El día que Miguel Induráin se convirtió en leyenda

Único en el mundo. Irrepetible en el ciclismo español. Nadie ha sido capaz en la historia de lograr cinco grandes carreras ciclistas consecutivamente. Solo él aparece en ese registro superlativo. El 23 de julio de 1995, Miguel Induráin Larraya (Villava, Navarra, 16 de julio de 1964) ganó su quinto Tour de Francia seguido. Se convirtió en leyenda. Ninguno ha sido capaz de igualarle y posiblemente nadie lo hará en el futuro. Hubo uno que ganó siete, haciendo trampas, dopándose entre 1999 y 2005. La historia del deporte le sitúa ya como uno de los mayores tramposos de todos los tiempos. 

Otros tres grandes ciclistas de la historia han ganado cinco “Grandes Boucles”, pero ni Eddy Mercks (1969, 1970, 1971, 1972, 1974) ni Bernard Hinault (1978, 1979, 1981, 1982, 1985) ni Jacques Anquetil (1957, 1961, 1962, 1963, 1964)  lo hicieron como el ciclista navarro. Induráin es el rey indiscutible del Tour de Francia. Dominador aplastante de 1991 a 1995. Enorme en las etapas de montaña. Gigante en las contrarrelojes. Etapas míticas descendiendo, atacando… Muchos intentaron pararle. Ninguno lo logró. 

El más completo de los cinco

El Tour de Francia de 1995, el quinto consecutivo para Induráin, fue el más completo del mejor ciclista español de la historia. Sus rivales tuvieron que conformarse con luchar por el segundo puesto, porque el primero era inalcanzable.

La quinta victoria de Induráin comenzó el 1 de julio con una etapa prólogo de 7,3 kilómetros entre Saint y Breuc. Ganó Jacky Durand. El francés mantuvo el maillot amarillo una etapa más. El también galo Laurent Jalabert ocupó el primer lugar de la clasificación general en las dos siguientes. El italiano Iván Gotti en la cuarta y quinta etapa y el danés Bjarne Riis en la sexta. Induráin que había empezado en el puesto 35 en el prólogo, ya era décimo a cuarenta y nueve segundos del líder de la carrera.  

La inolvidable etapa de Lieja

El 8 de julio de 1995 se celebra la séptima etapa en territorio belga. 203 kilómetros entre Charleroi y Lieja. Etapa larga que marca el camino hacia el quinto Tour de Induráin. Fue una exhibición en un terreno inesperado. Una demostración de quién mandaba en la grande francesa. Atento a todo. Atacando en puertos de baja categoría, en zonas donde se puede perder más que ganar, Induráin fue valiente y se escapó con Johan Bruyneel en una etapa inolvidable para todo amante del ciclismo.  El ciclista belga no le dio ni un relevo al español y terminó ganando la etapa y colgándose el maillot amarillo. 

Induráin llegó segundo de la general a la primera contrarreloj individual a treinta y un segundos de Bruyneel. La CRI de 54 kilómetros entre Huy y Seraing colocó al pentacampeón navarro como líder de la carrera tras aventajar en doce segundos a Riis. Años después supimos que el danés también se había dopado. A partir del 9 de julio, Induráin mantuvo el maillot amarillo hasta el final de la carrera. 

Sin problema en los Alpes

Tras el día de descanso llegó la montaña. En La Plagne solo pudo con él el suizo Alex Zülle. Induráin llegó a dos minutos y dos segundos pero aventajó al resto de rivales en más de dos minutos, lo que le hizo ser más líder. Después de nueve etapas el navarro sacaba dos minutos y veintisiete segundos a Zülle y casi seis a Bjarne Riis. 

En la etapa con final en Alpe D’huez dominó el italiano Marco Pantani. Induráin mantuvo las distancias con sus rivales. Llegados los Pirineos, todo siguió igual. Volvió a ganar Pantani, esta vez en Guzet-Neige. Induráin controló en todo momento la carrera llegando tercero a la meta. 

El francés Richard Virenque se impuso en la etapa con final en Cauterets. Sin problemas para Induráin que veía ya como se acercaba su quinta victoria seguida en París. Zülle estaba ya a dos minutos y cuarenta y seis segundos y Riis a seis minutos. Misma ventaja tras la decimoséptima etapa con final en Burdeos. 

 

La sentencia en el lago

Quedaba la contrarreloj de 46 kilómetros en el Lac de Vassivière para terminar de saber cuánta ventaja sacaría Induráin a sus rivales en la clasificación general. Como era de esperar, el navarro ganó la CRI y terminó de sumar segundos para cerrar un triunfo histórico en la capital francesa un día después. Aventajó a Riis en cuarenta y ocho segundos y al suizo Tony Rominger en un minuto y cinco segundos. 

En la general final, Zülle acabó segundo a más de cuatro minutos y medio y Riis fue tercero a seis minutos y cuarenta y siete segundos. Ventajas muy parecidas a las de los otros cuatro Tours ganados por Induráin. 

Miguel Induráin hizo historia. Ganó el Tour de 1995. Fue el mejor en las cronos, ganó dos. Fue el más fuerte en la montaña aunque no ganó ninguna etapa en ese terreno. Acabó cuarto en esa clasificación. En la de la regularidad solo fue superado por Jalabert y Abdoujaparov, el ganador de la etapa final. 

Todos veían el sexto

Aquel 23 de julio de 1995 nadie veía límites para lograr el sexto un año más tarde. El propio Induráin dijo: “mientras pueda ganar… volveré”. “Este Tour me ha costado lo mismo que los otros, porque he ido todos los días a tope”. Tocaba hacer balance del dominio del último lustro: “el más difícil fue el de 1993, el año de la gripe”. 

El director de Banesto Eusebio Unzué dijo: “el quinto Tour le da más valor a los otros”. El seleccionador nacional, Pepe Grande, lo tenía claro: “Miguel ha empatado el récord, pero esta igualdad no durará mucho tiempo”. Eddy Mercks: “Induráin puede dominar en el Tour del próximo año”. Bernard Hinault: “Miguel me ha impresionado, el porvenir es suyo”. Pedro Delgado también lo veía claro: “Miguel ofrece garantías más que suficientes para repetir por sexta vez su victoria en el Tour del año que viene”. 

 

 

 

 

Fotos: EFE, Reuters, AP, Getty