A las puertas de la gloria olímpica

Quedarse a las puertas de la gloria olímpica. Rozando la medalla por unos pocos metros o por unas centésimas. A España le ocurrió ocho veces durante los Juegos Olímpicos de Tokio. Si se hubieran convertido en medalla, el equipo español habría superado, por fin, el récord de 22 del inolvidable verano de 1992 en Barcelona. Pero el alto nivel es así. Se alcanzan los podios por un estrecho margen. Te quedas con el diploma con sabor a chocolate, con el cuarto puesto, por muy poco. 

 

Mireia siempre está ahí

En la piscina llegó un cuarto lugar inesperado, el de Mireia Belmonte en la prueba más completa de la natación, los 400 metros estilos. Mireia no llegaba en su mejor momento. Tras un año de contratiempos y lesiones defendió su bronce de Río 2016, en la misma prueba, a las mil maravillas. Solo 23 centésimas separaron a la nadadora española de una quinta medalla olímpica que hubiera sido histórica. Ninguna mujer ha sido capaz de subir al podio en unos Juegos con más de treinta años. La proeza se quedó a una brazada. Parece que la experiencia olímpica de la mejor nadadora española de la historia no ha acabado. Quiere llegar a los quintos Juegos de su carrera, a París 2024, con opciones de hacer algo grande. Llegará con 33 años si las lesiones no se lo impiden. Será el más difícil todavía. 

 

La lección de Eusebio Cáceres

A solo tres centímetros del bronce olímpico en salto de longitud, se quedó el alicantino Eusebio Cáceres. Antes del último salto la medalla era para el saltador español. El griego Miltiadis Tentoglou voló en el último intento y ganó el oro con un salto de 8m41cm. Cáceres se tuvo que conformar con los 8m18cm por los 8m21cm del cubano Maykel Massó. El atleta español valoró positivamente su cuarto lugar y reconoció que sus rivales habían sido mejores. Lejos de rendirse, se puso a pensar en los próximos Juegos en los que, porqué no, podría tener una nueva oportunidad de colgarse una medalla olímpica. 

 

 

La marcha española no falla

Hay veces que repetimos frases una y otra vez. La marcha española no falla, es una de ellas. Y es la pura realidad. Los marchadores españoles siempre están entre los mejores, ya sea un Mundial, un Europeo o unos Juegos. En Tokio 2020, hubo cuatro diplomas, tres de ellos fueron cuartos puestos. El campeón de Europa de 20km marcha, Álvaro Martín, se quedó a solo 18 segundos del bronce. En sexto lugar llegó Diego García. María Pérez fue también cuarta a solo 8 segundos del podio. En los 50km marcha, Marc Tur, fue cuarto a tan solo nueve segundos del tercero. 

 

 

 

Rozando las medallas en vela

Pocas veces hemos visto a la vela española fuera de los puestos de honor en unos Juegos Olímpicos. En los de Tokio 2020 hubo un poco de todo. Dos bronces, decepciones y, por supuesto, medallas de chocolate. Concretamente dos. Más cerca del podio no se pudieron quedar. En ambos casos optaban a medalla y se quedaron con la miel en los labios. Támara Echegoyen y Paula Barceló fueron cuartas a tan solo un punto de las terceras clasificadas en la clase 49erFX. Más rabia dio el cuarto puesto de Iago López y Diego Botín en 49er. Acabaron con la misma puntuación que los alemanes, terceros, pero el sistema de desempate impidió que subieran al tercer cajón del podio olímpico. 

 

 

 

El cuarto lugar más amargo

Apuntaban a una medalla tras una trayectoria impecable. Pudo ser de oro o plata. También de bronce. Pero se quedó en medalla de chocolate la actuación de la selección masculina de waterpolo. Cinco victorias en cinco partidos disputados auguraban algo grande. La victoria contra Estados Unidos en cuartos de final aseguró la lucha por el podio. En semifinales volvió a aparecer Serbia, uno de los rivales de la primera fase. En el primer encuentro se les ganó, pero en este no. Tocaba jugar por el bronce contra Hungría. De nuevo derrota y para casa con un cuarto lugar amargo. 

 

Grandes dominadores del deporte mundial: Al Oerter y el lanzamiento de disco

Solo cuatro deportistas han sido capaces de ganar cuatro oros olímpicos consecutivos en una misma prueba. Un regatista (Paul Elvstrøm) un lanzador de disco (Al Oerter) un saltador de longitud (Carl Lewis) y un nadador (Michael Phelps). Alfred Oerter (Astoria, Nueva York, 19 de septiembre de 1936-Fort Myers, Florida, 1 de octubre de 2007) fue cuádruple campeón olímpico de lanzamiento de disco entre 1956 y 1968. Doce años de dominio absoluto de Melbourne a México pasando por Roma y Tokio. Desde los 20 a los 32 años. Batió el récord mundial en cuatro ocasiones también entre 1962 y 1964.

Melbourne 1956

Su primer oro llegó en Melbourne 1956. Participó en aquellos Juegos por casualidad. Oerter solo había podido ser cuarto en las pruebas de la selección estadounidense. La lesión de uno de los tres lanzadores clasificados, Ron Drummond, le valió para ser repescado. Le cambió la vida. En el Cricket Ground de Melbourne y con solo 20 años dio la sorpresa. 

En el primero de sus seis lanzamientos, batió el récord olímpico con una marca de 56,36 metros. Ninguno de sus rivales pudo superar esa marca en los cinco intentos restantes. Oro de ley para Al Oerter con récord incluido. La plata fue para el también estadounidense Fortune Gordien. El recordman mundial en ese momento fue subcampeón olímpico con una marca de 54,81. El bronce también fue estadounidense. Lo logró Des Koch con un mejor lanzamiento de 54,40 metros. 

Roma 1960

 

El segundo oro olímpico de Al Oerter llegó en Roma 1960. De nuevo sus grandes rivales eran del equipo estadounidense. Y por segunda vez consecutiva volvió a imponerse. En esta ocasión hubo que esperar al quinto lanzamiento para ver el disco más lejos que ninguno de los participantes. Con los 59,18 metros batió su propio récord olímpico conseguido cuatro años antes en Melbourne. 

 

Como ya ocurriera en 1956, el podio fue ocupado por tres estadounidenses. La plata fue para Rink Babka con 58,02. Dick Cochran se colgó el bronce con un mejor lanzamiento de 57,16 metros. 

Cuatro récords mundiales

Entre 1962 y 1964 Al Oerter batió cuatro veces el récord del mundo. En mayo de 1962 superó los 61 metros por primera vez, 61,10. Ese mismo año lo superó con 62,45 metros. Ya en 1963 dejó la mejor marca mundial de disco en 62,62. Meses antes de la cita olímpica de 1964, dejó el récord del mundo en 62,94 metros. 

Tokio 1964

Llegaba Al Oerter a Tokio 1964 con dos medallas de oro olímpicas en el cajón. Su actuación en el Estadio Olímpico de Tokio fue épica. Compitió con collarín por una lesión en las vértebras. El checoslovaco Ludvik Danek llegó a Japón siendo el poseedor del récord mundial de disco. Gran favorito, en un día de frío y lluvia, Danek comenzó liderando la prueba desde el primer lanzamiento. 

Fue en el quinto intento cuando Oerter se quitó el collarín e hizo un lanzamiento sensacional alcanzando los 61 metros, de nuevo récord olímpico. Ganó la medalla de oro por tercera vez seguida, pero agravó la lesión y estuvo sin competir durante un año. Danek se tuvo que conformar con la plata con una mejor marca de 60,52. El estadounidense Dave Weill ganó el bronce con 59,49 metros. 

México 1968

Los Juegos de México 1968 fueron históricos por muchas razones. Todos los focos de aquella cita estuvieron puestos en otros protagonistas. Poco se habla de que Al Oerter ganó su cuarta medalla olímpica de oro consecutiva. Y por cuarta vez llegó sin ser favorito a la victoria. A pesar de tener en sus manos tres oros en las últimas tres ediciones. El también estadounidense Jay Silvester había dejado el récord mundial muy cerca de los 70 metros y era el principal candidato al oro.

De nuevo Oerter volvió a ganar. Esta vez fue el tercero de sus lanzamientos el que le dio la cuarta medalla olímpica que llegó con el cuarto récord olímpico para el discóbolo americano. 64 metros y 78 centímetros le valieron para convertirse en el primer atleta en ganar cuatro oros olímpicos consecutivos en una misma prueba. El alemán Lothar Milde tuvo que conformarse con la plata con un lanzamiento de 63,08. El checoslovaco Ludvik Danek, subcampeón en Tokio 1964, fue bronce con una marca de 62,92 metros. 

Al Oerter fue el abanderado de Estados Unidos en la ceremonia de clausura de los Juegos de México. Veinte años después de su último oro olímpico, a los 52 todavía fue capaz de lanzar el disco por encima de los 60 metros. Incluso llegó a fantasear con llegar a los Juegos de Moscú 80. La edad y el boicot estadounidense se lo impidieron. 

Fotos: AP, GETTY

 

España en los Europeos de atletismo bajo techo

En 1970 se celebró el primer Campeonato de Europa de atletismo bajo techo.  Se trata de una competición que se celebra cada dos años, pero hasta 1990 se competía anualmente. España sumó tres metales en Viena: una plata y dos bronces en la primera edición. De 1971 a 1978, España solo pudo sumar finalistas. Ningún podio.

Hubo que esperar a Viena 1979 para ver una medalla española. Significó el primer oro y por lo tanto el primer campeón de Europa indoor de nuestro país. Antonio Páez se subió a lo más alto del podio en los 800 metros lisos. Fue la única medalla para España en aquellos Europeos. Páez volvería a subir al podio en otras dos ocasiones. Fue tercero en Grenoble 1981 y de nuevo oro europeo en Milán 1982. El atleta granadino fue el primer español que encabezó un ránking mundial, gracias a sus grandes resultados en los 800 metros.


En aquel Europeo celebrado en Milán en 1982 llegó otro oro para España. José Luis González abría las puertas a una época fantástica de los españoles en los 1.500 metros. En aquella cita italiana, José Manuel Abascal (bronce olímpico dos años más tarde en Los Ángeles) fue subcampeón de Europa. Benjamín González en 400 metros y Colomán Trabado en 800 metros cerraron con cinco medallas el que hasta ese momento era el mejor Europeo para España.

Budapest fue la ciudad organizadora de los Europeos de 1983. Colomán Trabado ascendió dos posiciones para proclamarse campeón de Europa de 800 metros. Confirmando así el gran nivel de los atletas españoles en el medio fondo. En Atenas 1985 llegaron tres medallas para España. Dos llegaron en el 1.500. José Luis González se colgó la medalla de oro y José Luis Carreira la de bronce.

Madrid organizó los Europeos Indoor de 1986

Madrid fue la sede de los Europeos bajo techo de 1986. El equipo español ganó cinco metales. José Luis González fue de nuevo campeón de Europa en 1.500 metros. También se colgó la medalla de oro, Javier Moracho en los 60 metros vallas. Un año después en el Europeo de Lievin (Francia) José Luis González volvió a lo más alto del podio. Esta vez en los 3.000 metros. Medalla y prueba que repitió un año más tarde en Budapest.

En el Campeonato de Europa de Lievin, celebrado en 1987, llegaron las primeras medallas femeninas en una cita europea bajo techo. Blanca Lacambra fue plata en los 200 metros y Cristina Pérez fue bronce en 400. En esta última prueba, Cayetano Cornet se proclamó campeón de Europa en La Haya 1989.

El siguiente oro español lo encontramos en Génova 1992. Sandra Myers se convirtió en la primera española campeona de Europa bajo techo. Lo consiguió en los 400 metros lisos. Luis Javier González también subió a lo más alto del podio europeo en 800 metros.

El Campeonato de Europa celebrado en Estocolmo en 1996 se cerró con cuatro oros para España. Sandra Myers en 200, Roberto Parra en 800, Mateo Cañellas en 1.500 y Anacleto Jiménez en 3.000 metros, fueron los grandes triunfadores. Cuatro años después en Gante 2000, José Antonio Redolat fue oro en 1.500 metros.

Diez medallas llegaron desde Austria

Viena 2002 fue una auténtica exhibición del equipo español. Es cierto que algunas de las medallas son sospechosas de dopaje por el historial de varios atletas. Cuatro oros, tres platas y tres bronces que significaban en ese momento el mejor Europeo indoor para España. Hay que destacar nombres míticos como el de Manolo Martínez, oro en lanzamiento de peso. Yago Lamela, plata en salto de longitud, Juan Carlos Higuero plata en 1.500 o Jesús España, bronce en 3.000 metros.

Doce medallas en casa

Lo mejor estaba por llegar. Madrid organizó el Europeo de atletismo bajo techo en 2005. Doce medallas para los atletas españoles. Un oro de Joan Lino Martínez en salto de longitud, seis platas y cinco bronces. El mejor campeonato en número de medallas para España. Tres medallas llegaron gracias a tres grandes mujeres del atletismo español. Ruth Beitia fue plata en salto de altura. Mayte Martínez también subió al segundo cajón del podio en 800 metros y Carlota Castrejana fue bronce en triple salto.

 

Triplete en 1.500 y oro en triple salto

Birmingham fue la ciudad sede en 2007. Juan Carlos Higuero que había sido segundo dos años atrás, se proclamó campeón de Europa de 1.500 metros. En esa prueba se produjo un triplete español sensacional. Sergio Gallardo fue plata y Arturo Casado bronce. Carlota Castrejana, también hizo historia al ser oro en triple salto. España sumó diez medallas, dos oros, cuatro platas y cuatro bronces.

A partir de 2009 se puede decir que España se han mantenido en una horquilla de dos a cinco medallas. Se cuentan con los dedos de una mano las conseguidas en Turín 2009 donde Natalia Rodríguez fue campeona de Europa de 1.500 metros. En la misma prueba, pero dos años después en París, Juan Carlos Olmedo se colgó la medalla de oro.

Ruth Beitia se proclamó campeona europea de salto de altura en Goteborg 2013. Isabel Macías fue subcampeona en 1.500 metros. Beitia fue plata en Belgrado 2017, campeonato en el que llegó la medalla de oro en 3.000 metros de Adel Mechaal.

En 2019 el Europeo indoor se celebró en Glasgow. España logró seis medallas: Ana Peleteiro, Jorge Ureña y Álvaro de Arriba fueron oro en triple salto, heptatlón y 800 metros lisos respectivamente. Óscar Husillos y el relevo 4×400 se colgaron la medalla de plata. Jesús Gómez fue bronce en 1.500 metros. 

España suma 114 medallas en total en Campeonatos de Europa bajo techo: 32 oros, 46 platas y 36 bronces y ocupa los primeros puestos del medallero. Lejos eso sí de Rusia y Alemania, los dos países que lo dominan.

 

Fotos: AP, AFP, EFE, GETTY

 

Pionero Llopart

En 1978 España estaba de estreno. La recién nacida democracia supuso un soplo de aire fresco. Sin embargo, en deporte, las cosas marchaban regular. Lejos quedaban ya las victorias de Federico Martín Bahamontes o de Luis Ocaña en el Tour de Francia, los triunfos de Manolo Santana en tenis o aquel oro olímpico de Paco Fernández Ochoa en esquí en Sapporo 1972.  Faltaba poco para que Severiano Ballesteros ganase su primer Major de golf. El atletismo no contaba con figuras de renombre. Mariano Haro había sido cuarto y sexto (dos diplomas olímpicos) en los 10.000 metros lisos de los Juegos de Múnich y de Montreal respectivamente, pero poco más que destacar.

El estadio Rosicky de Praga vivió un momento histórico para el atletismo de nuestro país

El 2 de septiembre de 1978, Jordi Llopart Ribas, nacido en el Prat de Llobregat (Barcelona) en 1952, se convirtió en otro de los grandes pioneros del deporte español. Se proclamó campeón de Europa de 50 km marcha. Aquel oro significó el primer metal para España en una gran competición de atletismo. Por primera vez sonaba el himno español y nuestra bandera era la más alta de todas. Ocurrió en el estadio Rosicky de Praga. Momento histórico y único. Llopart inscribió su nombre con letras de oro como campeón de Europa y en una prueba tan dura y exigente como los 50 km marcha.

Aquel día se pasaron los primeros 10km de 48:32, los 20 en 1h35’14». En el kilómetro 30, el atleta catalán lidera la prueba acompañado por otros nueve marchadores. En el paso por el kilómetro 40 quedan cuatro atletas en el grupo de cabeza: Llopart, el soviético Soldatenko, el polaco Ornoch y el italiano Bellucci. Es ahí cuando el español decide atacar y dejarlos atrás caminando hacia la victoria.

Llopart pasa el kilómetro 45 en 3h30’34» y se encamina hacia el oro europeo. Cuando el cronómetro marca las 3h53’29» Jordi Llopart cruza la línea de meta y hace historia para España con la primera medalla en un gran campeonato para nuestro país. Ni más ni menos que un oro europeo. Un momento mágico e inolvidable para el atletismo español. «Ha sido un sueño hecho realidad» dijo Llopart tras la victoria en Praga.

Llopart fue también el primer atleta español en subir a un podio olímpico

El segundo clasificado fue el soviético Veniamin Soldatenko que llegó con un tiempo de 3h55’12» y tercero el polaco Jan Ornoch con 3h57’23». Dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Moscú , Jordi Llopart volvería a hacer historia al conseguir la primera medalla olímpica del atletismo español. El 30 de julio de 1980 se colgó la medalla de plata en 50km marcha. Fue oro el alemán Hartwig Gauder y bronce el soviético Yevgueni Ivchenko.

Pionero Llopart participó años más tarde en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 quedando en séptimo lugar (diploma). En Seúl 88 acabó en el puesto decimotercero. Ocho oros en el Campeonato de España de 50 y uno en 20 km marcha adornan su brillante palmarés. Además fue el entrenador de Daniel Plaza, campeón olímpico de 20 km marcha en Barcelona 92.

 

FOTOS: L´Esportiu, Vavel y hemeroteca Mundo Deportivo

Mis fotos deportivas preferidas: el oro de Fermín Cacho en Barcelona 92

8 de agosto de 1992. Estadio Olímpico de Montjuic. Los Juegos de Barcelona están a un día de clausurarse y se produce una de las imágenes que valdrán para recordarlos toda la vida. Así ha sido y así será al menos para el olimpismo español hasta que no quede nadie en este mundo. El gran protagonista de la fotografía de Mike Hewitt es el atleta soriano Fermín Cacho (Ágreda, Soria, 16 de febrero de 1969). La imagen no puede ser mejor. Es perfecta. Cacho está a punto de cruzar la meta como campeón olímpico de los 1.500 metros, abre los brazos y celebra la medalla de oro que le cambia la vida. Parece que vuela sobre el tartán, porque en el momento del disparo ninguno de sus dos pies está tocando el suelo de la calle uno. 

Dicen que los números capicúa dan buena suerte. Solo hay que fijarse en el dorsal de Cacho, el 404, para comprobarlo. Buena suerte y mucho trabajo es lo que hace falta para alcanzar la gloria olímpica. Para convertirte en inmortal como les ocurre a todos los campeones. Decía Luis Aragonés que del segundo clasificado no se acuerda nadie. Es verdad que una plata está muy bien. Pero que alguien nos diga, sin mirarlo en ningún sitio, quién fue el subcampeón en aquella final histórica para el atletismo español. Cuenta Cacho que había soñado muchas veces con aquella carrera y que en todas ganaba él. Estaba convencido de que ganaría y así fue.  

Para la posteridad

Además de al campeón, en la foto vemos a otros diez de los participantes en aquella final de 1.500 metros. A todos menos al marroquí Rachid El-Basir, medalla de plata. Sí vemos al dorsal 1443, el catarí Mohamed Suleiman, tercer clasificado. Al cuarto clasificado, el keniata Joseph Chesire, lo tapa Cacho. Al quinto, el también keniata Jonah Birir, lo tapa Suleiman. El hombre que lleva el dorsal 812, es el segundo europeo clasificado en la final, el alemán Jens-Peter Herold. El resto aparecen con las caras difuminadas pero sabemos quiénes son. El argelino Morceli, el estadounidense Spivey, Hood el canadiense, Kibet, el tercer keniata de la final, el español Manuel Pancorbo y Rakipov del equipo unificado. 

Una imagen que, pasen los años que pasen, permanece intacta en los recuerdos de los amantes de los Juegos Olímpicos y del atletismo. 

MIKE HEWITT/GETTY IMAGES

El inolvidable oro mundial de Martín Fiz

12 de agosto de 1995. El estadio Ullevi de Goteborg (Suecia) asistió a uno de los momentos más memorables de la historia del atletismo español. Martín Fiz (Vitoria, 3 de marzo de 1963) ganó el oro mundial de maratón. Faltaban solo dos días para que se cumpliera el primer aniversario del triplete histórico en el Europeo de Helsinki donde él también fue oro. Campeón europeo y mundial en un año, brutal. 

Fue un día de muchísimo calor. A las dos de la tarde, momento de la salida de la prueba, los termómetros marcaban veintiséis grados. Por eso la carrera comenzó bastante lenta. Nadie quería gastar fuerzas innecesariamente. Se corrieron los 10 primeros kilómetros en 31 minutos y 59 segundos. La media maratón en 1 hora 6 minutos y 54 segundos. 

Siempre en las primeras posiciones

Martín Fiz siempre estuvo bien situado. Horas antes de la prueba había dicho: “estoy convencido de que os vamos a dar una gran alegría”. Era el máximo favorito. Llegaba en un gran estado de forma, pero en el deporte no se puede cantar victoria hasta que cruzas la línea de meta. 

La temperatura supera los treinta grados. Faltan poco más de siete kilómetros para el final y  cinco atletas lideran la prueba. El español Alberto Juzdado (tercero en Helsinki 1994) , el mexicano Cerón, el brasileño Dos Santos y el británico Whitehead acompañan a Fiz en la búsqueda del podio mundial. 

El atleta vitoriano comienza a aumentar la marcha y Juzdado no puede seguir el ritmo, le entra flato. En cabeza cuatro corredores. Luego tres.  A cinco kilómetros para meta, se quedan solos el Dionicio Cerón y Martín Fiz. Dos Santos no les alcanza.

El mexicano comienza a incrementar la velocidad pero Fiz aguanta. A cuatro kilómetros del final, Cerón se queda solo. Fiz está a unos metros pero sigue con posibilidades. El atleta español mira su cronómetro y es consciente de que el mexicano no va a poder aguantar mucho más el ritmo que ha impuesto. 

Ataque definitivo

Martín Fiz ataca y alcanza a Cerón cuando el reloj marca 2 horas 3 minutos y 43 segundos de carrera. El español supera al mexicano como si fuera un tren de alta velocidad. Ahora el que manda es él. Cerón sufre y comprueba que su ataque de unos metros atrás fue suicida. El calor y la humedad hacen mella. 

A dos kilómetros de meta, la distancia de Fiz sobre Cerón es considerable. El oro está cada vez más cerca. Martín Fiz entra en el estadio a las 16 horas y 11 minutos. La hora del campeón mundial de maratón. Se pone las gafas de sol de su patrocinador. En la recta levanta el brazo derecho en señal de victoria. Después cierra los dos puños. Ha corrido los últimos 2000 metros a un ritmo de dos minutos y cincuenta y un segundos el kilómetro. 

Es el hombre más feliz de la Tierra. Levanta los dos brazos y hace el signo de la victoria con sus manos. 2 horas 11 minutos y 41 segundos después de una prueba asfixiante se proclama campeón mundial. Mira al cielo y da las gracias.Se arrodilla, besa la pista, levanta los brazos y se tumba con las piernas abiertas y los brazos en cruz. Se levanta. Coge la bandera española y la de Euskadi y da la vuelta de honor más importante de su carrera deportiva. “Gané al estilo Induráin” dijo Fiz. Días atrás, el ciclista Miguel Induráin había ganado su quinto Tour. Curiosamente los dos compartían el mismo preparador, el médico Sabino Padilla.  “Me merecía este oro” añadió el campeón vitoriano. Los 250 kilómetros semanales de preparación por tierras segovianas habían merecido la pena. 

Campeón de Europa y del mundo

Cerón llega medio minuto después. Dos Santos gana el bronce. Los héroes de Helsinki, Alberto Juzdado y Diego García llegan en quinta y sexta posición respectivamente. En 1994 hubo triplete español en el Europeo. Un año después tres españoles entre los cinco primeros del mundo. Sensacionales. «Martín nos gana hasta en los entrenamientos; no nos cede ni un metro. Todo lo quiere ganar» dijo García. 

La de Goteborg era la quinta maratón de su vida. Cuatro victorias y una sola derrota para Martín Fiz. Ganó en Helsinki en 1993 y 1994. Venció en Rotterdam cuatro meses antes de su oro mundial. Acabó duodécimo en Boston en abril del 94. “No me arrepiento de empezar tarde en esta disciplina; era el momento justo” dijo el campeón de Europa y mundial.

Fiz ganó con el dorsal 403 pero con una camiseta que no era la suya. Se colgó el oro mundial con la de su compañero de habitación Valentín Massana, subcampeón mundial de 20 kilómetros marcha unos días antes. Una prenda que valió un oro y una plata, las dos únicas medallas de España en Goteborg 1995. Fiz cogió la camiseta por error porque según dijo eran muy parecidas las de marcha y maratón.

 

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El récord de otro planeta de Jonathan Edwards

La historia del triple salto masculino no se entendería sin el británico Jonathan Edwards. Nacido en Londres el 10 de mayo de 1966, forma parte de la pequeña lista de los atletas legendarios de todos los tiempos. Participó en cuatro Juegos Olímpicos (1988-2000), medalla de oro en Sidney 2000 y plata en la cita anterior celebrada en Atlanta en 1996. Dos veces campeón del mundo al aire libre, campeón de Europa y varias medallas de todos los colores conquistadas en los grandes campeonatos de atletismo. Se retiró a los 37 años, en el Mundial celebrado en París en 2003.

Si miramos la clasificación de mejores marcas de todos los tiempos del triple salto, Jonathan Edwards aparece cinco veces en los quince primeros puestos. Fue el primer hombre en sobrepasar la barrera de los 18 metros. Una hazaña digna de recordar por los siglos de los siglos.

Rozando los 18 metros en Salamanca

El 16 de junio de 1985, el estadounidense Willie Banks batía el récord del mundo con una marca de 17.97. Lo logró en Indianapolis con un viento a favor de 1.5 m/s . En esa época, Jonathan Edwards soñaba con superarlo, pero tan solo tenía 19 años y su carrera deportiva estaba comenzando. El destino quiso que fuera en nuestro país, concretamente en la ciudad de Salamanca, donde el atleta británico consiguió batir a Banks diez años después. La marca fue de 17.98, cada vez más cerca de los inalcanzables 18 metros. Ocurrió el 18 de julio de 1995, con un viento favorable de 1.8 m/s.

El 7 de agosto de 1995 se celebra la final de triple salto del Mundial de Goteborg (Suecia). Estadio Ullevi de la ciudad sueca. Edwards (dorsal 539) es el gran favorito para ganar la medalla de oro y, por lo tanto, proclamarse campeón del mundo por primera vez. Recuerdo aquella tarde como si fuera hoy. Acababa de volver de una boda de unos amigos en Villafranca de los Barros (Badajoz).

Encendí la televisión y asistí a uno de los momentos más memorables de la historia del atletismo. El atleta inglés se batió a sí mismo en dos ocasiones. Superó por dos veces la barrera de los 18 metros. La primera vez que lo consiguió fue con un increíble 18.16 en su primer intento (tercera mejor marca mundial de todos los tiempos). En el segundo salto logró el récord del mundo que se mantiene intacto: 18.29 metros con un viento a favor y por tanto legal de 1.3 m/s. Una marca estratosférica. Un récord para muchos años. De otro planeta. Para la eternidad. Un récord de otro mundo. Incomparable.

El secreto

«El secreto es mantener la velocidad durante los saltos», dijo tras batir el récord mundial dos veces en la misma tarde. No tuvo rivales. La plata fue para Brian Wellman de Bermudas con 17.62 metros. El bronce para Jerome Romain de Dominica con 17.59 metros.

Una marca superior

Poca gente sabe, que Jonathan Edwards fue capaz de saltar aún más lejos días antes del Mundial de Goteborg. El viento (+2.4 m/s) tuvo la culpa de que la marca no fuera válida. Solo 0.4 m/s separaron al triplista inglés de una marca más colosal. Saltó 18.43 en la Copa de Europa celebrada en Villeneuve-d’Ascq, muy cerca de Lille (Francia).

Es posible que el récord del mundo de Edwards sea superado algún día. Atletas como el cubano Pedro Pablo Pichardo (18.08 como mejor marca) o el estadounidense Christian Taylor (18.21 como mejor marca, segunda de la historia) que han superado los 18 metros en varias ocasiones. Pichardo tiene la séptima y la octava mejores marcas de todos los tiempos. Taylor la segunda y la quinta. El también estadounidense Will Claye voló hasta los 18.14 metros y tiene la cuarta y la décima mejores marcas de la historia. La primera sigue siendo, de momento, territorio inalcanzable Jonathan Edwards.

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La historia olímpica de los 1.500 metros masculinos desde Moscú 1980

Es la prueba reina del medio fondo. Ha dado nombres ilustres a la historia del atletismo. Grandes campeones que se hicieron con las tres medallas en juego en cada cita olímpica. Los 1.500 metros lisos masculinos llevan celebrándose desde los Juegos de Atenas 1896. Desde ese momento y hasta Melbourne 1976 hubo dieciocho campeones olímpicos en la prueba. La mayoría fueron europeos, once en total: cuatro británicos, tres finlandeses, un italiano, un luxemburgués, un sueco y un irlandés. Dos estadounidenses, dos neozelandeses, un australiano y un keniata completaron el palmarés en esos ochenta años interrumpidos por las guerras mundiales. 

Desde los de Moscú celebrados en 1980 se han celebrado diez Juegos Olímpicos. El panorama ha cambiado considerablemente. Si hasta 1976 había habido un dominio de los europeos, seis de los diez Juegos celebrados entre 1980 y 2016, tuvieron como ganador de los 1.500 metros a un atleta africano. Tres oros llevaron nombre europeo y uno estadounidense. 

Veinticinco hombres en diez Juegos Olímpicos

La que sigue es la historia de la prueba de Moscú 1980 a Río 2016. Veinticinco hombres diferentes han logrado subir al podio olímpico. Once africanos, diez europeos, dos estadounidenses, un neozelandés y un catarí se han colgado los oros, las platas y los bronces. 

Solo un atleta ha sido capaz de ganar dos oros olímpicos en los 1.500 metros. Lo hizo consecutivamente en los Juegos de Moscú 1980 y en los de Los Ángeles 1984. El británico Sebastian Coe es el único bicampeón olímpico en la prueba. De ahí su importancia y la dificultad que conlleva llegar a lo más alto en esta prueba tan exigente.

El oro de Moscú

En los de Moscú 1980 Coe se impuso al alemán Jürgen Straub y a su gran rival, el también inglés Steve Ovett. Sin duda es una de las finales más recordadas del atletismo olímpico y de los 1500 metros lisos. Faltaron los atletas estadounidenses por el boicot de su país a los Juegos rusos. 

Cuatro años después Sebastian Coe tuvo dos acompañantes diferentes en el podio. El británico Steve Cram tuvo que conformarse con la medalla de plata. El bronce llevó nombre y apellidos españoles. José Manuel Abascal hacía historia para el atletismo de nuestro país en los Juegos de Los Ángeles. 

La primera victoria africana en dos décadas

En Seúl 1988 llegó la primera victoria africana después de veinte años. El keniata Peter Rono se colgaba el oro olímpico dos décadas más tarde que Kipchoge Keino. El también Keniata fue campeón en México 1968 y plata en Múnich 1972. Rono superó al británico Peter Elliott, plata, y al alemán Jens-Peter Herold. Podría llamar a esta final, la de los “Peters”. 

Mayoría británica en los podios de 1980 a 1988. Cuatro atletas, cinco medallas. Dos oros, dos platas y un bronce gracias a Coe, Ovett, Elliott y Cram. Nombres míticos del atletismo de Reino Unido. 

Con los Juegos de Barcelona 1992 cambiaron muchas cosas. También la tendencia en los 1.500 metros. Comienza el dominio africano en las pruebas de fondo y medio fondo. En Barcelona llegó un oro histórico para España. Fermín Cacho levantaba los brazos y nos emocionaba a todos por delante del marroquí Rachid El-Basir y del catarí Mohamed Suleiman. Tres minutos, cuarenta segundos y doce centésimas que recordaremos toda la vida. 

Dominio africano

Nadie sabe qué hubiera ocurrido si Hicham El Guerrouj no se llega a tropezar y a entorpecer a Fermín Cacho en la final de Atlanta 1996. El atleta español tuvo que conformarse con ser subcampeón cuatro años después. Se llevó el oro el argelino Noureddine Morceli. El bronce fue para el keniata Stephen Kipkorir

En los Juegos de Sidney volvió a ganar un africano. Esta vez fue el keniata Noah Ngeny. El marroquí Hicham El Guerrouj se quedó a unas centésimas del oro, pero tuvo que conformarse con la medalla de plata. El bronce fue para el keniata Bernard Lagat. Triplete de medallas para África. Dominio aplastante.

Fue en Atenas 2004 cuando Hicham El Guerrouj pudo resarcirse de la caída en Atlanta ocho años atrás y de la plata de Sidney 2000. El oro olímpico le confirmó como uno de los grandes mediofondistas de la historia. Superó por poco a Bernard Lagat, plata, y al portugués Rui Silva.

La sombra del dopaje

La final de los 1.500 metros de los Juegos de Pekín 2008 la ganó el bahrainí Rashid Ramzi. Un año después se descubrió su trampa. Fue desposeído por dopaje. El keniata Asbel Kiprop, que había sido plata, se convirtió en oro. Años después le pillaron dopado. Pero no le quitaron la medalla de Pekín. El neozelandés Nick Willis fue subcampeón y el francés Mehdi Baala fue bronce. El español Juan Carlos Higuero acabó quinto, pero por el dopaje de Ramzi ocupa el cuarto lugar. 

Dieciséis años después de la victoria de Morceli en Atlanta, volvió a ganar un argelino. Taoufik Makhloufi se convirtió en campeón olímpico en Londres 2012. Lo hizo por delante del estadounidense Leonel Manzano y del marroquí Abdalaati Iguider

Dos estadounidenses se proclamaron campeones olímpicos de 1.500 metros allá por 1904 y 1908. El tercero en lograrlo fue Matthew Centrowitz en los Juegos de Río 2016. El campeón en Londres 2012, Makhloufi bajó un puesto y tuvo que conformarse con la plata. Ocho años después de ser subcampeón en Pekín, el neozelandés Willis acabó tercero.

Reino Unido es el gran dominador del medallero olímpico de los 1.500 metros masculinos. Cinco oros, cinco platas y tres bronces en esta prueba le sitúan por delante de Kenia con cuatro oros, dos platas y dos bronces. En tercer lugar aparecen los estadounidenses con tres oros, siete platas y cuatro bronces. España tiene una medalla de cada color, gracias al oro y la plata de Fermín Cacho en 1992 y 1996 respectivamente y al bronce de José Manuel Abascal en Los Ángeles 1984. 

 

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Momentos olímpicos para la posteridad

Desde que se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, en Atenas 1896, se han producido miles y miles de momentos para la posteridad. Desde aquellos Juegos, el atletismo, la natación y la gimnasia se han caracterizado por ser los deportes de referencia en cada cita olímpica. Por eso he querido hacer un pequeño repaso de doce grandes momentos que se recuerdan y se seguirán recordando con el paso de los años y las décadas. 

Son doce protagonistas. Grandes representantes de los tres deportes citados anteriormente. Siete hombres y cinco mujeres. Tres deportistas españoles y nueve extranjeros que forman parte de la historia olímpica y del deporte internacional. Seguramente habrá algún lector que piense que deberían ser otros los protagonistas. Pensarán en Mark Spitz, Ruth Beitia o Paavo Nurmi, por citar tres los grandes deportistas olímpicos. Como dice el refrán: «Ni son todos los que están, ni están todos los que son».

Las cuatro medallas de oro de Jesse Owens en Berlín 1936. Atletismo.

Jesse Owens fue el gran protagonista de los Juegos de 1936. En Berlín ganó 4 medallas de oro en 100, 200 y 4×100 metros y en salto de longitud. Esta última prueba fue la más emotiva de las cuatro. Su principal rival fue el rubio alemán Luz Long, que reconoció con un abrazo, la superioridad del americano. En ese instante Adolf Hitler abandonaba enfadado el palco de autoridades. Jesse Owens ganó en la pista y puso así en evidencia la superioridad de la raza aria divulgada por el régimen alemán.

Los cuatro oros de Fanny Blankers Koen en Londres 1948. Atletismo.

Fanny Blankers Koen participó en los Juegos de 1936, pero fue en los de Londres celebrados en 1948 cuando se convirtió en reina del atletismo. Ganó el oro de todas las carreras que se disputaban en aquellos años. Ganó cuatro oros, como Owens en Berlín, 100 y 200 lisos, 80 metros vallas y el relevo 4×100. Fue la primera mujer capaz de ganar cuatro pruebas en unos Juegos Olímpicos. 

 

Los cuatro oros de Larisa Latynina en Melbourne 1956. Gimnasia.

Hasta los Juegos de Londres celebrados en 2012, fue la primera en el medallero olímpico. Fue superada por el nadador estadounidense Michael Phelps. Larisa Latynina ganó dieciocho metales en tres participaciones. Seis en cada una de ellas. Fue en los de Melbourne 1956 donde se dio a conocer en todo el mundo y ganó el mayor número de oros de su carrera olímpica: cuatro. Campeona olímpica individual, por equipos, en salto y en suelo. 

El 10 de Nadia Comaneci en Montreal 1976. Gimnasia.

El 18 de julio de 1976 el Forum de la ciudad canadiense de Montreal asistió a un hecho sin precedentes. Un momento histórico para la gimnasia artística y el deporte mundial. La gimnasta rumana Nadia Comaneci logró la perfección. Su ejercicio en barras asimétricas fue puntuado con un 10. Nadie lo había conseguido anteriormente. Fue la gran protagonista de aquellos Juegos celebrados en Canadá. Además de su oro en asimétricas, logró otros dos más, en el concurso individual y en la barra de equilibrio. 

 

Los cuatro oros de Carl Lewis en Los Ángeles 1984. Atletismo.

Fue la gran estrella de los Juegos de 1984. Carl Lewis buscaba igualar al también estadounidense Jesse Owens cuarenta y ocho años después de su hazaña en Berlín. Lo consiguió. Ganó las mismas pruebas que Owens. Los 100, 200 y 4×100 metros lisos y también se impuso en el salto de longitud. La prueba que dominó durante cuatro Juegos Olímpicos consecutivos. Con sus cuatro oros “El Hijo del Viento” presentaba su candidatura a ser uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos. 

 

El oro de Fermín Cacho en Barcelona 1992. Atletismo.

Si hay una imagen que recordaremos siempre de los Juegos Olímpicos de Barcelona es la victoria de Fermín Cacho. Ese momento en el que el atleta soriano abría sus brazos para celebrar su victoria en los 1.500 metros ha pasado a la historia como uno de los grandes momentos de la historia del atletismo español. Ese momento, el oro olímpico de Cacho, resume lo bien que le fue a España en 1992. Sin menospreciar las otras veintiuna medallas restantes logradas por la delegación española. 

Los seis oros de Vitaly Scherbo en Barcelona 1992. Gimnasia.

Vitaly Scherbo fue el principal protagonista de los Juegos de 1992. Se convirtió en el primer gimnasta capaz de ganar seis medallas en unos Juegos Olímpicos. Solo comparable a las siete del nadador Mark Spitz en Múnich 1972 y a las ocho logradas por el también nadador Michael Phelps en Pekín 2008. Scherbo ganó cuatro de las seis medallas en un solo día. En eso sigue siendo único y probablemente lo seguirá siendo en el futuro. Sus seis oros llegaron en equipos, individual, paralelas, salto, anillas y caballo con arcos. 


El oro de Gervasio Deferr en Atenas 2004. Gimnasia.

Gervasio Deferr había sido campeón olímpico de salto en Sidney 2000. Quería repetir título en Atenas 2004. Y lo logró. No fue fácil. Sus saltos en la final fueron espectaculares. Pero el rumano Marian Dragulescu lo bordó en el primero. Una caída en el segundo le dio la victoria al mejor gimnasta español de la historia. El oro de Atenas confirmó a Deferr como uno de los mejores deportistas olímpicos españoles de siempre. Un oro inolvidable, para la posteridad. 

Los récords de Bolt en Pekín 2008. Atletismo.

Lo conseguido por el atleta jamaicano Usain Bolt en Pekín 2008 lo recordaremos toda la vida. Ganó los 100 y los 200 metros lisos con una superioridad aplastante. Sobre todo los 100 metros donde aventajó en varios metros a sus rivales. Batió dos récords mundiales que se encargaría de superar él mismo un año más tarde. En los 100 metros dejó la plusmarca en 9 segundos y 69 centésimas. En los 200 la rebajó hasta los 19 segundos y 30 centésimas. De otro planeta. 

 

Los ocho oros de Phelps en Pekín 2008. Natación.

Los Juegos de Pekín 2008 tuvieron dos claros protagonistas. Además de Usain Bolt y sus récords, Michael Phelps. El nadador estadounidense llegaba a Pekín con un objetivo muy claro, superar los siete oros ganados por Mark Spitz en Múnich 1972. Lo logró. Con sufrimiento en algunas de las pruebas y con la ayuda de sus compañeros del equipo americano. Pero ganar ocho oros en unos Juegos Olímpicos es un récord que solo le pertenece a él. Posiblemente nunca más se repetirá una gesta semejante. 

El oro de Mireia Belmonte en Río 2016. Natación. 

Llegó tras el esfuerzo de muchos años. Después de pasar miles de horas nadando. Tras mucho esfuerzo y dedicación. El día soñado por Mireia Belmonte fue el 10 de agosto de 2016. Muchos españoles trasnochamos para verla ganar el oro olímpico en los 200 metros mariposa. Sufrimos hasta la última brazada. El oro llegó por solo tres centésimas. Pero llegó, que es lo importante. Será difícil que volvamos a vivir algo parecido. 

Los cuatro oros de Simone Biles en Río 2016. Gimnasia. 

Fue la estrella de la gimnasia artística en Río 2016. Ganó cuatro medallas de oro, como Latynina en 1956. La atleta estadounidense Simone Biles demostró que es una de las más grandes de siempre. Se impuso en salto, suelo, en el concurso individual y por equipos. Todos los focos, todo el protagonismo fue para ella. Podría haber firmado un oro más, pero se tuvo que conformar con el bronce en la barra de equilibrio.

La duración de las medallas olímpicas: Carl Lewis

Carl Lewis forma parte de ese selecto grupo de los elegidos. De los mejores deportistas de la historia. Hasta la llegada del jamaicano Usain Bolt fue el mejor atleta. Dominó el salto de longitud durante más de una década ganando cuatro oros olímpicos entre Los Ángeles 1984 y Atlanta 1996. Fue un velocista fantástico. El “Hijo del Viento” lo llamaron. Corría sobre el tartán. Volaba sobre el foso de longitud. Subió al podio olímpico en diez ocasiones. Nueve veces lo hizo en el escalón más alto. Una vez se tuvo que conformar con ser subcampeón. 

Además del oro en salto de longitud, en los Juegos de 1984 ganó también los 100, los 200 y el relevo 4×100 metros lisos. En Seúl 1988 también ganó en la longitud. Fue oro en los 100 (tras la descalificación del dopado Ben Johnson) y plata en los 200 metros lisos. Cuatro años más tarde ganó el 4×100 y de nuevo la longitud en Barcelona 1992. En Atlanta 1996 terminó su periplo olímpico ganando su cuarto título consecutivo en salto de longitud.

Seis oros en menos de dos minutos y medio

¿Cuánto tiempo invirtió en competición Carl Lewis para ganar sus seis medallas olímpicas sin contar las de salto de longitud? La respuesta es ¡menos de 2 minutos y medio! si sumamos los tiempos de los relevos estadounidenses. 

En Los Ángeles 1984 fue el auténtico dominador de la velocidad. Ganó los 100 metros con un tiempo inferior a los diez segundos. Lewis venció con una marca de 9.99. En los 200 metros logró el récord olímpico tras acabar en un tiempo de 19.80. Junto a Ron Brown, Sam Graddy y Calvin Smith ganó el oro olímpico en 4×100 metros lisos con un tiempo de 37.83. Con el oro logrado en salto de longitud igualó la gesta de Jesse Owens en Berlín 1936.

Llegó a Seúl 1988 dispuesto a igualar el excepcional resultado de cuatro años atrás. No pudo ser. En los 100 metros venció tras descubrirse que el ganador, Ben Johnson (9.79), se había dopado. Ganó Carl Lewis con un tiempo de 9.92, récord del mundo. En los 200 metros cayó derrotado por el también estadounidense Joe Deloach. Ganó la plata con un tiempo de 19 segundos y 79 centésimas. Invirtió una centésima menos que cuatro años antes en Los Ángeles. En el relevo 4×100 el equipo americano fue eliminado antes de la final. 

Fue una pena no verle correr los 100 metros en Barcelona 92. Además de su tercer oro en longitud ganó el relevo 4×100 metros lisos junto a Mike Marsh, Dennis Mitchell y Leroy Burrell con un magnífico récord mundial, treinta y siete segundos y cuarenta centésimas. En Atlanta 1996 solo participó, de nuevo con victoria, en el salto de longitud. 

 

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