr. Otro día para recordar. «Se lo dedico a toda España, menos a los grandes jefazos». «Estoy feliz, pero me podía haber ido de aquí con más, con dos oros». «Esta medalla no tiene rencor ni mala baba, solo trabajo». Gervi se convertía así en el tercer español que conseguía dos oros olímpicos, entraba en el club de los bicampeones junto a los regatistas Luis Doreste y Theresa Zabell. Dragulescu fue bronce y el letón Sapronenko se colgó la medalla de plata. 

Deferr también le dedicó su segundo oro olímpico a su hermano, fallecido el 25 de abril de aquel año. En medio de la preparación olímpica. «Lo de hoy ha costado las lágrimas de ayer. Una de cal y otra de arena, pero espero que a partir de ahora todo vaya bien» le dijo a su padre por teléfono tras colgarse la medalla. 

Una medalla ganada desde la humildad

Patricia Moreno (7 de enero de 1988, Madrid) llegaba a Atenas 2004 con el pensamiento de hacer un buen papel. Nadie la tenía en las quinielas por las medallas. Llegaba a los Juegos como la única gimnasta que había realizado una triple pirueta y media en la competición internacional de suelo. 

Moreno era la más joven de las participantes. 16 años, 1,45m y 34 kilos de peso. Todos los ojos miraban a Elena Gómez (oro mundial en 2002 y bronce en 2003), que no pudo llegar a la final de suelo por culpa de los jueces. Moreno sí llegó y se convirtió en la primera (y hasta hoy última) gimnasta española en ganar una medalla olímpica. Un bronce inolvidable que llegó gracias al desparpajo de la madrileña. Un bronce por sorpresa. Del suelo al cielo del podio en un abrir y cerrar de ojos. 

Patricia no falló

Las favoritas fallaron y Moreno no. La máxima candidata al oro, la brasileña Daiane Dos Santos, perdió la medalla al comienzo de su ejercicio saliéndose del tapiz. Moreno enlazó tres grandes diagonales y sumó 9,487 que le valieron el tercer lugar. La rumana Ponor se hizo con el oro gracias a sus 9,750. La plata también se fue para Rumanía. Sofronie alcanzó los 9,562. 

«Siento mucha felicidad, me he sentido muy a gusto». «Nunca había estado en una gran final y de repente verme en una olímpica ya era un premio para mí». «Yo estaba muy tranquila porque no tenía nada que perder y sí mucho que ganar». Dijo la gimnasta española tras ganar el bronce. 

«Me queda mucho por mejorar». «Desde pequeña el suelo es el aparato que más me gusta, pero creo que puedo ser bastante completa». Patricia Moreno fue la primera mujer española en ganar una medalla olímpica en gimnasia artística. Un bronce para la eternidad. 


Fotos: AFP, AP, EFE

Imágenes míticas de la historia del deporte: el 10 de Nadia Comaneci

18 de julio de 1976. Se están celebrando los Juegos Olímpicos de Montreal. El Forum de la ciudad canadiense acoge la competición de gimnasia artística. Ese día y en ese lugar, una gimnasta rumana, llamada Nadia Comaneci, consiguió algo increíble en la prueba de barras asimétricas. Un 10 enorme, la perfección, algo que nadie había hecho hasta ese momento, historia de la gimnasia, del deporte y de los Juegos Olímpicos de una tacada.

Nadia Comaneci llegaba a Montreal como una de las grandes favoritas para conquistar las medallas. El año anterior había ganado cuatro oros y una plata en el Campeonato de Europa celebrado en Skien (Noruega). Comaneci tenía 14 años, medía poco más de metro y medio y pesaba unos 40 kilos. Nacida en Onesti (Rumanía)  y de orígenes humildes, en Montreal logró lo que nadie había logrado antes. Un 10 para el que el marcador electrónico no estaba preparado. Solo lo estaba para puntuar 9.99. De hecho, cuando la gimnasta rumana terminó su ejercicio, marcaba 1.00.

Los marcadores no estaban preparados para la perfección

La foto de la Agencia EFE lo corrobora. En una entrevista a Reuters, Comaneci contó años más tarde de su 10: “Cuando hice el ejercicio de paralelas pensé que había hecho un muy buen ejercicio, pero no perfecto”. Además dijo que ni miró el marcador para ver la nota, porque ya estaba pensando en la barra de equilibrio. Acto seguido oyó un gran estruendo en el pabellón, se giró y vió el número 73, su dorsal y después el 1.00 debajo. Miró a sus compañeras rumanas y no entendían lo que estaba sucediendo. Enseguida la megafonía resolvió el misterio anunciando que la nota era un 10.00. El público aplaudió a rabiar y Nadia Comaneci se convertía en campeona olímpica. “El 10 no era mi objetivo, era muy joven y no fui consciente de lo que suponía” declaró la gimnasta años después.

No contenta con la proeza sumó otros 6 dieces más, menos mal que la noche del primer diez, expertos informáticos, se pusieron a trabajar en cambiar los marcadores. Fue la heroína de Montreal, llegó como promesa y salió como reina, cambiando la gimnasia artística para siempre con un récord perfecto. Además de su oro en asimétricas, ganó la general individual y la barra de equilibrio. Fue plata con el equipo rumano y se colgó la medalla de bronce en suelo.

Cuatro años más tarde en los Juegos de Moscú 1980 sumó otras cuatro medallas más. Dos oros en barra de equilibrio y suelo y dos platas en la general individual y por equipos. Comaneci cerró su experiencia olímpica en la capital rusa. En total, nueve metales olímpicos: cinco oros, tres platas y un bronce. Además consiguió cuatro medallas en Campeonatos del Mundo y doce en Campeonatos de Europa.

 

FOTOS: EFE, AP, GETTY