Joaquín Blume, el primer héroe del deporte español

El 21 de junio de 1933 nació en Barcelona Joaquín Blume Carreras. Hijo del alemán Armand Blume, profesor de gimnasia y de la barcelonesa Mari Paz Carreras. Cuando empezó la Guerra Civil (1936) emigraron a Alemania, pero al acabar (1939),  volvieron a España. Blume se crió en el gimnasio de su padre. Destacaba en todos los deportes en los que competía. Se le daban bien el fútbol y el tenis, pero pronto se decantó por la gimnasia artística. A los 15 años ya era campeón de España. Era el comienzo del que unos años después se convirtió en el primer héroe del deporte español.

Con solo 16 años acabó cuarto en un certamen internacional celebrado en Lisboa. En 1952 participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Acabó en el puesto 56 de un total de 212 gimnastas. Solo tenía diecinueve años y toda una carrera por delante. Aunque  ya se sabe que la de vida deportiva de los gimnastas no suele pasar de los treinta. En el mundial de Roma de 1954 acabó en el puesto 44. Comenzó una progresión imparable.

Arrasa en Barcelona 1955

Los primeros grandes resultados de Blume llegaron en los Juegos del Mediterráneo de 1955. Se celebraron en su ciudad natal y arrasó con cinco medallas de oro. Solo quedaba un año para Melbourne 1956. La oportunidad de que el gimnasta hiciera un gran resultado y le diera a España una medalla olímpica. Pero desgraciadamente nuestro país decidió boicotear aquellos Juegos Olímpicos y no acudió a tierras australianas. Aquel año, Blume había superado a sus grandes rivales en una exhibición en Hannover. Pero la decisión política del franquismo impidió que luchara por las medallas. Los tanques soviéticos invadieron Budapest (Hungría) un mes antes de los Juegos. Muchos países decidieron que no participarían en Melbourne. Pero a la hora de la verdad, España se quedó sola junto a Suiza, Holanda, Egipto, Irak y Líbano. Hungría acabó cuarta en el medallero.

Las medallas de Melbourne 1956 en el concurso completo se repartieron así: oro para el ruso Tschukarin 114.25. Plata para el japonés Ono 114.20. Bronce para el ruso Titov 113.80. En Hannover, Blume había hecho 113.90. De haber acudido a aquellos Juegos podría haber sido bronce o algo más.

En 1957 llegó la obra cumbre de Joaquín Blume. Se celebra el Campeonato de Europa en París. Es octubre. Los Europeos de aquella época tenían nivel de Mundial. Estaban todos los países favoritos excepto Japón. El gimnasta español dio una auténtica lección y confirmó su favoritismo con un saco de medallas que le convirtieron en el primer pionero del deporte español. Ni más ni menos que en gimnasia, uno de los tres deportes olímpicos de relumbrón junto al atletismo y la natación.

París 1957, su obra maestra

Blume ganó cinco medallas en París. Fueron cuatro oros, una plata y dos cuartos puestos. Arrasó a todos sus rivales y se convirtió en la principal referencia de la gimnasia artística de la época. Campeón de Europa en el concurso completo, anillas, caballo con arcos y paralelas. Subcampeón en barra fija superado por el suizo Günthard. En suelo y salto acabó en cuarta posición a pocas décimas de las medallas. Fue el único gimnasta de los 42 participantes que consiguió colarse entre los seis primeros de cada aparato.

La superioridad de Joaquín Blume quedó plasmada en tierras francesas. Era el momento cumbre de su carrera. El diario L´Equipe le dedicó un artículo de una página: «No se recuerda un caso parecido excepto cuando Bannister corrió la milla en menos de cuatro minutos» dijeron. Las cinco medallas europeas le consolidaron como una estrella de la gimnasia y del deporte internacional. Tenía 24 años y se acercaban los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Una nueva oportunidad para resarcirse del error político de la dictadura.

 

Pero desgraciadamente el destino le tenía preparada una página negra. El 29 de abril de 1959 un accidente de avión acaba con su vida, con la de su mujer con la que tenía una hija y con la de varios compañeros del gimnasio. Volaban de Barcelona a Tenerife a una exhibición, previo paso por Madrid, pero nunca llegaron. Aquella tragedia truncó la carrera del primer héroe deportivo español e impidió que alcanzara la gloria olímpica.

España ha tenido grandes gimnastas después de la desaparición de Joaquín Blume. Solo tres han sido capaces de colgarse un oro en un Campeonato de Europa. Jesús Carballo fue campeón en barra fija en San Petersburgo 1998. Dos años después de que una caída le impidiera ser oro olímpico en Atlanta 96.

Ochos oros europeos para España

Fue en Debrecen 2005 cuando llegaron más oros para la gimnasia artística española. Rafa Martínez fue campeón de Europa en el concurso completo. El único español en conseguirlo junto a Blume. En ese Europeo, Manuel Carballo también fue oro en paralelas. Rafa Martínez volvió a subir a lo más alto del podio en la prueba de suelo en Ámsterdam 2007. En total, ocho oros para España en Campeonatos de Europa. La mitad de Joaquín Blume, dos de Rafa Martínez, una de Jesús Carballo y otra de su hermano Manuel. La gimnasia artística española suma veintidós medallas europeas, los oros se completan con siete platas y siete bronce.

PROGRAMA CONEXIÓN VINTAGE

 

Fotos: archivo diario Marca, hemeroteca diario ABC

Momentos olímpicos para la posteridad

Desde que se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna, en Atenas 1896, se han producido miles y miles de momentos para la posteridad. Desde aquellos Juegos, el atletismo, la natación y la gimnasia se han caracterizado por ser los deportes de referencia en cada cita olímpica. Por eso he querido hacer un pequeño repaso de doce grandes momentos que se recuerdan y se seguirán recordando con el paso de los años y las décadas. 

Son doce protagonistas. Grandes representantes de los tres deportes citados anteriormente. Siete hombres y cinco mujeres. Tres deportistas españoles y nueve extranjeros que forman parte de la historia olímpica y del deporte internacional. Seguramente habrá algún lector que piense que deberían ser otros los protagonistas. Pensarán en Mark Spitz, Ruth Beitia o Paavo Nurmi, por citar tres los grandes deportistas olímpicos. Como dice el refrán: «Ni son todos los que están, ni están todos los que son».

Las cuatro medallas de oro de Jesse Owens en Berlín 1936. Atletismo.

Jesse Owens fue el gran protagonista de los Juegos de 1936. En Berlín ganó 4 medallas de oro en 100, 200 y 4×100 metros y en salto de longitud. Esta última prueba fue la más emotiva de las cuatro. Su principal rival fue el rubio alemán Luz Long, que reconoció con un abrazo, la superioridad del americano. En ese instante Adolf Hitler abandonaba enfadado el palco de autoridades. Jesse Owens ganó en la pista y puso así en evidencia la superioridad de la raza aria divulgada por el régimen alemán.

Los cuatro oros de Fanny Blankers Koen en Londres 1948. Atletismo.

Fanny Blankers Koen participó en los Juegos de 1936, pero fue en los de Londres celebrados en 1948 cuando se convirtió en reina del atletismo. Ganó el oro de todas las carreras que se disputaban en aquellos años. Ganó cuatro oros, como Owens en Berlín, 100 y 200 lisos, 80 metros vallas y el relevo 4×100. Fue la primera mujer capaz de ganar cuatro pruebas en unos Juegos Olímpicos. 

 

Los cuatro oros de Larisa Latynina en Melbourne 1956. Gimnasia.

Hasta los Juegos de Londres celebrados en 2012, fue la primera en el medallero olímpico. Fue superada por el nadador estadounidense Michael Phelps. Larisa Latynina ganó dieciocho metales en tres participaciones. Seis en cada una de ellas. Fue en los de Melbourne 1956 donde se dio a conocer en todo el mundo y ganó el mayor número de oros de su carrera olímpica: cuatro. Campeona olímpica individual, por equipos, en salto y en suelo. 

El 10 de Nadia Comaneci en Montreal 1976. Gimnasia.

El 18 de julio de 1976 el Forum de la ciudad canadiense de Montreal asistió a un hecho sin precedentes. Un momento histórico para la gimnasia artística y el deporte mundial. La gimnasta rumana Nadia Comaneci logró la perfección. Su ejercicio en barras asimétricas fue puntuado con un 10. Nadie lo había conseguido anteriormente. Fue la gran protagonista de aquellos Juegos celebrados en Canadá. Además de su oro en asimétricas, logró otros dos más, en el concurso individual y en la barra de equilibrio. 

 

Los cuatro oros de Carl Lewis en Los Ángeles 1984. Atletismo.

Fue la gran estrella de los Juegos de 1984. Carl Lewis buscaba igualar al también estadounidense Jesse Owens cuarenta y ocho años después de su hazaña en Berlín. Lo consiguió. Ganó las mismas pruebas que Owens. Los 100, 200 y 4×100 metros lisos y también se impuso en el salto de longitud. La prueba que dominó durante cuatro Juegos Olímpicos consecutivos. Con sus cuatro oros “El Hijo del Viento” presentaba su candidatura a ser uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos. 

 

El oro de Fermín Cacho en Barcelona 1992. Atletismo.

Si hay una imagen que recordaremos siempre de los Juegos Olímpicos de Barcelona es la victoria de Fermín Cacho. Ese momento en el que el atleta soriano abría sus brazos para celebrar su victoria en los 1.500 metros ha pasado a la historia como uno de los grandes momentos de la historia del atletismo español. Ese momento, el oro olímpico de Cacho, resume lo bien que le fue a España en 1992. Sin menospreciar las otras veintiuna medallas restantes logradas por la delegación española. 

Los seis oros de Vitaly Scherbo en Barcelona 1992. Gimnasia.

Vitaly Scherbo fue el principal protagonista de los Juegos de 1992. Se convirtió en el primer gimnasta capaz de ganar seis medallas en unos Juegos Olímpicos. Solo comparable a las siete del nadador Mark Spitz en Múnich 1972 y a las ocho logradas por el también nadador Michael Phelps en Pekín 2008. Scherbo ganó cuatro de las seis medallas en un solo día. En eso sigue siendo único y probablemente lo seguirá siendo en el futuro. Sus seis oros llegaron en equipos, individual, paralelas, salto, anillas y caballo con arcos. 


El oro de Gervasio Deferr en Atenas 2004. Gimnasia.

Gervasio Deferr había sido campeón olímpico de salto en Sidney 2000. Quería repetir título en Atenas 2004. Y lo logró. No fue fácil. Sus saltos en la final fueron espectaculares. Pero el rumano Marian Dragulescu lo bordó en el primero. Una caída en el segundo le dio la victoria al mejor gimnasta español de la historia. El oro de Atenas confirmó a Deferr como uno de los mejores deportistas olímpicos españoles de siempre. Un oro inolvidable, para la posteridad. 

Los récords de Bolt en Pekín 2008. Atletismo.

Lo conseguido por el atleta jamaicano Usain Bolt en Pekín 2008 lo recordaremos toda la vida. Ganó los 100 y los 200 metros lisos con una superioridad aplastante. Sobre todo los 100 metros donde aventajó en varios metros a sus rivales. Batió dos récords mundiales que se encargaría de superar él mismo un año más tarde. En los 100 metros dejó la plusmarca en 9 segundos y 69 centésimas. En los 200 la rebajó hasta los 19 segundos y 30 centésimas. De otro planeta. 

 

Los ocho oros de Phelps en Pekín 2008. Natación.

Los Juegos de Pekín 2008 tuvieron dos claros protagonistas. Además de Usain Bolt y sus récords, Michael Phelps. El nadador estadounidense llegaba a Pekín con un objetivo muy claro, superar los siete oros ganados por Mark Spitz en Múnich 1972. Lo logró. Con sufrimiento en algunas de las pruebas y con la ayuda de sus compañeros del equipo americano. Pero ganar ocho oros en unos Juegos Olímpicos es un récord que solo le pertenece a él. Posiblemente nunca más se repetirá una gesta semejante. 

El oro de Mireia Belmonte en Río 2016. Natación. 

Llegó tras el esfuerzo de muchos años. Después de pasar miles de horas nadando. Tras mucho esfuerzo y dedicación. El día soñado por Mireia Belmonte fue el 10 de agosto de 2016. Muchos españoles trasnochamos para verla ganar el oro olímpico en los 200 metros mariposa. Sufrimos hasta la última brazada. El oro llegó por solo tres centésimas. Pero llegó, que es lo importante. Será difícil que volvamos a vivir algo parecido. 

Los cuatro oros de Simone Biles en Río 2016. Gimnasia. 

Fue la estrella de la gimnasia artística en Río 2016. Ganó cuatro medallas de oro, como Latynina en 1956. La atleta estadounidense Simone Biles demostró que es una de las más grandes de siempre. Se impuso en salto, suelo, en el concurso individual y por equipos. Todos los focos, todo el protagonismo fue para ella. Podría haber firmado un oro más, pero se tuvo que conformar con el bronce en la barra de equilibrio.

Larisa Latynina, la reina de los Juegos

Es la reina indiscutible de los Juegos, la mujer que más veces ha subido a un podio olímpico. Larisa Latynina (Jersón, Ucrania, 27 de diciembre de 1934) fue la deportista con más medallas olímpicas hasta Londres 2012. El nadador estadounidense, Michael Phelps, superó las dieciocho medallas de la gimnasta rusa en la capital inglesa. Latynina se colgó nueve oros, cinco platas y cuatro bronces en tres Juegos Olímpicos: Melbourne 1956, Roma 1960 y Tokio 1964. Phelps se retiró en Río 2016 con veintiocho metales siendo líder absoluto. La segunda en la clasificación es Latynina. Y parece complicado que le bajen de ese segundo puesto en el futuro. En el ránking de medallas olímpicas individuales aparecen los mismos protagonistas en las dos primeras posiciones. Phelps ganó dieciséis y Latynina catorce. 

Infancia en medio de la Segunda Guerra Mundial

En una entrevista de Eleonora Giovio en el diario El País, recordó su infancia en plena Segunda Guerra Mundial. Dijo Latynina que vivió cosas horribles: “recuerdo los sótanos a los que teníamos que ir corriendo a escondernos cuando había bombardeos”. Su padre murió durante el conflicto. “Fue muy duro cuando mi madre y yo recibimos la noticia de que había caído cerca de Stalingrado” dijo a Jesús Mínguez del diario As. 

Latynina comenzó a practicar ballet a los 11 años. No debutó en la gimnasia hasta la adolescencia e hizo su debut internacional en el Mundial de 1954. Acabó en decimocuarto lugar. Dos años después todo cambió para siempre. 

De Melbourne a Tokio

A los veintiún años, Latynina hizo su debut olímpico en los Juegos de Melbourne de 1956. Arrasó con seis metales, cuatro oros (general individual, equipos, suelo y salto), una plata (barras asimétricas) y un bronce (aparatos por equipos). Evidentemente fue la reina de aquellos Juegos junto a Ágnes Keleti. La gimnasta húngara también ganó seis metales en Melbourne. 

En mitad de aquel ciclo olímpico, en 1958, descubre que está embarazada y compite en los Mundiales de Moscú. Solo lo sabía su ginecólogo, que la dejó participar. Ganó cinco oros y una plata. A lo largo de su carrera deportiva sumó trece medallas en Campeonatos del Mundo: ocho oros, cuatro platas y un bronce. 

Seis medallas multiplicadas por tres

En los Juegos de Roma de 1960, Latynina repitió el número de medallas de cuatro años atrás. Defendió su título completo individual, ganó otra medalla de oro por equipos y en suelo. Ganó dos platas en asimétricas y en la barra de equilibrio. Fue bronce en la prueba de salto. Latynina alcanzaba así doce medallas (siete oros) en dos Juegos Olímpicos, una auténtica burrada. Igualó al líder de la clasificación por aquel entonces, el atleta Paavo Nurmi subió doce veces al podio olímpico entre 1920 y 1928. 

Cuatro años más tarde llegaron los Juegos de Tokio 1964. Como no podía ser de otra manera, Latynina volvió a colgarse otras seis medallas más. Esta vez “solo” pudo ganar dos oros. Los logró en suelo y en el concurso general por equipos. En el individual fue subcampeona olímpica, al igual que en salto. Fue medalla de bronce en la barra de equilibrio y en asimétricas. 

En el club de los ganadores de nueve medallas de oro

Latynina es una de los cinco atletas que han ganado al menos nueve medallas de oro en unos Juegos Olímpicos. Durante cuarenta y ocho años, desde Tokio 1964 a Londres 2012 tuvo el récord de medallas olímpicas. Es curioso que hasta 1978, catorce años después de establecerlo, no tenía ni idea de la plusmarca. Un reportero checo le enseñó un recorte con el ránking y Latynina fue consciente. En sus tres participaciones olímpicas fue capaz de ganar al menos dos oros. 

El día que Phelps le superó, la reina de los Juegos estaba en la piscina de Londres 2012. La medalla diecinueve del nadador americano llegó en el 4×200 metros libre. 

Larisa Latynina se retiró en el Mundial de Dortmund celebrado en 1966 a los 32 años. Se graduó en Educación Física y dirigió al equipo nacional ruso en México 1968, Múnich 1972 y Montreal 1976. Sus pupilas ganaron diez medallas de oro.»Fui muy patriota. Mi gimnasia no me pertenecía sólo a mí, también era de mi tierra soviética y de toda su gente» dijo Latynina. Fue galardonada con la Orden Olímpica, la mayor distinción del COI, en 1989.

 

Fotos: olympic.org

Simone “Gold” Biles para la eternidad


La reina de la gimnasia artística ya es la mejor gimnasta de siempre. Simone Arianne Biles (Columbus, Ohio; 14 de marzo de 1997) ha sumado cinco medallas de oro más a un palmarés excepcional y ha situado el récord de medallas mundiales en 25. Una auténtica barbaridad. Veinticinco medallas en seis años. Diecinueve oros, tres platas y tres bronces para la eternidad. En Stuttgart ha cerrado su palmarés en Campeonatos del Mundo. La intención de la chica de oro, Simone “Gold” Biles, es retirarse tras los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Tendrá solo 23 años y dejará un legado inmenso a los gimnastas que vengan detrás.
Cuando parecía que era imposible hacerlo mejor que en Mundiales anteriores, la gimnasta americana se ha superado a sí misma y ha sumado más oros que nunca. El Pabellón Hanns Martin Schleyer de Stuttgart ha sido su último lugar conquistado. Cinco medallas de oro. Con el invencible equipo estadounidense, en la general individual, suelo, salto y barra. La mejor en todos los Mundiales en los que ha participado. Superando a Vitaly Scherbo que había logrado 23.


Debemos sentirnos satisfechos. En el futuro podremos decir aquello de “yo vi competir y ganar medallas a Simone Biles”. La cuatro veces campeona olímpica ha revolucionado la gimnasia artística desde que comenzó a ganar en aquel Mundial de Amberes celebrado en 2013. Cinco veces campeona mundial en la general individual en sus cinco participaciones mundialistas. El japonés Uchimura logró seis oros absolutos. Será el récord que ni siquiera podrá igualar Biles. A no ser que cambie de opinión después de los Juegos de Tokio y decida participar en el Mundial de Copenhague de octubre de 2021.

Mejor que en Río 2016

En el Mundial de Stuttgart 2019 ha ganado medallas en las mismas pruebas que en los Juegos de Río 2016, su única participación olímpica. Allí logró cuatro oros y un bronce. En Alemania ha conseguido mejorar el bronce en barra y lo ha convertido en oro.


Imbatible en suelo. Desde 2013 nadie ha podido con ella. Cinco oros mundiales y uno olímpico. Su potencia, su fuerza y sus acrobacias imposibles en el aire la hacen única e invencible en la prueba. Dos triples-dobles que solo hace ella y que nos dejan a todos con la boca abierta cada vez que los ejecuta.


En salto no le ha ido tampoco nada mal. Fue subcampeona mundial en 2013 y 2014. En 2015 se colgó la medalla de bronce. Pero desde los Juegos de Río hasta el Mundial de Stuttgart ha sumado tres oros. Hay que recordar que en 2017 no compitió en el Campeonato del Mundo de Montreal, porque se tomó un año de descanso tras asombrar en los Juegos Olímpicos de 2016.

Que no se vaya nunca

Nadie quiere que Simone Biles se marche. Es un espectáculo verla competir. La humildad en sus declaraciones sin darse ni pizca de importancia hacen aún más grande a esta mujer que mide menos de metro y medio. Se marchará de la gimnasia como la mejor de todos los tiempos. Solo le falta la traca final en Tokio 2020. Todo está preparado para que ella sea la principal protagonista. Si gana cuatro medallas en la capital japonesa, también será la máxima medallista de la gimnasia artística. Ahora suma treinta medallas mundiales y olímpicas. Scherbo y Latynina consiguieron treinta y tres y treinta y dos respectivamente. Única, irrepetible. Eterna Simone “Gold” Biles.


Fotos: Getty Images

El día más grande de la gimnasia española

Los lunes. Ay, los lunes. El día de la semana que menos gusta a la mayoría de la gente. Pero aquel 23 de agosto de 2004 lo tenemos que recordar con una sonrisa y también con lágrimas de alegría. La gimnasia artística española vivió la jornada más importante de su historia. Día grande en el que se sumaron dos medallas olímpicas en los Juegos de Atenas. Gervasio Deferr en salto y Patricia Moreno en suelo ganaron un oro y un bronce para recordar. Dos medallas españolas en gimnasia. Lo nunca visto. Un éxito sin precedentes para nuestra país en uno de los deportes olímpicos más destacados junto al atletismo y la natación. 


Oro y diploma en Atenas 2004

Gervasio Deferr (7 de noviembre 1980, Premiá de Mar, Barcelona) llegaba a Atenas falto de preparación debido a varias lesiones que le acompañaron en el camino olímpico. A medio año de los Juegos, pasó de no poder entrenar a hacerlo siete horas diarias. Deferr ya había sido campeón olímpico en salto en Sidney 2000. 

Un día antes de la final de salto, se quedo a las puertas del podio en suelo. «No me han ganado la medalla, la he perdido yo, y eso es lo que más me duele» dijo al quedar cuarto. «He tenido dos errores que me han dejado sin podio, pero así es este deporte, en 60 segundos te lo juegas todo».  La diferencia entre los medallistas y el gimnasta español fue muy pequeña. Ganó el canadiense Shewfelt con 9,787. Fue plata el rumano Dragulescu con la misma puntuación. El bronce se lo colgó el búlgaro Jovtchev con 9,775 y Deferr hizo 9,712.

El primer oro para España

España llegaba al lunes 23 de agosto con siete medallas, ninguna de oro. Gervi llega a la final de salto enrabietado por el cuarto puesto del día anterior. Cambió el medallero tras hacer dos saltos enormes. El segundo casi perfecto.

El primer salto fue muy bueno: 9,687. El segundo mejor aún. Lo clava y le puntúan con 9,787. Un salto histórico. Con una puntuación total de 9,737 tras dos saltos de dificultad 9.90 se coloca en primera posición. La plata está asegurada para el español. Faltan dos saltos, los del Marian Dragulescu.

El gimnasta rumano hace un primer salto perfecto, pero en el segundo se sale de la colchoneta y le da el segundo oro olímpico consecutivo en salto a Gervasio Deferr. Otro día para recordar. «Se lo dedico a toda España, menos a los grandes jefazos». «Estoy feliz, pero me podía haber ido de aquí con más, con dos oros». «Esta medalla no tiene rencor ni mala baba, solo trabajo». Gervi se convertía así en el tercer español que conseguía dos oros olímpicos, entraba en el club de los bicampeones junto a los regatistas Luis Doreste y Theresa Zabell. Dragulescu fue bronce y el letón Sapronenko se colgó la medalla de plata. 

Deferr también le dedicó su segundo oro olímpico a su hermano, fallecido el 25 de abril de aquel año. En medio de la preparación olímpica. «Lo de hoy ha costado las lágrimas de ayer. Una de cal y otra de arena, pero espero que a partir de ahora todo vaya bien» le dijo a su padre por teléfono tras colgarse la medalla. 

Una medalla ganada desde la humildad

Patricia Moreno (7 de enero de 1988, Madrid) llegaba a Atenas 2004 con el pensamiento de hacer un buen papel. Nadie la tenía en las quinielas por las medallas. Llegaba a los Juegos como la única gimnasta que había realizado una triple pirueta y media en la competición internacional de suelo. 

Moreno era la más joven de las participantes. 16 años, 1,45m y 34 kilos de peso. Todos los ojos miraban a Elena Gómez (oro mundial en 2002 y bronce en 2003), que no pudo llegar a la final de suelo por culpa de los jueces. Moreno sí llegó y se convirtió en la primera (y hasta hoy última) gimnasta española en ganar una medalla olímpica. Un bronce inolvidable que llegó gracias al desparpajo de la madrileña. Un bronce por sorpresa. Del suelo al cielo del podio en un abrir y cerrar de ojos. 

Patricia no falló

Las favoritas fallaron y Moreno no. La máxima candidata al oro, la brasileña Daiane Dos Santos, perdió la medalla al comienzo de su ejercicio saliéndose del tapiz. Moreno enlazó tres grandes diagonales y sumó 9,487 que le valieron el tercer lugar. La rumana Ponor se hizo con el oro gracias a sus 9,750. La plata también se fue para Rumanía. Sofronie alcanzó los 9,562. 

«Siento mucha felicidad, me he sentido muy a gusto». «Nunca había estado en una gran final y de repente verme en una olímpica ya era un premio para mí». «Yo estaba muy tranquila porque no tenía nada que perder y sí mucho que ganar». Dijo la gimnasta española tras ganar el bronce. 

«Me queda mucho por mejorar». «Desde pequeña el suelo es el aparato que más me gusta, pero creo que puedo ser bastante completa». Patricia Moreno fue la primera mujer española en ganar una medalla olímpica en gimnasia artística. Un bronce para la eternidad. 


Fotos: AFP, AP, EFE

Imágenes míticas de la historia del deporte: Kerri Strug en Atlanta 1996

Todo por el oro. Así podría titularse la historia de Kerri Strug, una auténtica heroína de la gimnasia artística. En los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 dejó al público con la boca abierta, se la jugó y ganó. Un momento olímpico memorable.

23 de julio de 1996. Se está celebrando la final femenina por equipos de gimnasia artística. Estados Unidos llega al Georgia Dome de Atlanta, con opciones de ganar el oro. Nunca lo había logrado. Siempre la URSS o Rumanía se habían impuesto a las gimnastas estadounidenses.

El equipo americano entrenado por el descubridor de Nadia Comaneci, Bela Karoly, llegó a la última rotación con muy poco margen. Les tocaba la prueba de salto y no podían fallar si querían hacer historia. Dominique Moceanu tuvo dos saltos fallidos. La elegida para saltar en último lugar era Kerri Strug, una mujer de tan solo dieciocho años, nacida en Tucson (Arizona), inteligente, con un historial académico magnífico y con ganas de entrar en la Universidad de California.

Las siete magníficas

Se trata de un momento de máxima tensión, de una intensidad brutal. Estados Unidos se la juega en casa. Si quiere ganar el oro, Strug no puede cometer ningún fallo. Todas las medallas en grandes competiciones las había conseguido con el equipo. Plata en los Mundiales de 1991 y 1994, bronce en el de 1995. Bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. La responsabilidad es muy grande. 30.000 personas pendientes de ella en el pabellón y el mundo entero mirándolo por televisión. La oportunidad de oro para “Las 7 magníficas”. Así fue como llamaron al equipo americano formado por Kerri Strug, Shannon Miller, Dominique Moceanu, Dominique Dawes, Amy Chow, Amanda Borden, y Jaycie Phelps. Todas ellas con edades comprendidas entre los 14 y los 19 años.

Un salto memorable

Llega la hora. Kerri Strug estira los brazos. Suspira antes de comenzar a correr hacia el potro. El público aplaude a rabiar. Saben que Estados Unidos se la está jugando. Strug hace un gran salto (Yurchenko), pero se cae de culo en la colchoneta. Se ha hecho daño. Cojea. Tiene lesionado el tobillo izquierdo. El seleccionador Karoly le dice “You can do it” (puedes hacerlo). Los jueces le dan una puntuación de 9.162.

Strug sigue probando su tobillo, mientras se acerca de nuevo a la posición de salida para realizar el segundo salto. Todo el mundo pendiente. Strug corre hacia el aparato y vuelve a hacer un Yurchenko sensacional. La caída esta vez es fantástica. El dolor es cada vez mayor, nadie sabe lo que durará la lesión, pero el oro está conseguido. Fue un segundo salto memorable. 9.712 de puntuación. La gimnasta americana se arrastra de rodillas sobre la colchoneta porque no puede más, la lesión en el tobillo le impide apoyar el pie.

Pide que la lleven al hospital. Pero le dicen que espere a recibir la medalla. “Lloré de alegría y de dolor” dijo Strug, que subió al podio con una escayola provisional. “En mis 35 años como entrenador, nunca he visto un momento así” dijo Karoly que la llevó en brazos en la vuelta de honor. Fue una auténtica heroína. Gracias a su esfuerzo y a su perseverancia, Estados Unidos se colgó el oro olímpico. Después de aquel primer puesto, las gimnasta americanas no volvieron a subir a lo más alto del podio hasta los Juegos de Londres 2012. Eso sí, después repitieron en Río 2016.

 

FOTOS: Sports Illustrated

Imágenes míticas de la historia del deporte: el 10 de Nadia Comaneci

18 de julio de 1976. Se están celebrando los Juegos Olímpicos de Montreal. El Forum de la ciudad canadiense acoge la competición de gimnasia artística. Ese día y en ese lugar, una gimnasta rumana, llamada Nadia Comaneci, consiguió algo increíble en la prueba de barras asimétricas. Un 10 enorme, la perfección, algo que nadie había hecho hasta ese momento, historia de la gimnasia, del deporte y de los Juegos Olímpicos de una tacada.

Nadia Comaneci llegaba a Montreal como una de las grandes favoritas para conquistar las medallas. El año anterior había ganado cuatro oros y una plata en el Campeonato de Europa celebrado en Skien (Noruega). Comaneci tenía 14 años, medía poco más de metro y medio y pesaba unos 40 kilos. Nacida en Onesti (Rumanía)  y de orígenes humildes, en Montreal logró lo que nadie había logrado antes. Un 10 para el que el marcador electrónico no estaba preparado. Solo lo estaba para puntuar 9.99. De hecho, cuando la gimnasta rumana terminó su ejercicio, marcaba 1.00.

Los marcadores no estaban preparados para la perfección

La foto de la Agencia EFE lo corrobora. En una entrevista a Reuters, Comaneci contó años más tarde de su 10: “Cuando hice el ejercicio de paralelas pensé que había hecho un muy buen ejercicio, pero no perfecto”. Además dijo que ni miró el marcador para ver la nota, porque ya estaba pensando en la barra de equilibrio. Acto seguido oyó un gran estruendo en el pabellón, se giró y vió el número 73, su dorsal y después el 1.00 debajo. Miró a sus compañeras rumanas y no entendían lo que estaba sucediendo. Enseguida la megafonía resolvió el misterio anunciando que la nota era un 10.00. El público aplaudió a rabiar y Nadia Comaneci se convertía en campeona olímpica. “El 10 no era mi objetivo, era muy joven y no fui consciente de lo que suponía” declaró la gimnasta años después.

No contenta con la proeza sumó otros 6 dieces más, menos mal que la noche del primer diez, expertos informáticos, se pusieron a trabajar en cambiar los marcadores. Fue la heroína de Montreal, llegó como promesa y salió como reina, cambiando la gimnasia artística para siempre con un récord perfecto. Además de su oro en asimétricas, ganó la general individual y la barra de equilibrio. Fue plata con el equipo rumano y se colgó la medalla de bronce en suelo.

Cuatro años más tarde en los Juegos de Moscú 1980 sumó otras cuatro medallas más. Dos oros en barra de equilibrio y suelo y dos platas en la general individual y por equipos. Comaneci cerró su experiencia olímpica en la capital rusa. En total, nueve metales olímpicos: cinco oros, tres platas y un bronce. Además consiguió cuatro medallas en Campeonatos del Mundo y doce en Campeonatos de Europa.

 

FOTOS: EFE, AP, GETTY

Las tres medallas olímpicas de Gervasio Deferr

El 7 de noviembre de 1980 en Premiá de Mar (Barcelona) llegó al mundo Gervasio Deferr, uno de los mejores deportistas españoles de la historia. Fue campeón olímpico, mundial y europeo. Gervasio siempre estaba cuando se le esperaba. Llenó de gloría la gimnasia artística española en 3 Juegos Olímpicos consecutivos para formar parte de los elegidos, de las leyendas del deporte. A pesar de que su mejor prueba era el suelo, donde consiguió mejores resultados fue en salto.

Comenzó a practicar la gimnasia a los cinco años. Quedaban siete para los Juegos de Barcelona. La elección de la ciudad catalana como sede olímpica hizo que comenzara a ver más allá y a prepararse para un futuro que fue genial. En 1999 fue plata en el Mundial de Tianjin. Un año después repitió metal en Bremen, en el Campeonato de Europa.

 

25 de septiembre de 2000. Llega la primera gran oportunidad. Solo tiene diecinueve años. Nada que perder. Mucho que ganar. Nueve días antes, llegó como uno de los favoritos a la prueba de suelo y se quedó con la miel en los labios, no pudiendo entrar en la final. Antes de la final de salto, había seguido el mismo ritual de siempre: ducha fría antes de competir. Cuenta Deferr que antes de la final tenía muchísima confianza. Saltó y cuando notó los pies en el suelo se agarró con ellos tanto como pudo. No sabía si ganaría, pero sabía que iba a salir bien. Y salió muy bien. Nadie saltó mejor que él. Salto de oro. Olímpico. La cima a los diecinueve.

Dos saltos sensacionales: el primero 9,800, el segundo 9,625. 9,712 en total. Simplemente genial. La plata fue para el ruso Bondarenko y el bronce para el polaco Balnik. Gervasio Deferr inauguraba su medallero olímpico cubierto de oro.

La siguiente cita olímpica fue en Atenas 2004. La preparación fue muy corta debido a varias lesiones. A falta de seis meses para el comienzo de la competición, Deferr comienza a entrenar. Pasó de no poder hacerlo a siete horas diarias. En esta ocasión las finales de suelo y salto van en días consecutivos, no como cuatro años atrás en Sidney. El 22 de agosto es la de suelo. De nuevo, decepción para Gervi. «No me han ganado, la medalla la he perdido yo, y eso es lo que más me duele». «He tenido dos errores que me han dejado sin podio, pero así es este deporte, en sesenta segundos te lo juegas todo». Deferr queda cuarto (diploma olímpico) a solo 63 centésimas del bronce, cuando tenía el oro en la mano.

 

Al día siguiente le despertaron por si quería ir a entrenar antes de la final de salto. Prefirió descansar y presentarse tal y como estaba. Llegó enrabietado por el cuarto puesto del día anterior. El primer salto es muy bueno, la puntuación es 9,687. El segundo salto es mucho mejor, lo clava, 9,787. Un salto para la historia. Con una puntuación total de 9,737 tras dos saltos de dificultad 9.90 se coloca en primera posición. Solo falta por salir el rumano Marian Dragulescu. La medalla de plata está asegurada para el español.

Dragulescu hace un primer salto perfecto, pero en el segundo se sale de la colchoneta y le da el segundo oro olímpico consecutivo en salto a Gervasio Deferr. Otro día para recordar. «Se lo dedico a toda España, menos a los grandes jefazos». «Estoy feliz, pero me podía haber ido de aquí con más, con dos oros». «Esta medalla no tiene rencor ni mala baba, solo trabajo». Gervi se convirtió aquel 23 de agosto de 2004 en el tercer español que conseguía dos oros olímpicos, entraba en el club de los bicampeones junto a los regatistas Luis Doreste y Theresa Zabell. Dragulescu fue finalmente bronce y la plata fue para el letón Sapronenko.

https://www.dailymotion.com/video/x2mtz5q

En 2007, fue plata en el Mundial de Stuttgart, esta vez en suelo. Un año más tarde llegó una nueva oportunidad olímpica. A la tercera fue la vencida. Por fin logró su medalla olímpica en suelo. El tercer metal en tres Juegos Olímpicos, algo al alcance de muy pocos deportistas. Aquel 17 de agosto de 2008 en Pekín, Gervi Deferr curaba las heridas de Sidney y Atenas donde llegaba como uno de los favoritos en suelo. Solo el chino Zou Kai lo hizo mejor que él, o mejor dicho arriesgó más que el español. Una puntuación de 15,775 que valió una medalla de plata. El chino alcanzó 16,050. «Me ha parecido que han puntuado un poco alto al chino, pero yo no he hecho mejor ejercicio que él».

Las medallas de oro se las tatuó para siempre en sus piernas. El de 2000 en la derecha, el de 2004 en la izquierda. Lástima que en 2008 se quedará a muy poco de ser tricampeón olímpico. En el libro “Ser Olímpico” de Ferrán Martínez Alonso, Deferr dice : “Si pudiera estar toda mi vida siendo un deportista de 25 años para poder estar en 15 Juegos Olímpicos, lo firmaba ya. Porque es una maravilla y si encima ganas ni te cuento. Ser olímpico es lo mejor que me ha pasado en la vida.” Gervi, tus tres medallas olímpicas son de lo mejor que nos ha pasado a los que amamos el deporte. Será muy difícil que salga otro gimnasta como él.